AGENDA POLITICA 25 DE SEPTIEMBRE


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= Terremoto del 19-09-17, trágica coincidencia

= Sentimiento de psicosis colectiva en el país

= Vienen dolorosas medidas para los mexicanos

 

Jorge Luis Telles Salazar

 

El temblor del pasado martes 19 causó más de 300 muertes en una zona muy definida de nuestro país; acabó con el raquítico patrimonio de miles de familias – porque las pulgas siempre se reproducen en el perro más flaco – y generó también daños incalculables a la infraestructura en materia de comunicaciones, así como a centenares de bienes públicos, propiedad de los tres niveles de gobierno; especialmente escuelas y hospitales.

Y bueno, más allá de la terrible coincidencia de que este sismo se haya suscitado apenas unas horas después de que México entero recordaba el aniversario número 32 de los trágicos movimientos telúricos del 19 de septiembre de 1985 – en algunos sitios se desarrollaban, en esos momentos, los simulacros de escape y defensa – y de que el del 2017 haya sido apenas un grado menor al de 1985, no hay que perder de vista que apenas a la medianoche (entre el jueves 07 y el viernes 08) se había registrado un terremoto, devastador, en el Sureste de la nación, mismo que también se sintió con gran intensidad en la ciudad capital del suelo azteca.

Precisamente a la hora en la que el avión presidencial (TP-01) estaba por aterrizar en la ciudad de Oaxaca, donde Enrique Peña Nieto supervisaría los avances en el apoyo a damnificados y comenzaría los trabajos de reconstrucción, el jefe del Poder Ejecutivo Federal recibió la información de lo que sucedía en la ciudad de México y ordenó, de inmediato, el regreso de la aeronave a la capital, sin tan siquiera tocar la pista del aeropuerto oaxaqueño.

Media hora después, lo que Peña Nieto observó desde la ventanilla del “Tango Papas 01”, puso en estado de shock al gobierno federal. Ese mismo día, a las 7 horas con 19 minutos, en el zócalo capitalino – cuando apenas comenzaba a amanecer sobre la gran ciudad -, el presidente había izado la bandera nacional a media asta (marcial toque de silencio incluido) – en memoria de las víctimas del temblor de 1985, las cuales oficialmente ascendieron a 10 mil, aunque otras estimaciones las multiplican por cinco, en función del número de desaparecidos. Una buena parte de la ciudad era zona de desastre.

Lamentablemente lo grave no ha pasado todavía y lo peor es que los movimientos telúricos son impredecibles. Siguen los temblores en el centro del país y apenas el del sábado pasado provocaron dos fallecimientos más, ambos por infarto en contra de dos adultos mayores, a causa del pánico causado por las réplicas del sismo. Solo Dios sabe si algún día terminará esta pesadilla en la que viven los capitalinos, sin diferencia alguna entre credo, religión, ideología o estatus social. El temor y la psicosis que hoy persiste por aquellos lugares es un sentimiento generalizado. Un nuevo evento, de intensidad similar a la del 19-09-17 podría adquirir dimensiones espantosas, frente a las fracturas estructurales que presentan un alto número de inmuebles en la llamada megalópolis del Valle de México.

Esto, además de asustar, mueve a la reflexión y hasta a la toma de decisiones fundamentales para la vida misma. Todos, sin excepción, tenemos un familiar, un amigo o un conocido en la CDMX. Incluso, un hijo, un hermano o uno de nuestros padres. Nadie escapa a la factibilidad de una tragedia.

¿Cómo es que pueden vivir en aquella ciudad, que suele replicar las bíblicas siete plagas de Egipto (El Exodo/ Viejo Testamento) nos cuestionamos todos? Se trata, sin embargo, de una pregunta con sentido inexacto porque nadie está exento de un riesgo similar. Las sacudidas que aquí en Sinaloa hemos sentido en los últimos días, nos recuerdan nuestra ubicación geográfica en las inmediaciones de  la la falla de San Andrés (con predicciones apocalípticas) y la calificación que de “zona sísmica” hacen las compañías aseguradoras sobre nuestro Estado, con el consiguiente sobreprecio a las primas correspondientes, al momento de pretender la contratación de una póliza que económicamente proteja nuestras vidas y nuestro patrimonio contra ese letal riesgo que son los temblores de tierra.

Quizás la estadística establezca que las posibilidades sean menores en el Noreste de la República Mexicana y eso reconforta gradualmente, sin dejar de lado la recurrente preocupación; pero volvemos a lo mismo: solo Dios lo sabe.

Por lo pronto, la psicosis ya está aquí. Lo advertimos en los movimientos telúricos de hace unos días: el primero de ellos, casi a la media noche del jueves próximo pasado, que provocó una especie de pánico colectivo (con todo y que se percibió en pocos puntos de Culiacán) y el segundo a media mañana del viernes, que puso a trabajadores del Poder Judicial y Ejecutivo, en la amplia explanada de la Unidad Administrativa. Muchas escuelas, en una medida razonable, habían enviado a los alumnos de regreso a sus casas, ante una posible eventualidad.

