LO DIJO MONTOYA, 30 DE ABRIL DE 2022.


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WONDER WOMAN 1° PARTE


Por: Roberto Montoya Martínez

Lo mismo que hicimos con Zarvany Yáñez, lo mismo haremos con nuestra invitada en esta ocasión. Al igual que a ella la entrevistamos hace 6 años para otro medio. Para ese efecto, ya había dejado la universidad para comenzar una brillante trayectoria en la TV.

Con una niña de meses y un fardo de ilusiones, empezó a labrarse una trayectoria en el mundo de la comunicación. Ahora, a 6 años de distancia, sigue haciendo televisión, pero desde otra plataforma, más accesible y adaptándose a los nuevos tiempos.

Ella es Nelly Peña, una comunicadora joven pero con sobrada experiencia. Después de 6 años volvemos a platicar. Esto es parte de lo que ha hecho tras haber egresado de la universidad hasta la fecha.

MUJER DE LUCHA

“Me considero una mujer perseverante. La terquedad, más que defecto, en mi es una virtud. Nunca acepto un NO por respuesta, amén de que esa palabra no existe en mi vocabulario. Procuro más el sí se puede, el ver la manera en que se puedan hacer las cosas.

Soy una mujer algo ambiciosa, en la medida de lo posible. Llena de proyectos, soñadora. Más no pierdo la perspectiva y recuerdo siempre mi origen.

No olvido lo que mi madre ha hecho por mí por tal de sostener mis estudios, siempre viendo por mi hermana y por mí, que gracias a dios nunca nos ha faltado nada. Su ejemplo lo tomo como estandarte, a fin de ver hacia adelante, mejorar en el aspecto económico y profesional, eso sí, nunca dar un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso.

Mi mejor blasón es la perseverancia, trato de ser un buen ejemplo tanto para mi hija como para quienes forman parte de mi círculo cercano y amistades.

Soy deportista por naturaleza. Me gusta hacer ejercicio, acudo al gimnasio todos los días, procuro estar saludable y en forma, pero eso sí, me encanta comer. Lo mismo le entro a una torta que a un sushi, sin descuidar mi salud física, espiritual y mental. A Grosso modo, esa soy yo”.

QUE MODELO DE MUJER

“Comencé en el mundo del modelaje mientras cursaba el bachillerato. Fue por azares del destino. Simplemente las cosas se dan en el momento justo. Mucha gente me preguntaba -¿Cómo le hiciste para entrar?

Yo lo quiero hacer- Hablando con la verdad, fue una oportunidad que se me presentó, la aproveché, y de esa forma incursioné en el modelaje. Muchos creen que la tuve fácil. Se equivocan. En aquel tiempo era una chica de baja estatura y complexión muy delgada.

Recuerdo que en una sesión de fotos, el fotógrafo procuraba una chica para que fuera imagen de una campaña, este me dijo tras terminar la sesión –tu complexión es muy delgada, tienes los dientes de enfrente separados- para no hacerle el cuento largo, enumeró los defectos que tenía por entonces, vaticinando mi fracaso en el mundo del modelaje por no estar acorde al prototipo de mujer que buscaban para imagen.

Esas palabras tan crueles aún las guardo en mi memoria, pero no con dolor, sino como algo positivo, que te ayude a construir- Si él piensa eso de mí, perfecto. Esa zancadilla a mi amor propio lejos de desanimarme, hizo que entrara con todo al modelaje.

Pese a mi baja estatura, tuve el privilegio de modelar prendas de las más distinguidas marcas y trabajar en las agencias de modelos más prestigiadas de la época. Participé en concursos de belleza, quedando en segundo lugar en un certamen de ese tipo.

Eso me abrió la puerta para participar en videos musicales, en pasarelas organizadas por plazas comerciales, sesiones fotográficas, etc. Oportunidad que se presentaba, oportunidad que aprovechaba. Gracias a esas actividades, empecé a generar ingresos económicos.

Todos mis trabajos tenían que ver con imagen corporativa, sesiones fotográficas, modelaje, pasarelas, imagen publicitaria, en fin, en aquel tiempo no era como ser influencer, sino como modelo. Al tiempo entré a la universidad, donde cursé la licenciatura en ciencias de la comunicación.

