PALCO PREMIER.


En Culiacán, las mejores Series del Caribe de la Historia: 2001 y 2017


 

= De acuerdo a la calificación de medios especializados

= La de 2001, solo fue superada 16 años después

= Juan Manuel Ley, el artífice de la primera del nuevo milenio

= Héctor Ley, al frente de la organización de la SC de 2017

 

Jorge Luis Telles Salazar

 

De las quince series del Caribe realizadas en territorio nacional – de 1974 a la fecha -, Culiacán ha sido sede en dos ocasiones: en 2001 y 2017. Ambas con una distinción de excelencia y calificadas como las mejores de la historia, incluidas todas, en general, no solo las desarrolladas en nuestro país. Y si: es verdad. Ninguna comparable con las dos de Culiacán. Si alguna se le acerca es la primera, la efectuada en 1974, en Hermosillo.

 Culiacán, en efecto, se desempeñó como sede, por vez primera, en el primer año del siglo XXI, cuando ya se habían efectuado ocho de ellas en México: cuatro, en Hermosillo y cuatro en Mazatlán. Se le otorgó la anfitrionía cinco años antes; desde mediados de 1996, para ser más exactos,  como desenlace de una historia ampliamente conocida.

Por aquel tiempo, Culiacán presumía de contar con un estadio totalmente remodelado, amplio, cómodo y funcional (prácticamente nuevo), gracias al respaldo del entonces gobernador Renato Vega Alvarado – cuatro años después, presidente de la LMP -; ser una ciudad en pujante desarrollo y como cereza del pastel, haber ganado, con marca de 5-1, la Serie del Caribe de 1996, llevada a cabo en Santo Domingo, República Dominicana.

Fue por eso, precisamente, que  Juan Manuel Ley López, presidente del club Tomateros de Culiacán, solicitó la sede del evento para 1997 y con esto entró en abierta disputa con Hermosillo, que también la quería bajo el argumento de que le correspondía por derecho, tras de que Mazatlán lo había sido en 1993 y así se armó toda una contienda en la que cuatro clubes apoyaban a Culiacán y los otros cuatro a Hermosillo. En la junta decisiva, se votó una y otra vez y el resultado siempre fue el mismo: cuatro contra cuatro.

En esta situación, el titular del circuito, Arturo León Lerma, declinó hacer uso de su voto de calidad – a exigencia de Juan Manuel Ley – y optó por un volado, que favoreció a Hermosillo. Ahí mismo se decretó, por unanimidad, que Culiacán sería sede en 2001 y así fue, en efecto.

La otra, la de 2017 le correspondió a Culiacán en automático, frente al carácter rotativo de las ciudades con este derecho: Mazatlán, en 2005; Mexicali, en 2009 y Hermosillo, en 2013.

Si: 16 años después, volvió la Serie del Caribe a nuestra ciudad capital.

Una Serie del Caribe cuya organización arrancó Juan Manuel Ley López con la inauguración del nuevo estadio Tomateros (en octubre de 2015) y que continuó su hermano menor, Héctor Ley, tras su fallecimiento; apenas meses después de haber hecho realidad su viejo sueño: una nueva casa para los Tomateros de Culiacán. Su muerte se registró en enero de 2016.

Y fue lo hecho por Juan Manuel, en 2001, precisamente, lo que  inspiró a Héctor no solo para igualar sino incluso para superar aquel éxito de manera exponencial.

-LA PRIMERA, EN FEBRERO DE 2001 –

Por partes.

La Serie del Caribe Culiacán 2001, arrancó el 2 de febrero, con el concurso de los campeones de las cuatro ligas afiliadas a la Confederación: Criollos de Caguas, Puerto Rico; Aguilas de Cibao, República Dominicana; Cardenales de Lara, Venezuela y Naranjeros de Hermosillo, México.

Aquí el dato curioso: cuando el torneo en Hermosillo-1997, el representante de la LMP fue Tomateros de Culiacán; en Culiacán, 2001, a su vez, lo fue Naranjeros de Hermosillo.

