LO DIJO MONTOYA: SEGUNDAS PARTES NUNCA SON BUENAS


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SEGUNDAS PARTES NUNCA SON BUENAS


Por: Roberto Montoya Martínez

26 de julio de 2026.

Recientemente, Aldo Rodríguez escribió un artículo relacionado a una de mis películas favoritas: MÉXICO DE MIS RECUERDOS. Su crónica fue en relación a la versión realizada en 1944, la original.

Que este artículo no se convierta en una contrarréplica, pero voy a exponer en toda su dimensión la versión realizada en 1963, que en lo personal deja mucho que desear. Pongan ojo al parche.

La película de 1944 posee un encanto que nace de la espontaneidad. Su recreación del México porfiriano resulta cálida, elegante y hasta entrañable.

La música, el humor y las actuaciones se funden de manera natural para construir una obra que sigue despertando sonrisas generación tras generación.

No intenta impresionar; simplemente conquista. En cambio, la versión de 1963 parece demasiado consciente de la enorme sombra que proyecta su antecesora.

Reproduce escenas, conserva situaciones y apuesta por la misma fórmula, pero lo hace sin la frescura que convirtió a la original en una joya de la Época de Oro del cine mexicano.

El realizador Juan Bustillo Oro, se le ocurrió la puntada de revisitar una de sus obras cumbres, a pedimento de Rafael Pérez Grovas, productor del filme, pues quería impulsar la carrera de la soprano Ernestina Garfias.

El casting estuvo bueno, todos fueron grandes actores, pero la historia, aparte de deslactosada, dura menos que la original. El único miembro del elenco original que participó en el remake fue Don Fernando Soler.

Por lo demás, fueron suplantaciones. Joaquín Cordero ocupó el lugar de Luis Aldas, David Reynoso el de Antonio R. Frausto y Fernando Soto “Mantequilla”, el de Joaquín Pardavé.

Eso si que fue una afrenta, pues cada quien tuvo un manejo distinto del humor. Del resto del elenco mejor ni hablo, pues tiempo me va a faltar. Se pretendió hacer algo parecido a la versión original, pero a mi ver, no le llegó ni a los talones. Soplo fue un camino empedrado de buenas intenciones.

Eso no significa que sea una mala película. Está correctamente realizada y puede resultar agradable para quienes la descubren sin haber visto la de 1944.

Sin embargo, para quienes conocen ambas versiones, la comparación es inevitable… y también desfavorable. Quizá el mayor mérito de la cinta de 1963 sea recordar al público por qué la de 1944 alcanzó la categoría de clásico.

Porque hay obras que pertenecen a un momento irrepetible, a un reparto irrepetible y a una sensibilidad que no admite copia.

Segundas partes, nunca serán buenas, tanto en el cine como en la vida. Aunque la práctica del remake es habitual hoy en día, el cine mexicano de antaño tampoco fue ajeno a ese modus operandi.

Para mí, MÉXICO DE MIS RECUERDOS, la hecha en 1944, no tiene nada que pedirle a todas las películas que se hicieron con temática porfiriana.

La versión hecha en 1963 no pasó de ser un filme light, libre de gluten. En ocasiones, el cine demuestra que los recuerdos no solo viven en el título de una película.

También permanecen intactos en la memoria del espectador, que sabe distinguir entre una obra nacida con alma y otra que, pese a sus buenas intenciones, nunca logró encontrarla. Ahora les toca opinar a ustedes, que como siempre tienen la última palabra.

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