El destino me tenía reservada esa sorpresa, pues curiosamente no pensaba estudiar esa carrera, sino otra ajena a lo que estoy haciendo actualmente. La moneda estaba en el aire, o iba a ser ingeniera industrial o comunicóloga.

Afortunadamente fui lo segundo. Francamente fue lo mejor que me ha pasado en la vida, ya que gracias a la que entonces fue mi carrera universitaria, descubrí cosas nuevas que a la postre me fueron gustando.

Aún en el corolario de mis estudios profesionales seguí modelando, le entré a la actuación, gracias a esta última actividad me relacioné con gente del medio en aras de involucrarme en series de televisión, corto metrajes, y queriendo y no, abracé como otra de mis vocaciones la actuación.

Ya casi para salir de la escuela, la conducción de programas me atrajo la atención. Cuando cursé las materias que tenían que ver con lo que acabo de platicar en la uni, caí en cuenta que eso me gustaba, que nací para esto”.

DE LAS PASARELAS A LA TELEVISIÓN

“Tan luego egresé de la escuela, debuté en la televisión. Le confieso que nunca había estado en un estudio de televisión profesional. Literalmente salí de las aulas a la televisión, lo cual me llenó de temor.

Literalmente me lancé al ruedo. Sin embargo, fue una etapa de aprendizaje, donde tomé lo mejor de cada quien, particularmente de mis compañeros conductores, que ya tenían mucho camino andado. Como los que fuimos alguna vez principiantes, fui adoptando un poco del estilo de cada uno de mis colegas, hasta que con el tiempo, ya pude desarrollar mi propia personalidad, mi propio sello, sin necesidad de imitar a nadie.

Primero comencé mi andar en la pantalla chica en un programa de revista, enfilando mis baterías a la barra matutina, tiempo después incursiono en el ámbito deportivo. Ahí puedo decir que me dieron en la pata de palo. Ja ja ja.

Ya en serio, conocí los diversos estilos de conducción, lo cual me hizo ser versátil, al grado de que he estado al servicio de diversas empresas. Así comencé mi trayectoria. La sufrí pero la gocé. Me puedo jactar que soy producto de la cultura del esfuerzo.

Partiendo de que tengo una niña de 6 años, y mi condición de madre soltera, hace que las cosas a veces se me hagan cuesta arriba, pero echando una mirada atrás, pienso en el legado de mi madre, y lejos de doblegarme, sigo en la brega, aunque volviera a sufrir igual por todo lo que he pasado”.

GRACIAS TV AZTECA

“De Azteca, que fue mi casa de trabajo por 6 años, recuerdo con especial estimación a las personas. Como todo en la vida, no todo es miel sobre hojuelas, también hay desencuentros, desavenencias, pero al final, todo se arregla con el diálogo.

Pero lo que más valoro de mi paso por el canal son la compañía, la experiencia, y en particular, el colmillo que agarras para adquirir las tablas del oficio, es lo que me dejó de enseñanza una empresa tan grande como es Azteca, que todavía tiene renombre y que sigue dando la pelea como el medio importante que es.

Fue mi primer empleo formal dentro de la industria, me dieron la famosa patada de la buena suerte, y vaya que me sirvió, pues de ahí se derivaron N cantidad de oportunidades laborales, las cuales pude combinar en la medida de lo posible durante mi estancia en la compañía.

A la gente de Azteca le debo gran parte de lo que tengo y lo que soy, de lo cual estoy muy agradecida. Sería una ingrata si dejara de reconocer que en el canal me formé como conductora y como comunicadora. Me dieron las bases para ejercer otras aristas de la comunicación. De los ejecutivos y los compañeros, tengo un recuerdo de amor y gratitud”.

ADELE NO TRAÍA TORTA, SINO TODA LA FONDA

“Antes de entrar a la tele, voy a contextualizar. Resulta que me embarazo en el último año de carrera. Entonces me dije – ¡Chin! ¡Ya Valentín de la sierra!- y me empecé a plantear estas interrogantes ¿qué voy a hacer? ¿Qué pasará con el padre de mi hija?

Para el efecto, el señor radicaba en la capital, yo estaba acá. Él quería que me fuera a su lado, a lo cual dije que no, pues estaba con un pie en el estribo y que no iba a dejar tronchada la carrera, máxime si estaba en el último año de la misma.