Lo cierto es que los temblores de tierra comienzan a ser cada vez más familiares para quienes radicamos en Sinaloa. De hecho por muchos años pasaron inadvertidos; pero ahora, con la utilización de los sismógrafos y las estaciones especializadas de rastreo, sabemos que los sismos son prácticamente cosa de todos los días, aunque la mayoría de ellos no sean percibidos por la población en general. Afortunadamente.

Ahora, en este terrible año de 2017, el sentimiento solidario de la nación mexicana se hace presente a través de la donación de víveres, medicamentos, ropa y otros enseres para el apoyo a los damnificados. La ayuda ha fluido de manera sorprendente y de todos los puntos del país salen cargamentos con destino a las zonas afectadas. Culiacán, en lo particular, no ha sido la excepción. Los puntos de acopio se han multiplicado y en esta tarea no solo se han involucrado las entidades oficiales, sino también un increíble número de particulares, con una sola consigna: tratar de aliviar, en lo posible, la desgracia de los mexicanos que hoy sufren las consecuencias de las fuerzas de la naturaleza.

México se ha unido, de nueva cuenta. No hay duda de ello.

La mala noticia es que la solidaridad de los mexicanos solo constituye un paliativo para el infortunio. El reto grande, el auténtico, el verdadero, lo es la reconstrucción de las zonas dañadas y mucho dudamos de la capacidad, para ello, del gobierno de la República: hay escuelas y hospitales prácticamente en ruinas, a los que se le tiene que meter mano de inmediato. Hay puentes, túneles, tramos carreteros y edificios de servicio público, cuya reconstrucción es también un imperativo y hacia allá se canalizaran los recursos del Fondo Nacional de Desastres, que apenas y si alcanzarán para lo más elemental.

Grave el panorama, sin duda; pero, dentro de este calificativo, hay todavía algo peor: los miles de mexicanos que se quedaron sin hogar y sin empleo y sus hijos sin escuelas. El apoyo solidario de los compatriotas les permitirá, en efecto, sobrevivir por algunos días, en tanto se recuperan del efecto shock que padecen seguramente; pero ¿Qué ocurrirá después?

Con todo y las declaraciones, señalamientos y promesas del presidente Enrique Peña Nieto – como esa de que “en tres meses tendrán su nuevo hogar” -, evidentemente el gobierno de la República carece de recursos para hacerle frente a la magnitud del problema. Cierto, también hay donaciones de gente de otros países y de algunos de nuestros artistas y deportistas que han dado muestras inequívocas de su solidaridad y amor por México; pero no será suficiente para sacar a la gente de la desgracia.

Y ya nos alargamos mucho con el tema, con todo y que estamos lejos de considerarnos especialistas en la materia; pero, a juicio de Agenda Política, la conclusión es la siguiente:

Quienes físicamente estamos a muchos kilómetros de distancia de la zona de la tragedia, debemos hacer conciencia de que, de cualquier modo, también sufriremos los impactos de estos terremotos, así como de las otras fuerzas de la naturaleza que acechan permanentemente a un país ya de por si tan frágil y desprotegido como el nuestro.

Evidentemente el gobierno federal – y con alguna justificación, además – pretenderá contar con los medios para solventar los costos de la reconstrucción y el respaldo a quienes prácticamente lo han perdido todo. Y bueno, sin contar los apoyos económicos de la comunidad financiera internacional, es claro que para ello, solo hay dos caminos a la mano, (ambos dolorosos en extremo) por los cuales necesariamente se transitará en un momento dado:

Uno de ellos, la creación de mecanismos de captación, consistentes en la aplicación de un nuevo impuesto, con la etiqueta de la rehabilitación nacional, así como el alza a los bienes y los servicios prestados por el gobierno de la República.

El otro, la cancelación – al menos temporal – de programas asistenciales y sociales, en detrimento de la misma población; particularmente la de precarios recursos económicos.

Triste; pero es la realidad. ¿O ve, usted, amigo lector, alguna otra solución?

Así las cosas, físicamente estamos lejos de los puntos de conflicto; pero, de algún modo u de otro, todos los mexicanos resentiremos, en un momento dado, la fuerza devastadora de los terremotos de septiembre de 2017. Treinta y dos años después de aquel que marcó, para siempre, el sentimiento de la nación.

Es cuánto.

= ALGO MAS DEL 19-09-17 =

01.- Alberto Camacho García, el coordinador de comunicación social del gobierno del Estado, es especialmente miedoso ante la firme posibilidad – y ahora cada vez más creciente – de experimentar un sismo en la ciudad de México, en lo particular cuando dormimos en el vigésimo piso de uno de los hoteles de Reforma o cuando llevamos a cabo alguna diligencia en una oficina pública y privada, habitualmente en lo más alto del inmueble correspondiente. Con motivo de su actual responsabilidad, los viajes a la capital del país se han multiplicado sustancialmente y la factibilidad del riesgo es mayor, por ende. Ya le tocó: el del martes 19, que lo sorprendió en una ubicación ciertamente frágil ante el fenómeno y que le causó algo más que un susto mayúsculo. Alberto, para tranquilidad de familia y amigos, se comunicó rápidamente y sus palabras retransmitidas a través de Radio Sinaloa: “estoy bien, gracias a Dios; pero esto no se lo deseo a nadie”. Así de elocuente.

