SOFISMAS DE OCASIÓN 19 DE DICIEMBRE


Culiacán, Sinaloa 18 de diciembre de 2017

 

Nos van a cocinar como a las Ranas


Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

 

La mayoría hemos leído o escuchado lo que pasa con las ranas en agua hirviendo. Cuando pones a una rana en un recipiente de agua hirviendo, esta salta de inmediato y huye despavorida, pero, si introduces a la rana en un recipiente en agua templada y poco a poco viertes agua cada más caliente hasta llegar a temperaturas de ebullición, la rana se queda quieta y acepta su destino: queda cocinada sin lucha alguna. Esto nos va a pasar a nosotros.

 

La semana pasada ocurrieron tres sucesos que nos pone en la antesala del camino a los grilletes figurados y físicos por el simple hecho de expresar ideas. La obsesión del control total y absoluto, que creímos superados al inicio de este Siglo, vuelve a aparecer, con otro forro, pero no deja de ser el mismo saco. Ninguno de estos tres sucesos nos va a privar de nuestras libertades a primera vista. Si fuera así, hubiéramos brincado como las ranas. En lugar de eso nos están llenando poco a poco de agua caliente y cundo menos pensemos seremos ranas cocinadas.

 

En primera instancia tuvimos la aprobación de la Ley de Seguridad Interior. Estoy convencido que el ejército necesita protección legal y jurídica para estar en las calles. Los delincuentes nos tienen rodeados y hasta hoy, el ejercito es el único que les puede hacer frente (los gobernadores hacen como que la virgen les habla o, de plano, algunos, hablan directamente con el crimen), pero si la ONU y el la CNDH están en contra de la aprobación de esta ley es que algo raro ha de tener. Mientras en las democracias modernas cada vez se diluye más el poder del presidencialismo, con esta ley otorgamos poderes tentadores al presidente. Tampoco soy de los paranoicos que considera que este gobierno va a utilizar esos poderes para reprimir al pueblo o robarse las elecciones, pero, bajo el pretexto de la seguridad interior, un presidente en el futuro puede utilizar esas atribuciones para presionar a gobernadores o suplantarlos.

 

Días después el Congreso de la Unión aprobó una modificación al artículo 1916 del Código Civil donde se prohíbe publicar cualquier cosa, sea verdadera o no, y que atente contra la dignidad de las personas, en cualquier medio tradicional o electrónico. “La moralidad” y la dignidad tienen muchas connotaciones, pero lo más preocupante es que castigan el concepto de veracidad. Decir la verdad también estará prohibido. Entiendo el trasfondo de la ley. Quieren evitar publicaciones personales en redes sociales y desterrar los chismes baratos de las redes, pero una sociedad corriente, vulgar, grosera y morbosa es preferible que una sociedad con su derecho a expresarse en manos de jueces o censores defensores de las “buenas costumbres”. De nuevo somos ranas cocinándonos despacio.

 

Para mi gusto la peor noticia que recibimos la semana pasada fue el fin de la neutralidad del internet. El internet como lo conocemos llegó a su fin. A partir de los próximos años las compañías proveedoras de servicios de internet van a decidir que sitio de internet puede ser bloqueado, reducido o desaparecido de sus servidores. Servicios como youtube, Netflix, Facebook y Google tendrán cargos extras en sus recibos de internet y les podrán cobrar por la cantidad de megas que utilizan para navegar por WIFI. Los nuevos desarrolladores y creativos quedan limitados. Pocos van a querer pagar por utilizar megas en aplicaciones desconocidas. El golpe a la tecnología más revolucionaria que el ser humano ha inventado jamás fue brutal. No lo vamos a notar hoy o mañana. En un par de años sufriremos las consecuencias de nuestro silencio comodino.

Mientras el resto de las profesiones y actividades ven hacía el futuro, son innovadoras, apuestan a la creatividad la política se aferra al pasado y añora las practicas vetustas, pero es curioso, exigimos que nuestros médicos, profesores, mecánicos, artistas, etc. sean modernos y actualizados no decimos nada de nuestros gobernantes y sus prácticas obsoletas. Tal vez, en el fondo, somos felices con el agua hirviendo sobre nuestras cabezas.

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