LA HONESTIDAD Y LA TRANSPARENCIA COMO CONDICIÓN


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No basta prometer. También hay que parecer. La honestidad en el político debe ser una condición y no una promesa.

27 de julio de 2026.

En estos tiempos de movimiento proselitista, quien se dice tener los méritos suficientes para abanderar la candidatura de un partido político, se impone como condición la honradez y demostrar porque merece credibilidad del elector.

La honradez, es un valor que puede ser verificado, ya que los actos de una persona deben ser conocidos tanto en lo público como en su entorno privado. La referencia social o fama pública debe trascender a todas las esferas que habrán de verse involucradas con una aspiración político partidista.

Un puesto de elección popular, no representa a una persona o partido político, se representa al electorado de un distrito, de un municipio o de un estado. Su compromiso familiar y social, lo compromete también a promover vocación, respeto y honradez, porque serán las fortalezas de credibilidad y confianza en una sociedad política y en una administración gubernamental.

El compromiso con ideales de servir a los demás, es un valor que no puede desplazarse por intereses que desvíen el comportamiento personal y menos comprometer el compromiso social. La reivindicación de los partidos políticos y de los políticos, es un imperativo ciudadano.

Cualquier eslogan que se utilice en una campaña política o en un espacio político que permita ir conociendo al ciudadano o militante político que quiere ocupar un escaño legislativo o en cabildos o la titularidad de un asiento gubernamental o municipal, debe ir limpio de toda sospecha, en sus relaciones personales, sociales o familiares, y que el patrimonio que lo rodee sea verificable en su origen. Dará confianza ciudadana y convencimiento pleno de que, la administración de los dineros públicos, serán aplicados responsablemente.

En estos días, la mayor crisis que tenemos no es la económica, es la de la credibilidad ciudadana. La descomposición en nuestro régimen jurídico y político debe ser reencausado porque la honestidad no debe ser manejada como una estrategia discursiva o política, debe ser consolidada como un principio de referencia obligatoria. La honestidad, cuesta menos y rinde más en la conciencia ciudadana.

Un político debe preocuparse de llegar al puesto que pretende dejando en el elector la mayor de las confianzas de que sabrá cumplir sus compromisos y no de aquellos que piensan que, a como de lugar, habrán de llegar al cargo que buscan.

Hay que evitar deslizarse por bandas que puedan conducir al descalabro, porque el mayor privilegio de un político como administrador de los derechos y bienestar del pueblo, es responder a la confianza del voto que lo haga ganar.

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