Y hay que ser bien francos, más allá de la rivalidad entre estas dos ciudades, que es estrictamente deportiva. En 1997, en Hermosillo, el público de Sonora se le entregó a Tomateros de Culiacán – no obstante que los guindas habían vencido a los Naranjeros en la gran final – y aquí en Culiacán sucedió exactamente lo mismo: la fanaticada sinaloense apoyó sin reservas a Hermosillo, monarca de la temporada 2000-2001 de la Liga Mexicana del Pacífico.

Para esa campaña, Juan Manuel Ley tuvo siempre el propósito de armar un verdadero “dream team” – me lo dijo en una entrevista exclusiva para El Sol de Sinaloa – con el deseo de que fuesen los Tomateros, en su propia casa, los representantes del beisbol invernal mexicano. Y Juan Manuel, la verdad, no escatimó recursos de ninguna naturaleza; pero, increíblemente, aquel equipo no funcionó en lo más mínimo. Fue el peor de todos y en el año de su Serie del Caribe, ni tan siquiera clasificó a los “pley offs”. Cosas del beisbol.

Y bueno, aquel evento inició con el pie derecho y concluyo a tambor batiente.

Centenares de cronistas deportivos acreditados – a quienes se les asignó un sitio especial en el sector central del parque – reseñaron (ya a través de las más modernas tecnologías) – un imponente  acto inaugural, con derroche  de luces y sonido y aderezada con un espectáculo traído desde Orlando, Florida, alusivo al advenimiento del siglo XXI.

En el punto del pentágono, con un estadio a obscuras y en medio del sonido de los teponaztlis  se llevó a cabo la ceremonia del Fuego Nuevo, que se esparció de inmediato por todo el campo de juego, con números típicos del rico folclore mexicano: danzas del Sureste de la República, por el lado de primera base; la marimba veracruzana, en la segunda; la polka norteña, en la tercera y las estruendosas notas de la tambora sinaloense que levantaban el ánimo en un estadio “Angel Flores” al máximo de su capacidad.

Y para que la fiesta fuese completa: victoria de México, 11 carreras contra 5 sobre Cardenales de Lara, para que todo mundo abandonara el inmueble, atiborrado de felicidad.

Esa fiesta duró seis días, además de la víspera, en la que Culiacán suplió su déficit de infraestructura hotelera de primer nivel, con una cálida atención a los visitantes y con un comportamiento ejemplar hacia las delegaciones extranjeras y en favor de los miles de aficionados al beisbol que se dieron cita en nuestra ciudad, procedentes de diversos puntos de nuestro país.

Cronistas deportivos del Noroeste de México, de la capital, de otros lares; de Puerto Rico, Venezuela y República Dominicana, gozaron de todo tipo de facilidades para la realización de su trabajo y para dotarlos de la información necesaria para ello. Las playas cercanas se convirtieron en una atracción inesperada, así como la rica oferta gastronómica de la ciudad y alternativas adicionales.

En lo deportivo, grandes partidos y competencia cerrada.

Al arranque de la quinta jornada, la tabla de posiciones nos mostró a los cuatro equipos empatados con marca de 2-2 y las victorias de Aguilas de Cibao sobre Cardenales de Lara y de Naranjeros de Hermosillo sobre Criollos de Caguas, dio características de gran final al choque entre México y República Dominicana, en el último día de la competencia.

Ese juego, de la fecha número cinco, valió por toda la serie: Hermosillo (México pues) llegó al octavo capítulo en desventaja de 3 carreras contra 2, ante los Criollos de Caguas; pero ahí, Trinidad Hubbard – de los mejores peloteros extranjeros que han jugado en la LMP – abrió con tremendo cuadrangular para igualar los cartones a 3, ante el delirio de la multitud. Vinicio Castilla siguió con hit y se descolgó hasta la antesala en mal revire Ricky Bones a la inicial. Entonces, Erubiel Durazo elevó al centro y Vini anotó la que ponía a los Naranjeros a 3 outs de la victoria.

Ya se celebraba ruidosamente el triunfo; sin embargo, Caguas igualó a 4 en el noveno episodio y aquello se fue a entradas extras. En la décima, la definición: Humberto Cota inició con sencillo y el “Tren” Hubbard la parqueó de nuevo para sentenciar el partido a favor de México.

