AGENDA POLÍTICA: Víctor Díaz y su Sacrificio por Servir a Guamúchil


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Víctor Díaz y su Sacrificio por Servir a Guamúchil

= Connotado científico convertido en ermitaño
= “La vida me dio mucho; quiero regresarle algo”
= “Aquí soy feliz ¿Por qué cambiarlo por dinero?”
= Descanse en paz, el dr. Díaz de la Vega
= Otra vez, incertidumbre y angustia en la UAS

Jorge Luis Telles Salazar

29 de diciembre de 2025.

Le comento a Víctor Manuel Díaz de la Vega:
-Mi “doc”, una vez más, te lo digo: no te entiendo. Tu, el cardiólogo de más prestigio en Sinaloa y a lo mejor hasta de todo el noroeste del país, ex secretario de salud del Estado, con posgrados en Londres y los Estados Unidos y director del área de Cardiología del Hospital Medica Sur de la ciudad de México ¿asentado aquí, como ermitaño, en la ciudad de Guamúchil? Y lo por lo que veo, que es lo peor, sin intenciones de cambiar de planes, al menos, de momento.

Enorme escritorio de por medio, en una de las salas de la Casa del Corazón, en la cabecera municipal de Salvador Alvarado -que él fundó para atender a pacientes de recursos económicos limitados – Víctor sonríe con generosidad, me ve directo a los ojos y contesta con aplomo y seguridad:

-Mi querido Jorge Luis, de nuevo, te lo sostengo: de acuerdo contigo. Yo podría trabajar y vivir muy bien en Culiacán, Guadalajara, Tijuana o la misma ciudad de México; pero si estoy aquí es porque así lo decidí yo, sin presiones de nadie, ni de ninguna naturaleza. Aquí nací hace 72 años y aquí están enterrados mis padres y casi toda mi familia. Afortunadamente cumplí todos mis propósitos profesionales y tengo solvencia económica.

Con eso estoy satisfecho y creo que es momento de regresar algo de lo que la vida me dio. Por eso estoy aquí y no pienso marcharme a ningún lado. Habito este caserón junto a una esposa a la que amo tanto como a esta ciudad. Aquí en Guamúchil soy feliz ¿Por qué quieres moverme a otro lado pues?

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Es un 23 de mayo de 2024 y el doctor Víctor Manuel Díaz de la Vega, nos ha realizado (a mí y a mi esposa Idolina) una auscultación cardiológica de fondo, con la aplicación de tecnología médica de la que carecen, incluso, otros hospitales de carácter privado, que cobran una millonada por una simple consulta médica.

Ya terminaron las interpretaciones de “electros”, “ecos” y quien sabe cuantas cosas más y es momento de hablar de cosas menos complicadas, sin evitar, por supuesto, el tema político que también le apasiona.

“Los dos, están de quince”, nos dice, en cuanto al resultado de los estudios.

-Mira -agrega -: yo aquí despierto en la madrugada y con los primeros rayos de sol, ya voy por todo el boulevard Rosales, rumbo al mercado municipal, en búsqueda de un buen queso, un pescado que acaba de dormir en el mar, pollo del que producimos en Guamuchil y carne de primera calidad, más frutas y verduras naturales, tortillas del comal y pan recién horneado.

En el trayecto, ida y vuelta, saludo a toda la comunidad y así me entero de las últimas novedades de mi pueblo. Regreso a casa; preparamos desayuno y a nuestras responsabilidades: mi esposa a lo administrativo; yo a la consulta, con prioridad a pacientes en situación delicada, sin importarme si trae dinero o no para pagar mis servicios. Así se va el día.

Por la tarde, el relax en nuestra pequeña alberca y por la noche, el descanso, tras un par de copas de buen vino tinto o unas dos cervezas, bien frías. Eso, querido Jorge Luis: no tiene precio. No lo cambio por nada.

La casa del corazón y el Instituto Regional de Cardiologia, se ubican en contra esquina, al poniente de la ciudad de Guamuchil, calle 16 de septiembre de por medio y a solo una cuadra de las vías del ferrocarril, por donde todavía cruzan, sin horarios definidos, los trenes llenos de carga y también de gente que pretende llegar a los Estados Unidos.

La casa del corazón es eso, más que eso: un caserón, cuyo interior es prácticamente un museo familiar: pletórico de fotografías de los Díaz, diplomas, reconocimientos y libros, muchos libros, para todos los gustos.

