SOFISMAS DE OCASIÓN 13 DE FEBRERO


 

 

¡Sinaloa chingón!, y el PRI… más chingón



Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

 

El tablón y el templete sacan el monstruo más obtuso y retrógrada de la política y los políticos en México. Las perores declaraciones y estupideces surgen de los discursos incendiarios de los mítines de campaña. Parece que la bestia que llevamos dentro se libera cuando se tiene un micrófono en mano y algunas decenas de seguidores que escuchan a lo que, eufemísticamente, se le llaman arengas (idioteces diríamos los que no toleramos lo políticamente correcto).

 

Los PRIietos de MORENA ya no aPRIetan, es la nueva visión de Estado del dirigente del PRI (y mala imitación de Clavillazo). Fue una joya de oratoria que el país esperaba con ansias para encontrar rumbo en medio de las campañas más vacías de las que se tenga registro.

 

En Sinaloa no necesitamos de esas tonterías. Somos bien chingones.  Mario Zamora, en su cierre de precampaña para el Senado de la República fue poseído por el espíritu de Cicerón y nos regaló una pieza de retórica digna de aparecer en el catálogo más encumbrado de los manuales de discurso político del estado: “José A. Meade quiere hacer de México un país chingón; tenemos un gobernador chingón… en Sinaloa somos pura gente chingona”.

 

Octavio Paz ya explicó con mucha claridad la epistemología y etimología de la chingada como base de nuestra filosofía de lo cotidiano para el mexicano; sin embargo, el conocer las derivaciones semánticas de las chingonadas endémicas es un reto para comprender la visión de Estado de nuestros amigos priistas.

 

Tenemos que ser chingones para imponernos sobre los demás. Un gobernador y un sinaloense chingón debe imponer su ley… ¡Faltaba más! La conciliación, el dialogo, el obedecer, la disciplina, el bien común son características de los blandengues. Nosotros, los sinaloenses, no aceptamos ser chingados… pero cómo nos gustan las chingaderas.

 

Muchos dicen que las arengas para eso son: para prender a la gayola y arrancar el instinto más primitivo de su humanidad. Algunos pensamos diferente. Los grandes estadistas no reducen al ser humano apelando a sus instintos de simios primitivos; el buen político busca, con sus palabras, sacar lo mejor del espíritu humano, conmover y mover a las almas de los ciudadanos que quieren, despernadamente, creer en algo o en alguien o simplemente compartir una pequeña coincidencia para sentirse parte de algo más grande a uno mismo.

 

Años, décadas y siglos después siguen retumbado en nuestros oídos los discursos de Julio Cesar, Mandela, Kennedy, Churchill, Martin L. King, Roosvelt, etcétera. Seguramente ellos no pensaban en ser chingones, pensaban en compartir su visón a quien quisiera seguirlos; por eso… son chingones.

 

Por lo pronto, en Sinaloa, queremos a puros chingones. A puros chingones en sus camionetas inmensas, chingones con pistolas fajadas, protagonistas chingones de corridos…. Y lo más importante de todo: Políticos chingones… no importa que se chinguen a los demás.

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