LO DIJO MONTOYA, SEPTIEMBRE 23 DE 2022.


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MÁS FUERTE 5° PARTE

Por: Roberto Montoya Martínez

Viernes 23 de septiembre de 2022.

En la entrega anterior, Tania nos contó con lujo de detalle, la tragedia que sufrió durante su infancia.

Tres episodios que definieron su destino. No solo mejoró la relación con su madre, sino que también desterró e su corazón al desgraciado que la lastimó y a su tía, de quien no esperaba su suprema in gratitud y su traición.

Le costó lágrimas revivir ese negro pasaje de su vida, pero al menos encontró paz. Sin imaginar que volvería a llorar otra vez, solo por hacer lo correcto.

LA ROPA SUCIA SE LAVA EN CASA

“En ese inter no hablaba con mi abuela, mi mamá insistía en que yo no hablara con ella de aquello porque le iba a dar el soponcio, y yo dije que hablaría con mi abuela por mis pistolas.

El 2 de junio de 2022, entré en una crisis bastante tremenda, al grado de suspender mis actividades públicas y privadas, dejé de atender a mis pacientes, cosa que por lo regular nunca hago. Fue un fin de semana largo.

El día en cuestión le dije a los de confianza, a los del círculo cercano –Sufrí abuso sexual cuando niña- mi única pretensión era ser escuchada. Solamente eso. Necesitaba que la gente supiera de mi tragedia, de lo que callé por tantos años y que ahora hice público, pese a la desaprobación de mi familia.

Uno de mis tíos me increpó diciendo -¿Por qué diablos publica eso en las redes sociales?- ¿qué fue lo que dije? Que me sentía triste solamente, ni siquiera hice mención de que me abusaron. He de ahí la indignación.

La ropa sucia se lava en casa, o al menos así reza ese dicho tan conocido. Me exigían que guardara silencio, pero yo no podía más callar.

Entré en crisis, tenía pesadillas, soñé con ese individuo, sufrí ansiedad. Te voy a platicar lo que sucedió el día 3 de junio donde me dije –Ya no puedo más.

Quien puede salvarme soy yo- Continuaba pidiendo auxilio, sin embargo contaba con todos los elementos para hacer llevadera mi crisis. De entrada cursé mi licenciatura en psicología, tomé una maestría, me preparé en cursos de resiliencia, contaba con la preparación suficiente para responsabilizarme de mi persona a nivel psicológico.

Pero era necesaria la redención, aceptar que era la víctima, que me sentía del cocol. Me revolcaba en el piso, y le dije a Dios –Me rindo. Ya es suficiente. Me rindo- ¿Sabes que sucedió? Estando sola, apagué el celular, rompí en llanto, ¿Sabes cómo acabé? En posición fetal. Tan luego acabé mi catarsis, me incorporé, encendí el celular y dije –Ya estuvo suave- y continué con mi vida. Me vi con un amigo”.

DIVORCIO NECESARIO

“A manera de paréntesis, me llama mi abuelita, y aquí va el contexto. Les hice un obsequio del día de las madres.

A mi madre un masaje holístico, y a mi abuelita un trabajo de manicura, el cual no se hizo porque cancelé la cita. Total, me habla mi abuelita y me saluda como siempre. Yo tenía que fingir ante ella, pero decidí no hacerlo más, estaba fatal. Mi abuela pregunta -¿Qué te pasa? Le respondo –Ando que me lleva la…..tristeza- estresada, frustrada, total, me sentía de la patada, no dormí- Daré otro salto en el tiempo. Le dije –Mamá Dorita, tus hijos saben un secreto, solo falta que lo sepas tú, pero prefiero decírtelo personalmente.

Tus hijos no quieren que sepas porque te va a dar el soponcio, pero te lo voy a contar porque es necesario. El 6 de junio lo sabrás todo- Justamente ese día fue el aniversario luctuoso de mi abuelito. –No te preocupes.

Ya habrá ocasión para vernos- Entonces quedamos de vernos ese día, y de paso llevarla a que se hiciera la manicura. Para eso acordé con mi mamá de que yo la llevaría. Retomando el punto me dice –Ya pasó- Yo le respondí –pero me duele- Para el efecto, había ya hecho dos publicaciones en redes sociales, Carta a mi niña interior y la cronología del abuso del cual fui víctima. Si la gente no lo vio o lo tomó fuera de contexto, me vale. Lo publiqué y punto.

Entonces mi abuela me dijo –Dice tu mamá que no lleves con la manicurista- le respondí –Eso ya se verá- Otro paréntesis, sé que estoy dando demasiados saltos en el tiempo, pero si he de seguir contando mi historia, habrá de ser con lujo de detalle.

 El jueves, que estaba totalmente destruida, cuando publiqué en mis redes sociales, mi mamá moliendo -¿Qué es lo que te propones? ¿A dónde quieres llegar?- le contesté –Que sepan todos.

No me importa lo que digan o como reaccione la gente- Mi mamá me revira –Ya encarrerado el gato, díselo a tu abuela de una vez- yo le contesté –Se lo diré cuando a mí me dé mi retiznada gana- Me porté muy altanera con mi mamá porque estaba hasta el copete.