02.- Otro amigo, Heriberto Galindo Quiñones, aparece en la crónica de la periodista Martha Anaya, publicada en “El Heraldo de México”, el pasado miércoles 20. Galindo – con quien habíamos comido aquí, el lunes 18, en un restaurant chino – tomaba un café con la experimentada comunicadora en la colonia Condesa de la ciudad de México (una de las zonas más afectadas por cierto), cuando el sismo. Sin rubor alguno, Martha Anaya reseña su estado de pánico ante el derrumbe de algunos inmuebles a su alrededor, así como el respaldo afectivo que le otorgó Heriberto en esos momentos, lo que evitó un estado de shock, propio de la ocasión. Por eso el guamuchilense se convirtió al Cristianismo. Se ha salvado de muchas. Un saludo fraternal Heriberto.

03.- Mi hija Tatiana trabaja en las oficinas centrales de Infonavit, por rumbos del sur de la ciudad. Con doce años de residir en la capital del país y acostumbrada a un sismo tras otro, ya se creía inmune al sentimiento de pánico colectivo que provocan estos fenómenos; pero el del martes pasado fue la excepción. Apenas habían concluido el simulacro de la fecha alusiva, cuando vino el de a deveras, con una intensidad jamás sentida. Rápidamente, por fortuna, se movilizó a una zona segura y desde ahí se comunicó, vía teléfono celular, con el autor de Agenda Política, para mi tranquilidad. Tan luego como terminó la llamada, las diferentes cadenas de televisión nos comenzaron a traer imágenes de la tragedia, mientras un sudor frío recorría mi espalda. Gracias señor.

04.- El 19 de septiembre de 1985, un alto número de sinaloenses perdieron la vida en aquel terremoto; entre ellos, el doctor Alejandro Sánchez – padre del conocido publirrelacionista y mercadólogo, “Canny Sánchez” -; pero muchos de ellos se salvaron por la simple y sencilla razón de que todavía no les tocaba. Entre ellos, algunos políticos de la época, como  Víctor Manuel Gandarilla Carrasco, Adrián González García, Fernando García Félix y los periodistas Leopoldo Avilés Meza y José Caro Medina. En este, de 2017, también hubo sinaloenses fallecidos. Hasta ahora, confirmados, una maestra y su nieta, de Juán José Ríos, municipio de Guasave. Podría haber más casos, sin embargo, de los que nos enteraremos en su oportunidad.

Y:

05.- Junto a su esposa, la señora Rosy Fuentes, el gobernador del Estado, Quirino Ordaz Coppel, dio el banderazo al primer tráiler cargado de víveres, medicamentos, ropa y material de construcción, con destino a una de las zonas afectadas por los sismos. El gobernador del Estado ponderó el espíritu solidario de los sinaloenses y dejó claro que los centros de acopio funcionarán el tiempo que sea necesario, en apoyo a quienes han perdido todo en el centro y sureste del país. Entonces aún es tiempo de donar. Hay que hacerlo lo antes posible, si no lo hemos hecho todavía. La causa lo amerita.

= A TITULO PERSONAL =

A manera de colofón.

La madrugada del miércoles próximo pasado, en un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social en la ciudad de Guadalajara, vino al mundo un hermoso bebé, llamado Santiago Emmanuel.

El nuevo habitante de este convulsionado mundo es primogénito de mi hijo Emmanuel y de su esposa Fernanda. O sea: mi nieto pues.

Emmanuel, titulado como licenciado en Diseño Gráfico en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), vive desde hace doce años en la perla tapatía, tras cursar aquí sus estudios de primaria, secundaria y preparatoria, en el Colegio Sinaloa. Ejerce satisfactoriamente su profesión en la Universidad de Guadalajara, como titular en el área de diseño.

Por allá conoció a Fernanda, de Puebla. Iniciaron una relación que los llevó a una vida en familia y hace menos de una semana estrenaron el grado de padres.

Para quien esto escribe: felicidad, satisfacción y preocupación.

En la actualidad, cuando los dos conyuges deben trabajar para poder gozar de un aceptable nivel de vida, no es tarea fácil la crianza de los hijos; pero, por ahora, la inmensa felicidad de Emmanuel y Fernanda supera sobradamente cualquier otro sentimiento.

Dios los bendiga y haga realidad todos sus sueños.

Y por hoy hasta aquí. Que tenga usted la mejor semana de su vida y que el todopoderoso esrté en sus hogares. Ahora y siempre.

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