Herberto Sinagawa ejemplo de crónica de Sinaloa.


Por las generaciones de sinaloenses sanamente impactados con sus datos y crónicas, una pluma de oro a la memoria de un hombre que encaró la sencillez.


Su muerte entristece al periodismo y crónica de Sinaloa, un gran legado de humanismo y entrega de amor a su tierra.

Manuel Castaños Gutiérrez, José Peña Torres+ y Herberto Sinagawua Montoya+ en el aniversario 40 de Radio Universidad. 8 de octubre de 2011.

Herberto Sinagawa Montoya vivió con una paciencia parsimoniosa, se detenía en el tiempo para hacer regresiones históricas y contar con amenidad los sucesos que enaltecieron la crónica de Sinaloa. Hoy el tiempo se detuvo para honrarlo a él en su partida.

Fue maestro, periodista, historiador, y amenamente cronista; con una pluma que ponía por delante el corazón y luego el dato. Un sinaloense entrañable cuyo legado no se apaga con 88 años caminar sin doblez.

Ser calmado, manso, humilde y persistente fueron sus cartas de presentación en todos los sucesos de su vida. Fue su herencia de carácter forjado en la influencia agraria de la comunidad de La Unión, municipio de Angostura, donde nació en el año de 1930.

Su crónica reventó los moldes ortodoxos de la narración histórica regional, él mismo estaba dentro de la historia, unas veces en forma presencial y otras fuera recreando el sentir de los que fueron antes que él, pero con un rigor metodológico para ser citado como referencia.

Y qué decir del libro “Sinaloa, Agricultura y Desarrollo” (1987) que por modestia no lleva su firma, pero su letra no miente recreando el agrarismo de Sinaloa en nombre de la CAADES.

 

Hijo de Francisca Montoya y del migrante japonés Yokinori Shinagawa, que a su llegada vio en el valle de Angostura una recreación de fertilidad de la vieja Mesopotamia, entre gigantes alamedas, ceibas e higuerales que bordeaban el río Mocorito antes de entregarse al mar.

Por el amor a su tierra, rememorando las andanzas por el camino de El Cachorón escribió: “Angostura: Magia y esplendor” (2002). Le escribió una biografía a el orgullo de Choix, su coetáneo: “José Ángel Espinoza Ferrusquilla, Música de Viento” (2002).

Escribió con un dejo de pesar en sus letras el libro “Rostros y Rastros: Visión diurna del Culiacán que se fue” (2002). Por afecto a la región del Évora también escribió “En el Siglo de Guamúchil 2017”.

Para tributo a la misma región escribió la Biografía de Buenaventura Casal, y la de Pedro Infante. Le escribió una biografía al cronista deportivo “Agustín de Valdez: con el Beisbol en la Sangre (2008).

En la literatura soltó su imaginario escribiendo la novela “El derrumbe del infierno (1991). En un tributo a Mocorito escribió la novela “Lugar de Muertos” (inédita de 2012).

Herberto Sinagawa Montoya estudió contaduría en Culiacán, pero su relación con los números fue más bien para citar las fechas de los momentos históricos y el análisis de datos, pues desde 1955 incursionó en el periodismo llevando sus historias al diario El Sol de Sinaloa, del que posteriormente fue director.

Inquieto se involucró en la redacción del periódico La Palabra, en la fundación de El Diario de Culiacán, introdujo el periodismo en la televisión local con su participación en la televisora del Canal 3 de Culiacán, y trabajó en el periódico Noroeste.

Figuró como cronista de Culiacán, fue integrante de la Fundación Enrique Peña Gutiérrez, participó en asociaciones de periodistas y en la administración pública.

Para los angosturenses que encontramos refugio en las letras y la crónica es un referente digno que con sus formas y sentimientos acuñó moldes en carácter y profesionalismo.

Información: tus buenas noticias digital

crónica de Juan Francisco Sotomayor

 

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