Mi madre me dijo –Bájale dos rayitas- le contesté –Estoy siendo demasiado ecuánime para mi estado de ánimo- a mi mamá la bombardeaban con llamadas y le sugerí que no respondiera el teléfono. Mi madre me fastidiaba preguntando que como iba a hacer con el manejo de la información, me pidió que la ayudara. Ya a medios chiles le respondí –Por un titipuchal de años me tragué todo esto y callé, no es posible que no sepas manejar esta fregadera- con trabajo podía conmigo y mi mamá no sabía qué hacer en su proceso. A buen árbol se arrimó. Total, la mandé a la porra.

El martes 3 de junio, tras la lectura de un mensaje publicado en mis redes por parte de una amiga, encomiando mi valor y mi fortaleza, y que lo que me pasó no era nada envidiable, me dio ánimos para seguir publicando en mis redes mi verdad.

Comencé a redactar el escrito que todo mundo conoce y reconoce, y el cual es motivo de esta entrevista. Apelé a la comprensión de mis lectores, no que se me juzgara. Causó aquello tal escozor que mi madre a través de un mensaje me pidió que exhibiera el nombre de mi agresor, que lo hecho, hecho está.

¿Qué le pasa? ¿Crees que hago esto por ese imbécil?  ¡De ninguna manera! No tengo porque engrandecer a ese idiota. Lo que he hecho, lo que hago y lo que haré es por mí, en aras de sanarme y estar bien, y mi mamá me pedía que exhibiera el nombre de ese estúpido ¡Eso es absurdo! Jamás le había levantado la voz a mi mamá ni colgado el teléfono a mi abuela, porque siempre estuve para ellas. ¡Ya me cansé! Decidí ponerme yo en primer plano.

Encima de todo esto mi mamá de dice que mi abuela leyó lo que publiqué en Facebook, entonces yo les dije –Perfecto. Que dios las bendiga, ojalá curen sus heridas, que yo sabré curar las mías. Largo- en medio de mi coraje les dije que hicieran cuanto quisieran, córtense las venas con pan de caja, péguense un tiro, tírense a un pozo, lo que quieran, pero déjenme en paz.

Me largué a Mazatlán cansada de tanta porquería, mandé todo al carajo y comenzó mi liberación. Del 3 de junio hasta la fecha soy una mujer libre.

Tuve que reinventarme, reacomodar algunas cosas, trabajar internamente, me alejé de todo y de todos. Pasado algún tiempo retomo la comunicación con mi mamá, a mi abuela no la había visto desde aquel día”.

PIDO JUSTICIA

“Un buen día me decidí denunciar a mi agresor. No le pedí permiso a nadie, no le tomé parecer a mi familia, ni lo necesité, lo hice por mí.

No es egoísmo, es amor propio, dignidad, sanación. Nadie iba a hacer algo por mí, ni tampoco pedir justicia. Solamente yo tenía ese poder.

Acudí a la secretaría de la mujer, me asesoró una licenciada y me sugirió que levantara una denuncia hacia ese señor, repito, de alguna forma hay que llamarlo.

Redacté en cinco páginas la relatoría de hechos, la llevé a la vice fiscalía el 9 de junio de 2022. Frente a la agente del Ministerio Público tuve un ataque de ansiedad.

Comencé a hiperventilar tan luego me pidieron que diera santo y seña de los implicados en el asunto, porque no es lo mismo decir que fui abusada sexualmente y tener que decir los nombres de los miembros de tu familia.

Decir mi lugar de residencia, el nombre de mi tía. Esas son palabras mayores. Después entré con la psicóloga y tener que relatar lo que ya expuse aquí y volver a conectar con el dolor y la angustia vividos en aquel entonces, total, estuve cerca de hora y media con ella, y la doctora me comentó lo siguiente –Lo que me has relatado, me lo comentas como si lo hubieras vivido hace un año. Reúnes el perfil de una víctima de abuso sexual, lo que te diferencia es que eso ocurrió hace 20 años- El inconsciente no entiende de épocas, el dolor tampoco.

Entonces me felicitó por el hecho de haber hablado 20 años después del abuso que sufrí, y asegura que quien sabe que pasará con este proceso legal, pero al menos senté un precedente y me felicitó.

Pasé con la encargada de delitos sexuales, y la verdad, se portaron muy bien conmigo. Me explicaron que tenía derecho a asesoría legal, terapia psicológica, tomar medidas de protección, en fin, me colmaron de atenciones, lo cual agradezco. Yo sé que es parte de su trabajo, pero en lo tocante a mi caso, me hicieron sentir bien”.

Tania dio un paso muy importante, y eso la hizo ser más fuerte. Denunciar a su agresor, sin importar que es una persona cercana a su familia, requiere de mucho valor.

Sin proponérselo, esta profesional de la salud mental resultó ser una inspiración para todas aquellas mujeres que fueron vejadas y lastimadas igual que ella que aún tienen miedo de hablar, por temor o por vergüenza, o simplemente porque quieren seguir viviendo.

Tania no se arredra, y seguirá gritando a los cuatro vientos su verdad, aunque incomode a muchos. En nuestra próxima entrega, conoceremos a otra víctima del infame que abusó de nuestra protagonista, y es quien menos ella esperaba. 

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