El combate a la inseguridad no está en hacer uso de la fuerza armada para controlarla, porque sería muy aventurado decir, para desterrarla.
15 de junio de 2026.
Los hilos de la estrategia deben ser muy variados. Partir de la premisa del uso de la fuerza es anticipar una derrota segura. El gobierno tiene todas las posibilidades para organizar a la sociedad y hacerla que participe en la promoción de programas de prevención contra la inseguridad.

Tiene también, todas las posibilidades para reorganizar las instituciones policiales y recuperarles sus estados de fuerza conforme a los estándares internacionales para contar con un servicio de seguridad pública eficiente, profesional, confiable y rentable en sus resultados.
La sociedad civil se impacienta y exige que la inseguridad cabalgue para otros rumbos y se vaya de Sinaloa. La milicia se ve por todas partes, pero los delincuentes siguen haciendo sus desmanes. Parece que les han perdido el respeto.
Las estaciones de policía en Culiacán, están siendo abandonadas. No se ve movimiento de policías, ni de patrullas. Quien tomó la determinación de cerrarlas seguro que desconoce la razón del porqué fueron instaladas en puntos estratégicos de la ciudad.
Es una forma de desconcentrar la fuerza policial para llevarla o tenerla lo más cerca posible del ciudadano y atender con mayor prontitud la denuncia social y que los tiempos de reacción sean lo más rápido posible para arribar al lugar de los hechos.
La ciudad crece y la estructura policial tiene que ser igual de dinámica. La ciudad debe ser sectorizada y desconcentrar lo más urgente posible la fuerza policial, de lo contrario se seguirá operando bajo un modelo totalmente desfasado e improductivo.
Así como observamos el patrullaje militar con presencia muy continua por calles y colonias, así deberíamos tener una policía en número y con calidad profesional para atender la demanda de seguridad ciudadana.

Da la impresión que reposicionar a las policías civiles en las condiciones que se demandan, no entra dentro del interés político de los gobernantes. Prefieren utilizar al soldado y ponerlo a desarrollar actividades para las cuales no está formado.
Estamos viendo improvisación policial o soldados vestidos de policías forzados a realizar una función que desconocen y para la cual no están formados, mucho se ha dicho y lo seguiremos señalando
La delincuencia les ha perdido el respeto y las bajas que han sufrido desde que se decidió sacarlos de los cuarteles no tiene ninguna justificación cuando el mando superior del ejército debió fijar las condiciones y exigir que de manera paralela se cumpliera con la formación policial exigida hasta su total y completa profesionalización.
Los Consejos Estatales de Seguridad Pública, deben alzar la voz y exigir que se ponga mayor atención a la recuperación de los estados de fuerza policiales y hacer efectiva la condición impuesta para habilitar al soldado a realizar funciones policía y dotar a los gobiernos estatales de los financiamientos necesarios para construir los nuevos modelos policiales y enfrentar cualquier manifestación del crimen independientemente de los grados de dificultad que representen.
Un desafío que debe ser enfrentado con valor, porque a veces se percibe tranquilidad, pero esta es tan volátil que de nuevo se disparan los hechos violentos y el temor vuelve a manifestarse con mucha intensidad.
La inseguridad cabalgando por un lado y, por otro, la efervescencia política aumenta, El país se nubla en la sospecha de complicidades con el crimen organizado, y se acerca un proceso electoral en el que la sociedad votante quiere que los órganos electorales sean lo más exhaustivos para que los filtros en la selección de candidatos cumplan con rigor, la exigencia ciudadana.
¿Usted qué opina?








