LA AMENAZA DEL HURACÁN Y DE LA INSEGURIDAD. ¿QUE HACER?


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Continúan las manifestaciones de inconformidad por los hechos violentos que no cesan en la entidad y la incapacidad de la autoridad para frenarlos.


Miércoles 13 de octubre de 2021.
Se pierden vidas de jóvenes y otros no tan jóvenes pero sus proyectos se ven truncados ante la ola criminal que no para y no se hace nada para detenerla. Los que se van alistan maletas, pero se las llevan llenas de registros de asuntos sin resolver. Su ineficiencia será el acompañante que no los dejará en paz.

Un gobierno más que se acaba y las condiciones de prosperidad prometidas quedaron en discurso. El voto lo obtuvieron y aseguraron que la inseguridad se desterraría y la impunidad sería castigada. A casi cinco años de distancia, continuamos esperando el exilio de la inseguridad y el entierro de la impunidad.

Leo información periodística en las que encuentro voces de dirigentes empresariales que todavía defienden lo indefendible, cuando piden respeto a la autonomía de la Fiscalía General de Justicia, ante la inminente salida del titular por su marcada incapacidad para dirigir esa dependencia y la ineficiencia para investigar y castigar el crimen.
¿Que la inseguridad que padecemos no debe ser motivo para reprocharle al gobierno su incapacidad para combatirla? Se expiden leyes y se crean órganos encargados para diseñar estrategias contra la inseguridad destinándoles recursos y equipamiento y en eso quedan en estructuras burocráticas que le cuestan mucho al estado y no hacen nada.

Los mandos en las instituciones de policía, de haber sido civiles ya los hubieran removido si la inseguridad persistiera. Como los mandos son militares, aunque sean ineptos para desempeñar el cargo, deben permanecer en sus puestos para responder a la suplica castrense.

Las organizaciones de profesionistas, civiles y empresariales no han sabido cumplir con su papel de defensa social. Ha prevalecido la indiferencia o quizá en el peor de los casos han seguido lineamientos impuestos desde las esferas del poder político para favorecer a incondicionales en los puestos de procuración de justicia y de seguridad pública.
Las llamas nos queman y el ardor que nos produce no ha sido suficiente para exigir que la inseguridad se acabe, que el delito se proscriba y que al delincuente se le castigue. Muchas páginas se han escrito y quienes lo han hecho, también les ha llegado la llama del exterminio.

¿Habrá paz? ¿Llegará el momento en que las ráfagas de metralla dejen de ser escuchadas en las calles de la colonia o de la ciudad? ¿Llegará el día en que dejemos de leer notas en la página roja de los diarios que no registren atentados contra la vida de personas?

Parece que Chicago resurge en Sinaloa. No hay día que no leamos en los diarios de la localidad atentados en los que pierden la vida jóvenes y adultos. Los motivos no deben ser causa para que no se investiguen. Las armas que se utilizan y la forma de operar del delincuente, se justifica la autoridad local, que son asuntos del orden federal.

Muchos burócratas de escritorio designados para que reciban un salario porque ha sido la forma de pagar favores por quien gobierna. Programas y estrategias han faltado para combatir la inseguridad. El Consejo Estatal de Seguridad Pública también ha fallado. La comodidad de la oficina y sin calor, dirán ellos, ¿qué importa que el delincuente haga sus desmanes en la calle?

¿Cuál será la mayor amenaza contra la seguridad ciudadana, la del huracán o la de los burócratas cobijados por complicidades políticas?

¿Usted qué opina?

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