La estrategia de seguridad pública sigue sin funcionar. Parece que los responsables de aplicarla se aferran a un esquema que no responde a las exigencias sociales.
2 de junio de 2026.
Demasiados desfiles militares sin que logren inhibir a los delincuentes. La ciudad de Culiacán se ha convertido en un centro de barricadas propias de los clásicos croquis que diseñan los mandos militares.
Una ciudad amurallada con filtros encostalados y con restricciones en la circulación con neumáticos instalados en líneas que evitan la libre circulación vehicular, causa malestar ciudadano. Algunos me han dicho que si no me da temor de hacer este tipo de señalamientos. No, de ninguna manera.
Causa temor el hecho de que en redes sociales circule la información de que en el periodo de esta guerra que no han podido detener, se hayan cometido más de cuatro mil homicidios, más de cinco mil desaparecidos y alrededor de trece mil robos violentos de vehículos. El problema es que la cifra negra de dichos delitos lo elevan mucho más esos sucesos delictivos.
Mientras que la ciudad está cercada con fuerzas militares los delitos se siguen consumando. Casas balaceadas e incendiadas. Personas levantadas u asesinadas. Algo falla y que no se ha querido reconocer.
Numerosos son los elementos militares que participan en la estrategia implementada. No se hace mención de los elementos de las policías municipales y estatal que también se suman a este contingente, porque para los mandos militares no son de fiar y porque los han desdeñado vilmente.
¿Qué ocurre con el Consejo Estatal de Seguridad Pública que no reacciona? ¿Tiene a su cargo la misión de coordinar a las policías o los mandos militares no les hacen caso? La Coordinación General de dicho Consejo también está facultada para darle seguimiento a la estrategia de seguridad que se aplica en Sinaloa para pronunciarse si esta está dando o no resultados.
No hay que simular que se está trabajando. La sociedad quiere resultados, pero las tensiones diarias por los hechos violentos que ocurren hacen que el silencio ciudadano sea la premisa en estos momentos de inquietud social.
El silencio de los sectores organizados de la sociedad civil preocupan, porque no alzan la voz y se manifiestan ¿Qué ocurre con esa pausa ciudadana? El silencio puede convertirse en cómplice de las ineficiencias gubernamentales.
Son muchos meses de angustia y de violencia. Por todos los puntos cardinales de la ciudad y del estado se sienten los embates delincuenciales. El costo presupuestal que le representa al estado una fuerza militar que ha la fecha no ha respondido a las expectativas ciudadanas, debe ser revisada urgentemente y poner un ultimátum. Pacifican el estado o se regresan a sus cuarteles.
Silencio total. Mientras los delincuentes siguen atacando sin obstáculos, por otro lado, las redes sociales se saturan cuestionando una reingeniería que será la salvación de la jubilación de los universitarios rosalinos.
Se entiende la defensa de no ser molestados en su percepción jubilatoria, pero no llevar a cabo el cumplimiento de este requerimiento federal la prestación será historia en la Universidad
Autónoma de Sinaloa, porque la misma, puede desaparecer. Las fichas del ajedrez siguen jugando.
¿Usted qué opina?