En torno a lo que era, de hecho, la gran final (por sus números de 3-2), se levantó una enorme expectación y el lleno fue histórico en el “Angel Flores”; sin embargo el partido no respondió, porque se fue de un solo lado, casi desde el principio, por la notable superioridad de las Aguilas Cibaeñas, que alineaban a gente del calibre de Luis Polonia, Tony Batista, David y José Ortiz, Mario Encarnación y Félix Martinez, entre otros.

Ganó Cibao 4-1 y las Aguilas se llevaron el preciado trofeo a Santiago de los Caballeros. El publico mexicano reconoció el esfuerzo de Naranjeros de Hermosillo y despidió afectuosamente a la delegación dominicana, en lo que fue, también, una espectacular ceremonia de clausura.

-LA SEGUNDA, 16 AÑOS DESPUES –

Y bien.

Corregidos y aumentados todos los factores incidentes en el 2001, en el 2017 la directiva de Tomateros – ahora encabezada por Héctor Ley, el menor de la dinastía -, capitalizó la experiencia humana de la franquicia para desbancar a Culiacán-2001 de su sitio como la mejor serie del Caribe de la Historia, muy acorde con su nuevo estadio, considerado como el número uno, de todos los países afiliados a la Confederación y de especificaciones similares a algunos de las Ligas Mayores, inclusive.

Para la temporada 2016-2017, la directiva guinda armó de nuevo un equipazo, lo más parecido a un auténtico trabuco, en la intención de que fuesen los Tomateros, precisamente, los representantes del beisbol mexicano en Culiacán-2017; sin embargo, los guindas no alcanzaron la meta, al caer, en una tremenda semifinal de siete partidos ante los Cañeros de los Mochis.

Y esos mismos Cañeros de los Mochis sucumbieron ante los Aguilas de Mexicali, para que, a final de cuentas, fuese el equipo de la frontera el campeón del circuito invernal y quien enarbolara la bandera de México en la Serie del Caribe.

El descalabro de los Tomateros de Culiacán, sin embargo, no impactó de manera alguna en los enormes resultados del evento. De hecho, la inmensa mayoría de los espacios en el estadio estaban vendidos desde antes del inicio de la edición 2016-2017 y los problemas a resolver se cifraron en eso: en atender la demanda de las delegaciones extranjeras y de las plazas beisboleras de nuestro país.

Contar con el mejor estadio de beisbol de América Latina fue, sin duda, uno de los grandes atractivos del evento, a lo que hay que agregarle, para explicarnos su éxito, una sólida infraestructura hotelera, un aeropuerto moderno y funcional, excelentes vías de comunicación, cercanía con destinos de playa, la rica oferta gastronómica y atractivos adicionales como casinos, bares, centros nocturnos y amplia variedad restaurantera.

Además, Héctor Ley y sus hermanos Marco y Diego, se apoyaron en un eficiente equipo de trabajo coordinado por Jaime Blancarte, para cumplir sobradamente los objetivos trazados; uno de ellos, la atención a delegaciones extranjeras y a los representantes de los medios de comunicación, procedentes de la región, el resto del país y el extranjero.

Y por lo que hace a lo deportivo, el interés se mantuvo hasta el último out del torneo.

Aguilas de Mexicali protagonizó la gran final contra los Criollos de Caguas – tras victorias en semifinales sobre Cuba y Venezuela, respectivamente – y durante nueve innings el partido se mantuvo 0-0 en medio de una gran tensión en el graderío. México estuvo cerca de ganar sobre la novena ronda; pero un mal corrido de bases echó la oportunidad por la borda. Caguas hizo la solitaria carrera en la parte baja del décimo capítulo – doble, mal fildeado por Mustellier en el jardín derecho, toque de bola  y elevado de sacrificio – y todo quedó escrito: los Criollos se llevaron a Puerto Rico el cetro de la Serie del Caribe Culiacán-2017.

Inolvidables recuerdos y una pregunta: ¿Cuántos años más pasarán para tener una nueva Serie de Caribe en Culiacán?

Hacen fila: Mexicali, Hermosillo y ahora hasta Monterrey, posiblemente.

 O sea: muchos pues.

Sabremos esperar.

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