De Duro de Matar, pasando por Caracortada y Kill Bill, estas son las mejores muertes del cine: escenas icónicas, inesperadas, brutales o gloriosas.
Agosto 16 de 2025.
No hay nada como la recompensa de las mejores muertes del cine. En la mayoría de los casos, se trata de un villano recibiendo lo que merece. Pero, al mismo tiempo, las mejores muertes suelen sorprendernos, ya sea por llegar en un momento inesperado o por acabar con un personaje que normalmente esperaríamos que sobreviviera. A menudo es una combinación de ambas: piensa en Janet Leigh en Psycho, apuñalada en la regadera a mitad de la película pese a ser la protagonista, o en Samuel L. Jackson en Alerta en lo Profundo (Deep Blue Sea), devorado por un tiburón justo después de uno de sus característicos monólogos motivacionales.
Si el efecto no es el de impactar, generalmente se puede confiar en que la escena de muerte sea bastante satisfactoria; por eso tienden a ser de las más vistas una y otra vez en YouTube (y no, no es solo por un interés morboso).
Para esos ejemplos basta recordar la caída de Alan Rickman desde lo alto del Nakatomi Plaza al final de Duro de Matar (Die Hard), la culminación perfecta de dos horas de tensión llena de acción; también están los muchos villanos que reciben su castigo melodramático a manos de James Bond (siguiendo con el tema de caídas, elegimos a Trevelyan, interpretado por Sean Bean, en GoldenEye). Nuestro ranking definitivo de las mejores muertes en el cine está a continuación.
10. Un tiburón mutante devora a Samuel L. Jackson en Alerta en lo Profundo (Deep Blue Sea)

Ni ese mensaje motivacional de antología salvó al personaje de Samuel L. Jackson de una terrible muerte.Cortesía.
Quizá hoy, después de Game of Thrones, sea fácil olvidar que en otros tiempos los actores famosos —y los héroes aparentemente esenciales para la trama— rara vez morían en pantalla. Si lo hacían, era todo un evento: el más famoso sin duda sigue siendo Janet Leigh en Psycho, la protagonista rubia que muere apuñalada en la regadera a mitad de la cinta. Eso por sí solo podría estar en esta lista, pero preferimos incluir otro shock: esa parte en el alocado thriller de tiburones Alerta en lo Profundo (Deep Blue Sea) en la que Samuel L. Jackson suelta un monólogo contundente —aprovechando su imagen pública de tipo duro— sobre cómo todos van a escapar de la base de investigación submarina infestada de tiburones gigantes, antes de ser devorado en segundos. Hay exactamente dos razones para volver a ver Deep Blue Sea, una B-movie cutre pero curiosamente de las mejores sobre tiburones: LL Cool J vengando a su querido loro incinerando a una de las bestias en la cocina (“You killed my bird”, una línea de culto); y la muerte de Jackson, un momento imperdible que siempre aparece recomendado en YouTube.
9. Sonny es acribillado a balazos en El Padrino (The Godfather)
Uf, esto sí que es ensañamiento. El Padrino está llena de violencia y asesinatos, claro, pero nadie recibe un final como Sonny (James Caan), el hijo mayor de Vito Corleone (Marlon Brando) y heredero natural del trono familiar. Parece invencible, quizá por eso Francis Ford Coppola quiso que su muerte fuera absolutamente inequívoca. De regreso a casa, Sonny llega a una caseta de peaje, donde queda bloqueado por el auto de adelante; segundos después, un grupo de hombres armados con metralletas Thompson —el arma favorita de cualquier mafioso que se respete— emerge de la cabina y convierte a Sonny y su coche en picadillo. Su cadáver es acribillado de nuevo y rematado con una patada en la cabeza. (Por si las decenas de balas no fueran suficientes). Es una de las escenas más icónicas de The Godfather, inesperada por tratarse de un personaje clave hasta ese momento y brutal, sobre todo para ser Hollywood a inicios de los 70.
