El carnaval internacional de Mazatlán es una fiesta anual que atrae a los habitantes del puerto, del país y de más allá de nuestras fronteras nacionales.
17 de febrero de 2026.
Sus registros datan de por allá el lejano 1827 con convites y mascaradas. La llamada fiesta o juegos de harina en la que participaban los soldados que custodiaban el puerto y parte de la población que realizaban bailes y comparsas.

Eran batallas campales entre grupos o barrios rivales con harina, calificándola entonces como una fiesta de locura. Ante esas hostilidades las autoridades mazatlecas deciden organizar las fiestas creando el comité y realizando los primeros desfiles y la coronación del primer rey en la persona de Gerardo de la Vega.
En esa fiesta se inicia con el combate naval como un recordatorio del triunfo de las fuerzas nacionales contra los invasores franceses en 1864. Un evento que desde entonces se ha vuelto tradicional y atrayendo visitantes nacionales y extranjeros. El puerto y Sinaloa se convierten en una atracción nacional.
La tertulia carnavalesca no ha sido obstáculo para realizarla aun con guerras, pandemias e inseguridad. La población pide y se concentra a disfrutar de una tradición que no la quiere dejar. Es una manifestación ciudadana natural.

Los comportamientos sociales no se constriñen a atrincherarse en los quehaceres domésticos, en el trabajo de oficinas, en las empresas o en las rutinas laborales obligadas. La sociedad también quiere encontrar espacios de diversión, y el carnaval es un escape a las tensiones que la vida diaria impone.
La gente espera febrero o marzo para disfrutar del carnaval. Una fiesta que se disfruta y que se convierte en una multitud que expulsa temores y angustias. La inseguridad en estos tiempos no representó ningún obstáculo para reunirse y divertirse y, si no lo creen, ahí están las más de quinientas mil personas que se dieron cita a lo largo de ese precioso malecón mazatleco.
La fiesta mazatleca, mando el mejor de los mensajes a esa delincuencia que a través de la violencia, quiere imponer sus condiciones. La sociedad de bien quiere vivir en paz y al delincuente el destierro y la cárcel.

Muchos meses de angustia y de terror se desvanecen ante una sociedad que se ha atrevido a romper círculos de tensión por las amenazas y las agresiones violentas de una delincuencia que debe ser enfrentada y vencida con todo el poder del estado. Ya basta.
Los golpes delincuenciales, siguen causando daños dolorosos. Homicidios y levantones se registran diariamente. Pero la sociedad no quiere dejarse invadir por una delincuencia descarnada de sentimientos y valores.
Los espacios de recreación y de convivencia comunitaria tienen que recuperarse. El carnaval de Mazatlán es una fiesta que seguirá teniendo en los primeros planos de atención a Sinaloa como un estado de hombres y mujeres trabajadores y un gobierno que se esfuerza por hacer que la sociedad viva en condiciones de bienestar.
La simiente que armoniza no permitirá ninguna invasión de violencia y de inseguridad. Nuestros hijos quieren un ambiente de paz y diversión. Un lugar propicio para su desarrollo y un espacio donde puedan sentirse orgullosos de pertenecer a Sinaloa.
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