Qué triste panorama el que se observa en la geografía estatal. La población temerosa en sus propios domicilios sintiendo la presencia muy cercana de personas dedicadas a la generación de violencia.
24 de julio de 2026.
Las preguntas surgen como cascadas en las montañas ¿realmente la presencia militar en el estado le ha aportado beneficios a la población que es quien sufre los embates de la delincuencia?

Las carreteras federales sobre todo en la libre, continuamente hay cuadrillas de trabajadores que tienen que realizar trabajos de mantenimiento en esas rúas federales. Sus responsabilidades son diversas, el que, con sus banderines, controla el flujo vehicular, los que manejan el material de relleno y los que se encargan del equipo que se utiliza para esas reparaciones.
El problema no es lo que hacen, lo que tienen que enfrentar con algunos conductores que actúan y que constituyen una real amenaza a la seguridad de esos trabajadores.
La demora por los controles vehiculares los pone nerviosos, sus prioridades son otras y los riesgos para quien trabaja son bastantes.
Como son caminos federales, la vigilancia corresponde a la Guardia Nacional, una policía militar que se esfuerza en cumplir con las funciones de policía pero que todavía no dominan, por lo que se dedican a detener para revisar o infraccionar a los conductores de los vehículos pesados como tráiler y otros. Los maleantes no se preocupan por circular por esos caminos de Sinaloa.

El problema no para en lo que ocurre en las rúas federales, la gravedad del asunto debe verse con mayor cuidado y actuar con todo el poder del estado, porque la ciudadanía está indefensa y temerosa.
Grupos delincuenciales se apropian de viviendas en poblados y nadie dice nada por una sencilla razón lógica. Si dicen o denuncian esa presencia su seguridad está en evidente peligro.
En este escenario inseguro, no podemos responsabilizar a las autoridades locales, por la simple y sencilla razón de que no tienen autoridad. Quien tiene a su cargo el dominio de esta estrategia fallida, es la autoridad militar.
Circulan personas y familias por los caminos de Sinaloa, pero la percepción en los viajeros vacacionistas no es muy confortable. El temor, es el acompañante viajero. La amenaza delincuencial está presente aun y cuando la presencia nutrida de personal militar patrullando no logra proporcionar confianza al ciudadano. Las muertes violentas y enfrentamientos en la geografía estatal no se pueden negar.

Está muy cerca el suceso del veinticinco de julio del dos mil veinticuatro, las redes de autoridad deben fortalecerse, las reacciones por lo ocurrido en aquella fecha, fue el detonante de la declaración de guerra entre las facciones entre los grupos en pugna, que buscan venganza por un lado y por otro el control total del cártel de pacífico. Circunstancias, que pueden comprometer aún más la inseguridad ciudadana.
En esta narrativa de opinión, no está por demás seguir mencionando lo inútiles que resultan esos filtros militares de atención ciudadana. Son filtros de restricción a la libertad de tránsito porque se violenta un derecho esencial como es el de legalidad.
Te detienen, te interrogan, te exigen identificación, y justificar o mencionar a donde te diriges o de donde vienes, naturalmente que eso constituye un salvoconducto de facto.
En un filtro militar, ninguna autoridad tiene mandamiento para revisar personas y vehículos, salvo cuando a la vista se observe algún objeto o sustancia que pueda obligar a la autoridad a intervenir de inmediato.
Está de sobra decir, que la fuerza militar debe ser auxiliar de la autoridad civil en labores de policía. El problema es, que el gobierno civil, al parecer ya fue despojado de esa facultad.
¿Usted qué opina?


