Desaparecido en combate. Si Chuck Norris fue prisionero siete años… fue porque la guerra no se atrevía a liberarlo.

Por Marco Ramírez
25 de marzo de 2026.
La noticia del reciente fallecimiento de Chuck Norris, ocurrido apenas nueve días después de haber cumplido 86 años, ha provocado que muchos revisitemos una filmografía que, para bien o para mal, forma parte esencial del imaginario popular del cine de acción.

Quien escribe estas líneas decidió hacer justamente eso, volver sobre algunas de sus películas como una forma de rendir un modesto homenaje a una celebridad que, con la llegada de Internet, terminó convirtiéndose en una suerte de deidad humorística gracias a los famosos “Chuck Norris Facts”.
Antes de convertirse en ícono del cine de acción, Norris ya era conocido como campeón de karate. De hecho, su primer contacto importante con el cine llegó con La furia del Dragón (1972), dirigida y protagonizada por Bruce Lee.
En aquella cinta quedó para la posteridad una de las escenas más memorables del cine de artes marciales; el combate entre Lee y Norris en el Coliseo de Roma. Aquella pelea fue suficiente para inscribir ambos nombres en la mitología del género.
A partir de ahí vendrían títulos que consolidarían su perfil de héroe como Delta Force (1986), Invasión a los EE.UU. (1985) y El lobo solitario (1983), entre otros. Sin embargo, si hay una película que terminó por definir su carrera y su imagen pública fue sin duda Desaparecido en Combate, dirigida por Joseph Zito.

Tras su estreno, la cinta se convertiría en la primera parte de una trilogía que consolidó definitivamente a Norris como figura del cine de acción ochentero.
La trama presenta a Norris como el coronel James Braddock, un prisionero de guerra en Vietnam que logra escapar después de siete años de cautiverio.
Sin embargo, cuando regresa a Estados Unidos nadie parece creerle que aún quedan soldados norteamericanos retenidos en ese país. Y si Braddock tiene razón, reconocerlo sería una afrenta nacional.
Para esclarecer esos rumores, una delegación estadounidense viaja a Vietnam acompañada por el propio Braddock. Una vez ahí, el excombatiente descubre dónde están los prisioneros y emprende una arriesgada operación de rescate para exponer la verdad, tanto ante los vietnamitas como ante su propio gobierno.
Muchos espectadores suelen pensar que esta premisa es prácticamente la misma que la de Rambo: First Blood Part II, protagonizada por Sylvester Stallone.

Pero, como si se tratara de uno de esos célebres “Chuck Norris Facts”, la cronología juega aquí una curiosa ironía, cuando Stallone estrenó su película en 1985,
Norris ya había pasado por la taquilla meses antes. Desaparecido en Combate se estrenó en noviembre de 1984 y ya había generado millones de dólares.
En términos estrictamente cinematográficos no hay mucho más que decir del filme. Es testosterona pura. Explosiones, armas automáticas, combates cuerpo a cuerpo y una exageración constante que definió gran parte del cine de acción estadounidense de los años ochenta.
Pero su relevancia va más allá del entretenimiento. Con Desaparecido en Combate, Norris se incorporó al imaginario colectivo como héroe de acción de mediados de los años ochenta, cuando Estados Unidos abrazaba una renovada retórica nacionalista impulsada por el presidente Ronald Reagan (quien, por cierto, también había sido actor en Hollywood). En ese contexto, figuras como Stallone, Arnold Schwarzenegger y el propio Norris funcionaron, de una u otra forma, como vehículos culturales de esa narrativa.
Hoy, tras la partida de Chuck Norris, quizá valga la pena revisitar Desaparecido en Combate. No para analizar con lupa sus fallas, que son muchas; sino para recordar aquellas visitas sabatinas al videoclub o esa etapa adolescente, particularmente masculina, ávida de héroes y aventuras.
La película se encuentra disponible en la plataforma de Metro-Goldwyn-Mayer y también puede rentarse en Amazon Prime Video y Apple TV. Un buen pretexto para despedir, a su manera, a uno de los rostros más singulares del cine de acción popular.






