SOLO QUIEN LLEVA EL COSTAL SABE SU CONTENIDO

Por: Roberto Montoya Martínez
25 de febrero de 2026.
La Academia vuelve a cubrirse con el negro crespón del luto. No conforme con lamentar la muerte del español Edu del Prado, vuelven a poner el moño negro, para llorar la partida de un chavo que a la legua parecía brillante, pero que, por dentro, se sentía frustrado.

Soñaba con ser un cantante de fama, más no lo consiguió. A pesar del entusiasmo que aparentaba, fue víctima de una de las más terribles enfermedades de nuestro tiempo: la depresión.
Nadie esperaba que esto llegara a suceder. Es lo malo no llorar por dentro y no pedir ayuda a tiempo. Hacerle al valiente no es negocio. Pongan ojo al parche.
Héctor Zamorano, miembro de la primera generación de La Academia, murió a los 47 años de edad, tras padecer una enfermedad prolongada.
El cantante de origen veracruzano, tuvo por compañeros a Yahir, Estrella veloz, Wendolee, Nadia y Myriam, entre una pléyade de cantantes, que solo soñaban en aquel entonces en conquistar la fama y triunfar. Él, lamentablemente, no logró conquistar sueño.

Fue su desgracia ser el primere expulsado de esa generación, dicho de otro modo, fue debut y despedida. A pesar de haber hecho carrera como locutor y animando eventos, se quedó con la espinita clavada.
Grabó un disco, pero no funcionó. Sus amigos de ese entonces, dieron cuenta y razón que vivía cual ermitaño, sin querer saber nada de los medios ni de la música.
Se le intentó entrevistar varias veces, pero cambiaba de teléfono como cambiarse se camisa, pues no quería evidenciar que estaba muy mal. Pedro Sola, conductor de VENTANEANDO, afirmó lo que ya se decía, que Héctor padecía depresión y que no quería tener trato con nadie.
Y se entiende, no hay nada más lacerante para el ser humano que sentirse compadecido. A pesar de que Estrella y Wendolee querían estar con su amigo, este no lo permitió, ordenando a su familia que todo estaba bien, pues no quería dar lástima.

Deliberadamente se alejó de las redes sociales, pues no quería dar una imagen falsa. Como citamos anteriormente, quería aferrarse al canto sabiendo que iba a enfrentarse a muchos sin sabores, pero todo fue inútil, se fue de este mundo con ese dolor.
Quizá sea un poco cruel mi sentencia, pero debió asimilarlo desde hace tiempo: Lo que es para ti, aunque te quites. Y lo que es para ti, aunque te pongas. Y el canto no era para Héctor.
Solo quien lleva el costal, sabe su contenido. Héctor Zamorano partió de este mundo llevándose muchas cosas. Su dolor, su angustia, sus deseos reprimidos por no lograr conseguir un sitio dentro del medio del espectáculo.
Quizá lo tenía, pero no supo como afrontar la fama, las luces de las candilejas, todo lo que ello implica. Igual ya es muy tarde para remediar todo lo que ha pasado. Sus compañeros de generación prefieren recordarlo como un chavo entusiasta y divertido, que nunca se arredraba ante nada.
Es mejor tener un bonito recuerdo de este chavo, que, aunque su paso por la artisteada fue efímero, formó parte de la historia. Perteneció a la primere generación de La Academia, y eso es privilegio de pocos. Buen viaje Héctor. Que encuentres la dicha y la paz que no tuviste aquí. Que Dios tenga piedad de tu alma.