Y ni hablar de los intercambios académicos, pues no son aplicables en el último tramo de la carrera, y si así fuere, tendría que planearse con suma antelación.

El abandonar los estudios era como asestarle una puñalada trapera a mi mamá, que se hubiera sentido dolida y defraudada de haberme ido en pos de ir al encuentro con el padre de mi hija. Ya bastante tenía con haber salido yo con mi domingo siete, para que de pilón dejara la escuela, no solo le hubiera partido el corazón, sino que habría actuado con deslealtad e ingratitud, y eso no se vale.

Es por eso que decidí quedarme a finalizar mis estudios. Ante todo hay que ser decente y formal. Mi madre echó la platicada conmigo y me preguntó -¿Qué decidiste Nelly?- y yo le contesté –Tener a mi hija-

La respuesta de ella fue de comprensión y apoyo total. Hasta me dijo que iban a arroparme y a brindarme el respaldo si el amigo no cumplía como hombre. Que no temiera a los estigmas de la sociedad.

Hay cosas peores que ser madre soltera, que me mirara en su espejo, haciendo una recordación de aquellos días negros donde con una mano delante y otra detrás nos sacó adelante a mí y a mi hermana.

Que ya veía como le hacía, pero que no me iba a desamparar, ni tampoco a mi hija. Total, después de chillar un rato las dos, me dije –Juega el pollo- Transcurrió mi embarazo en santa paz. Mi constante era comer, dormir y estudiar.

Antes de embarazarme, acudí a una prueba a TVP, pues necesitaban a una chica que diera el estado del tiempo. Acudí a que me hicieran la prueba y la pasé. En ese inter me avisaron que la plaza era mía, que si daba yo el gatazo con lo que estaban buscando y que me presentara cuanto antes, pero para ese efecto, ya estaba de encargo de Adele, así se llama mi niña.

Para ello consulté a mi madre para saber lo que hacer, y ella me dijo que no. Tras lo contundente de esa respuesta, me comuniqué con el amigo y le agradecí el gesto, pero que no iba a poder aceptar a causa de mi embarazo y no quería comprometer a la televisora con todo lo que eso conlleva.

Total, dejé ir esa oportunidad, seguí con mi proceso, seguí comiendo como lechón en engorda, dormía lo que era un encanto. El papá de mi hija no estuvo presente durante la cuarentena, sino hasta que estaba por dar a luz se presentó. Ahí comenzó otro proceso de aprendizaje.

Me enseñé a vivir en pareja, a cocinar, a ser mamá, todo ese cúmulo de experiencias repercute en tu cuerpo, sufrí depresión post parto, siempre andaba decaída. Mi fisonomía sufrió algunas alteraciones.

Como cité anteriormente, yo ya me cuidaba desde la preparatoria, acudía al gimnasio con regularidad, pero al convertirte en madre, tu cuerpo deja de ser el mismo, emocionalmente eres inestable, no duermes como es debido, en fin, tuve que hacer de tripas corazón y apechugué. Era parte del proceso.

Ese tipo de cosas ponen a prueba tu templanza, pues nadie nace sabiendo cómo ser padre o madre. Así que al entrar a TV Azteca, mi vida había dado un giro de 180°. Me sentía vulnerable, inexperta, una vil novata, las inseguridades hicieron nido en mí, estaba delgada, pues amamantaba a mi hija, en fin.

No todo el tiempo fue así, sobre la marcha me fui recuperando en todos los aspectos, poniendo el acento en lo físico y en lo emocional. Con el correr de los meses fui aprovechando las oportunidades que se me presentaban, y desarrollando el colmillo que te da la experiencia de los años, porque nomás ven a la chica nueva de la escuela y comienzan con preguntas como -¿Qué hace aquí? ¿De dónde viene?

¿Qué trae? ¿Qué busca? ¿Qué vende?- todos como gatos boca arriba defendiendo su lugar por temor a ser desplazados. Sin embargo, yo iba a lo que iba. A trabajar. Yo picaba, y sigo picando muy alto. Esto, tan solo, es un pequeño escalón en el camino que he trazado para mí”.

De momento haremos una pausa, pues la mujer maravilla está atendiendo un llamado. No para salvar el planeta, sino que es algo relacionado con su actual actividad. Eso lo sabremos en nuestra próxima entrega.

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