La política requiere nuevos paradigmas para propiciar el cambio en la confianza ciudadana.
8 de julio de 2026.
Gobernar, requiere de hombres y mujeres que se sacudan el pasado de desconfianza, corrupción y complicidades. La sociedad quiere a esos políticos que busquen el bienestar general de la población y la doten de servicios públicos de calidad y con oportunidad.

Políticos de conveniencia deben ser desterrados del tablero político y apostarle a perfiles que realmente tengan la determinación de colaborar para obtener ese cambio tan esperado. Muy prometido pero muy deteriorado y decepcionante. La corrupción ha ensuciado la credibilidad política y principalmente a la de los partidos.
Surgen por ahí personajes empresariales coyunturales. Sin vocación y tampoco con trayectoria pública. Pagan a emisarios para que les difundan artículos que exalten virtudes de las cuales carecen, y vacíos de todo compromiso social.
Debemos apostarle a políticos de sepa, a personas que tengan identidad social y que no vean en el gobierno la oportunidad de resolver sus carencias económicas. El gobierno, no puede ni debe ser considerado una extensión para obtener beneficios patrimoniales particulares o de grupos que fomenten la corrupción.
Sinaloa, requiere de políticos visionarios. Esos que busquen la confianza social, la colaboración colectiva, la promoción del desarrollo económico y la seguridad ciudadana. Quienes aspiren al gobierno, deben convencer con discursos que comprometan, pero, además, que sean perfiles que la sociedad conozca y les tenga confianza.

Los procesos electorales, son como los ramilletes de flores en primavera, perfuman el ambiente y aparecen como abejas quienes quieren gobernar. Demasiados abejorros sin oficio político y sin brújula social.
Quienes se paren en el arrancadero, deberán convencer que están muy desligados de relaciones con miembros de los poderes fácticos. Debe limpiarse el terrero de comentarios tendenciosos y de complicidades. La sociedad tiene todo el derecho de votar por un político sano y apartado de compromisos con los promotores del mal.
La crisis de inseguridad compromete mucho más a personas con compromiso social y limpios de ligas con el narco. La seguridad pública y la procuración de justicia deben estar en las prioridades del gobernante. Dotar a las instituciones policiales de los elementos que se requieran y regresar a la milicia a los cuarteles.

La fiscalía general, debe tener una verdadera autonomía constitucional. Ya basta que al frente de la institución del ministerio público se designen a fiscales carnales a través de ternas de aspirantes que lejos de generar empatía social avergüenzan por la simulación que irrita la sensibilidad colectiva.
Políticos que le apuesten a desterrar la simulación y se fortalezcan las instituciones policiales. Que quien dirija la institución del ministerio público, tenga capacidad plena para realizar los cambios que recuperen la confianza social en la misión de investigar el delito y desterrar la impunidad.
El compromiso político de quien arribe a la dirección del estado y a las presidencias municipales, deberán seguir esas reglas porque es la mejor forma de abonarle a la transformación del estado y dotar a la sociedad de esa paz que quiere que sea realidad.
La improvisación política no es la mejor opción. El buen político no es quien siembra más espectaculares, o el que se luce ante notarios certificando sus compromisos. La trayectoria del aspirante será la luz que ilumine el voto ciudadano. En nosotros, está, exigir del político que el gobierno es para servir y no para seguir fomentando la corrupción.
¿Usted qué opina?








