México 86. Cuando el futbol, la corrupción y un país comparten la misma cancha.

Por Marco Ramírez.
10 de junio de 2026.
En columnas pasadas comentábamos que la celebración de la Copa Mundial de Futbol de 2026 inevitablemente provocaría una avalancha de contenidos relacionados con este deporte.

Historias, documentales, series, personajes y acontecimientos volverían a ocupar espacios en plataformas de streaming, buscando aprovechar el interés generado por el torneo. Dentro de esa tendencia aparece México 86, película disponible en Netflix que busca revisitar uno de los momentos más importantes en la historia del futbol mexicano.
El director Gabriel Ripstein regresa a la década de los ochenta después del éxito obtenido con la adaptación televisiva de la obra teatral Mentiras. En esta ocasión se acerca a una realidad que, aunque reinterpretada, tiene raíces históricas evidentes. Desde los primeros minutos, la cinta advierte al espectador con una frase tan sencilla como reveladora “Algunas de estas cosas sí pasaron”.
La película sigue la historia de Martín de la Torre, personaje interpretado por Diego Luna e inspirado de manera vaga en Rafael del Castillo, quien fuera presidente de la Federación Mexicana de Futbol.
En esta versión, Martín es un trabajador ordinario de la FEMEXFUT que encuentra una oportunidad única para transformar su vida y escapar de una realidad con la que nunca estuvo completamente satisfecho.

Uno de los mayores atractivos de la producción es su sólido reparto. Figuras como Karla Souza, Daniel Giménez Cacho, Álvaro Guerrero, Memo Villegas y Juan Pablo Fernández, entre otros, dan vida a personajes inspirados en algunas de las figuras más relevantes involucradas en la organización del Mundial de 1986.
A lo largo de la historia aparecen nombres fundamentales para comprender aquel proceso, como Emilio Azcárraga Milmo, Guillermo Cañedo, João Havelange y, por supuesto, Hugo Sánchez, uno de los máximos ídolos en la historia del futbol mexicano.
Narrativamente, México 86 adopta un tono de tragicomedia que mezcla acontecimientos históricos con elementos de ficción. La intención es evidente que es construir una película más accesible y cinematográfica para el público general.
Sin embargo, las referencias a personajes y situaciones reales son tan claras que resulta imposible separar completamente la ficción de los hechos documentados.
Quizá sea precisamente ahí donde la película encuentra su principal punto débil. Los conocedores de la historia del futbol mexicano podrían sentirse incómodos con ciertas licencias narrativas y con la manera en que algunos acontecimientos son simplificados o modificados para favorecer el drama.

Después de todo, el proceso mediante el cual México se convirtió en el primer país en repetir como sede de una Copa del Mundo es una historia compleja que difícilmente cabe en poco más de dos horas.
A ello se suma una subtrama romántica entre los personajes interpretados por Diego Luna y Karla Souza que nunca termina de encontrar su lugar dentro del relato.
Aunque busca aportar una dimensión emocional a la historia, por momentos parece distraer la atención de los acontecimientos realmente interesantes.
Afortunadamente, la película acierta en algo mucho más importante; el de retratar el contexto político, económico y deportivo que rodeó la llegada del Mundial a nuestro país.

Se incluyen hechos fundamentales como la renuncia de Colombia en 1982, cuando el gobierno de aquella nación decidió desistir de la organización del torneo debido a las exigencias económicas y de infraestructura impuestas por la FIFA, obligando al organismo a buscar una sede sustituta.
También resulta acertada la representación de la incertidumbre generada tras los devastadores sismos de septiembre de 1985 en la Ciudad de México. La tragedia puso en duda la capacidad del país para albergar el torneo apenas unos meses después. La película refleja con precisión el ambiente de tensión social de aquella época.
Dentro de ese contexto sobresale la figura de Emilio Azcárraga Milmo. Una de las escenas más memorables ocurre cuando el personaje pronuncia una frase contundente que es “El futbol no le pertenece a ninguna federación. Es mío”. Más allá de la licencia dramática, la declaración resume una percepción que durante décadas acompañó al futbol mexicano.
Y si hay un tema que la película toca y que resulta especialmente vigente en estos tiempos, es el de las corruptelas y sobornos que rodearon la organización del Mundial de 1986. Durante décadas han circulado investigaciones, señalamientos y teorías sobre las negociaciones que permitieron que México obtuviera la sede.

Todo ello inevitablemente conduce a uno de los capítulos más oscuros en la historia del balompié nacional: el escándalo de los Cachirules. Aunque ocurrió dos años después de la Copa del Mundo, en 1988, representa una especie de epílogo natural para las prácticas que la película sugiere.
La utilización de jugadores con edades falsificadas en la selección Sub-20 provocó una sanción histórica para México, dejándolo fuera de toda competencia internacional durante dos años. La consecuencia más dolorosa fue la ausencia de nuestro país tanto de la Copa Mundial de Italia 1990.
Mientras llega el silbatazo inicial, películas como México 86 nos recuerdan que detrás de cada Mundial existe una historia mucho más compleja que los noventa minutos que vemos sobre la cancha.
México 86 ya está disponible en Netflix. Agréguela a la lista.