8. Una última ronda de ruleta rusa en El Francotirador
De todas las grandes películas sobre Vietnam, pocas capturan el trauma de la guerra como El Francotirador (The Deer Hunter), en la que un grupo de amigos de clase trabajadora de Pensilvania es capturado por el Viet Cong y forzado a jugar ruleta rusa. Tras escapar, todos quedan marcados, pero ninguno tanto como Nick (Christopher Walken), que desaparece en Saigón en vísperas de su caída. Se descubre que participa regularmente en estos juegos en los casinos clandestinos. Mike (Robert De Niro) intenta rescatarlo, pero cuando lo encuentra Nick ya es un muerto en vida (aplausos al maquillaje por ese aspecto enfermizo). La verdad es que, incluso antes de apretar el gatillo, ya estaba acabado.
7. Carl recibe un hachazo en Fargo
Fargo es de esas películas que se pueden ver una y otra vez, con su humor negro, actuaciones brillantes y la fotografía de Roger Deakins mostrando lo hermoso de Dakota del Norte bajo la nieve. El humor surge de lo terribles que son las decisiones de los personajes, siempre impulsados por la avaricia: Jerry (William H. Macy) manda secuestrar a su esposa, lo que lleva a su muerte y a su propia condena perpetua. Pero la peor decisión la toma Carl (Steve Buscemi), asesinado por su socio psicópata Gaear (Peter Stormare) tras discutir por la propiedad de un auto Ciera. Recibe un hachazo en la cara al estilo El Resplandor. Luego, otro macabro chiste: Marge (Frances McDormand) sorprende a Gaear metiendo el cuerpo de Carl en una trituradora de madera. Y pensar que, si se hubiera quedado con la camioneta, Carl se habría llevado un millón de dólares.
6. La Técnica del Corazón Explosivo de Cinco Puntos en Kill Bill Vol. 2
Se puede argumentar que Tarantino es el rey de las escenas de muerte. Como mínimo, hay pocos —si es que alguno— directores tan cercanos a la cultura pop que repartan violencia y sangre de forma tan rutinaria. Para el factor cómico de shock, podrías pensar en la cabeza de Marvin volando accidentalmente en Pulp Fiction; en la gloriosa satisfacción de venganza cuando a Samuel L. Jackson le destrozan las rodillas en Django Unchained; o en la cantidad de nazis que son desollados en Inglourious Basterds, lo cual nunca está de más. Pero las mejores muertes del cine suelen venir acompañadas de una especie de recompensa catártica —en términos simples, deberían hacernos sentir algo—. Y ninguna es tan agridulce, aunque completamente merecida, como la de Bill en Kill Bill Vol. 2, en la que Beatrix Kiddo (Uma Thurman) ejecuta su venganza contra su antiguo amante y asesino en potencia, despachándolo con la técnica secreta de kung-fu que su maestro (Pai Mei, interpretado por Gordon Liu) se negó a enseñar a cualquier otra persona. Es triste, porque se percibe que todavía queda algo de amor entre ellos. Eso, y que literalmente tienen una hija en común. Pero uno de los dos tenía que morir, y la pista está en el título.
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5. El disparo en la cabeza de Leo en el elevador en Los Infiltrados (The Departed)
Que nadie es digno de confianza, sobre todo en el peligroso mundo del trabajo policial encubierto —donde en cualquier momento puedes recibir una bala entre los ojos— es, en esencia, la premisa de Los Infilitrados. Aun así, ¿tenían que hacerle eso a mi chico Leo? Para recapitular brevemente: tras dos horas viendo a Billy Costigan (Leonardo DiCaprio) desentrañar quién es el infiltrado de la mafia en la policía de Boston, finalmente descubre al culpable: Colin Sullivan (Matt Damon), corrompido desde niño por el gran jefe Frank Costello (Jack Nicholson). Arrestando a Sullivan en una azotea, Costigan lo lleva triunfalmente hasta la calle en un elevador, sabiendo el destino desolador que le espera —el resto de su vida en prisión, al menos— mientras Sullivan suplica que lo maten. Y entonces: ding. La puerta del elevador se abre y Costigan recibe un disparo en la cabeza sin ceremonias por parte de otro policía corrupto. Es, posiblemente, la muerte más inesperada del cine moderno, que refuerza con fuerza algunos de los temas centrales de The Departed: la justicia nunca está garantizada y nunca sabes quién podría ser una rata.
