La familia como componente vital de la sociedad, debe asumir un rol más activo y vinculante en la conducción de los hijos.
10 de junio de 2026.
Democracia y soberanía también es un fenómeno que escapa de lo constitucional para traspolarlo a la familia. La democracia familiar, impone incorporar un sistema basado en organizar el número de hijos y los términos de crianza y desarrollo. Los padres eligen ese tipo de organización, sin que participe el voto ciudadano.

Soberanía familiar, lo constituye el poder que ejercen los padres sobre los hijos y los que deciden con plena libertad el comportamiento, la comunicación y sus relaciones vinculantes en lo interno como en lo externo. Consecuentemente, la familia juega un papel determinante en el orden y la disciplina ciudadana.
¿Observando la norma constitucional en los conceptos de democracia y soberanía, por qué no hacerlos nuestros como familia? Somos parte del estado y autores directos en el nombramiento de nuestros gobernantes a través del voto ciudadano.
Abordo ese tema, por muchas experiencias presenciales en las que los actores son adolescentes en mayoría, jóvenes y niños en muy poco número. Sí, es un principio democrático, que los padres elijan la forma de como informar para educar a sus hijos.
El uso del lenguaje en esa enseñanza debe ser fundamental para se replique en los espacios escolares, sociales, deportivos y otros, por esos muchachos que representan nuestro fortalecimiento social y un futuro más prometedor.

Sin embargo, la realidad es otra muy diferente. El uso del lenguaje, desde edades muy tempranas pasando por la adolescencia y la juventud, en algunos casos hasta en la edad adulta, debe ser motivo de preocupación.
La comunicación se degrada pasando a ser un ingrediente de desorden, amenaza y de conflicto.
El tema en este contenido de opinión, cuenta del uso de un vocabulario corriente y degradante. Lo corriente identifica a un producto de mala calidad o barato. En la familia, sería el muchacho que carece de una educación adecuada y de buenos modales. Lo degradante, identifica a la persona que por sus características pierde respeto y dignidad ante los demás.
Las expresiones vertidas en frases muy ilustradas con adjetivos de hijo de tu p…a ma…e, ver..a por acá y ver…a por allá, son dichas y escuchadas por círculos numerosos de personas a muy temprana edad.

Esos jóvenes no manifiestan el menor respeto de utilizar ese vocabulario en cualquier lugar así haya personas adultas o niñas, niños, hombres o mujeres y cuyas expresiones causan irritación, aunque en la mayoría de los casos toleran para no generar reacciones de coraje y se ocasione algún conflicto.
Ayer, apareció en algunos comentarios en medios de comunicación y en redes por el Coordinador General del Consejo Estatal de Seguridad Pública, que la juventud de hoy, adolece de un buen grado de educación y que son un ingrediente en el problema social que vive Sinaloa y México.
Parece ser que la familia se degrada. Se ha perdido el significado de la responsabilidad que representa formar un hogar o simplemente decidir tener hijos.
Es democrático elegir el número, también lo es si se hace en pareja sin nexos contractuales. Pero es un principio que obliga que, al momento de decidir democrática y soberanamente tener hijos, también asumen desde ese momento la obligación de formarlos adecuadamente y que esa formación sea positivamente vinculante dentro de la familia y en el núcleo social del que se forme parte.
Vigilar que esos compromisos se cumplan es del gobierno, pero para que en el gobierno haya calidad en la vigilancia y en la corrección necesaria, debe comulgar con principios solidos moral y políticamente. El reto es fuerte y el desafío mayor.
¿Usted qué opina?