La casa del Corazón ya creció: hay un área de gediatría, con pacientes de recursos limitados; muchos de ellos en situación de calle, verdaderamente. Llegar a ese sitio, desde cualquier punto de Culiacán, lleva hora y media en automóvil, cuando mucho.

-Si, de acuerdo contigo -le replico -; pero tú, en lo profesional, tienes todavía mucho que dar y aún mucho que vivir. En términos generales, todos aspiramos a eso: a una vejez tranquila (si así nos consideran a quienes ya rebasamos los 70 años de edad), en medio de una situación económica resuelta; pero tu amigo, todavía tienes mucho que aportar. Es más, no te pido mucho: ¡vete para Culiacán!

Y si, de algún modo, el connotado cardiólogo, Víctor Manuel Díaz de la Vega, regresó a Culiacán, la capital de nuestro amado Sinaloa.

Hace un par de semanas, ya con las celebraciones navideñas a plenitud, volvió a Culiacán, a bordo de una ambulancia procedente de Guamuchil, en una situación de salud severamente complicada, tras sufrir un accidente doméstico, en la mera casa del Corazón.

Víctor fue objeto de una atención médica profesional y de calidad; pero los esfuerzos de la ciencia fueron vanos: falleció la tarde del domingo 28 de diciembre, aquí en esta ciudad, escenario de una muy buena parte de sus éxitos profesionales.

Hijo del doctor Alfredo Díaz Angulo y hermano del licenciado Fernando Díaz de la Vega -ambos presidentes municipales de Salvador Alvarado – Víctor también incursionó fugazmente en politica, cuando allá por 1991, el gobernador Francisco Labastida Ochoa lo invitó a hacerse cargo de la secretaría estatal de salud, tras la dimisión del doctor Humberto Gómez Campaña para buscar una diputación federal por el PRI.

Contagiado por el gusanito de la politica, Víctor aportó sus modestos esfuerzos para abrirle camino al doctor Jesús Kumate García, en sus aspiraciones de relevar a Labastida Ochoa en el gobierno del Estado; pero las cosas venían por otro lado y hasta ahí llegó el amigo Víctor, quien, ya en Guamuchil, tuvo ofrecimientos, nunca aceptados, por distintos partidos de oposición.

En lo profesional, carrera impresionante: egresado de la escuela de medicina de la UNAM, estudió la especialidad en el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez” y posgrados en Inglaterra y Estados Unidos; director del área de Cardiología del Hospital Médica Sur; miembro del Colegio Norteamericano de Cardiología (con sede en Estados Unidos) y doctor en Derechos Humanos en la Universidad Castilla de la Mancha, en España.

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¿Qué ya se van? -nos dijo cuando salíamos de la casa del Corazón para viajar de regreso a Culiacán, aquel 23 de mayo, en Guamuchil.
-Si. Ya. Gracias por todo.

-Nada de que ya se van.¡ Se quedan a comer con nosotros! Apenas son las 2 de la tarde.
-Mmm. Aparte de que no me cobras, todavía quieres que te golletee la comida.
-Un placer. Un honor ser tu amigo, querido Jorge Luis.
-El honor es todo mío, mi estimado Víctor.
Descansa en paz.

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Mientras.
Viene otro plazo fatal y de nuevo, dudas, incertidumbre y hasta angustia en el seno de la comunidad universitaria:
-¿Nos pagarán la segunda quincena de diciembre?

Bueno, al anunciar la cobertura del aguinaldo -exclusivamente para el personal sindicalizado – el rector Jesús Madueña fue muy claro al puntualizar que, para ello, se había tomado el recurso inherente para el pago de la gratificación anual.

Fácil entender, entonces, que no hay dinero para cubrir salarios correspondientes a las dos últimas semanas del año, a menos de que Madueña tenga otro as bajo su manga.
Nada se sabe hasta el momento.

Y de nuevo, dudas, incertidumbre y angustias entre los trabajadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Pendientes.

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En tanto.
Será que no tenemos sentido del humor; pero siempre nos ha parecido, simple y sencillamente deleznable esa práctica del periodismo que suele utilizarse el 28 de diciembre de cada año.

O sea: publicar noticias sensacionalistas, en los espacios mas vistos, para hacer la aclaración, leído el texto, al final de la página, en letra apenas legible.

“Inocente palomita, que te dejaste engañar…”
Que poca imaginación.
¡Que poca madre…!

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Y hasta aquí por hoy. Nos vamos ya. Cuídense mucho y Dios los bendiga. Ahora y siempre.

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