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4. Trevelyan cae y es aplastado por su propia guarida malvada en GoldenEye
Que los grandes villanos de las películas de James Bond mueran de manera melodramática y un tanto ridícula es un tropo que se ha quedado en la franquicia tanto como el “shaken not stirred” o los autos cargados de gadgets. De hecho, una de las formas en que Casino Royale marcó su reinvención realista de Bond fue dándole a Le Chiffre (Mads Mikkelsen) una “anti-muerte”: simplemente lo disparan, y ya. Por el contrario, GoldenEye de 1995 contiene una de las muertes más ridículas y gloriosamente exageradas de toda la saga; apropiadamente, es Sean Bean —indiscutible rey de las muertes en pantalla— quien interpreta a Trevelyan, dejado caer casi hasta la muerte desde una plataforma suspendida bajo su guarida: un gigantesco transmisor colgado a cientos de metros sobre la jungla cubana. Esto ocurre después de su confrontación final con Bond, su antiguo aliado convertido en enemigo: “¿Por Inglaterra, James?”, suplica mientras 007 lo sostiene como carnada sobre el claro. “No. Por mí”. Trevelyan golpea el suelo, escupe sangre y de alguna manera sigue vivo. Entonces la base explota, y toneladas de escombros y acero caen sobre él, aplastándolo hasta dejarlo irreconocible. Bueno, nadie sabe morir con tanto estilo como Sean Bean.
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3. Tony Montana muere en un estallido de gloria cocainómana en Caracortada (Scarface)
Que los grandes villanos de las películas de James Bond mueran de manera melodramática y un tanto ridícula es un tropo que se ha quedado en la franquicia tanto como el “shaken not stirred” o los autos cargados de gadgets. De hecho, una de las formas en que Casino Royale marcó su reinvención realista de Bond fue dándole a Le Chiffre (Mads Mikkelsen) una “anti-muerte”: simplemente lo disparan, y ya. Por el contrario, GoldenEye de 1995 contiene una de las muertes más ridículas y gloriosamente exageradas de toda la saga; apropiadamente, es Sean Bean —indiscutible rey de las muertes en pantalla— quien interpreta a Trevelyan, dejado caer casi hasta la muerte desde una plataforma suspendida bajo su guarida: un gigantesco transmisor colgado a cientos de metros sobre la jungla cubana. Esto ocurre después de su confrontación final con Bond, su antiguo aliado convertido en enemigo: “¿Por Inglaterra, James?”, suplica mientras 007 lo sostiene como carnada sobre el claro. “No. Por mí”. Trevelyan golpea el suelo, escupe sangre y de alguna manera sigue vivo. Entonces la base explota, y toneladas de escombros y acero caen sobre él, aplastándolo hasta dejarlo irreconocible. Bueno, nadie sabe morir con tanto estilo como Sean Bean.
Nada satisface tanto al cerebro masculino primitivo como una muerte valiente y honorable. Podrías pensar también en Butch Cassidy and the Sundance Kid, con su famoso freeze frame y la frase “for a moment, I thought we were in trouble”, pero nuestra “muerte en llamas de gloria” favorita tiene que ser la que filmbros y fraternidades han idolatrado, para bien o para mal, desde mediados de los 80. Obviamente hablamos de la última resistencia de Al Pacino en Scarface, en la que se mete una montaña de cocaína, vuela a un grupo de sicarios del cartel colombiano con un lanzagranadas y procede a arrasar con el resto usando un M16 en modo munición infinita. Se mantiene desafiante hasta el final —¿qué importa si te convierten en colador cuando estás tan drogado que ni un elefante podría mantenerse en pie?— y cae dramáticamente en su fuente después del disparo fatal de un sicario en gafas retro. Con una escopeta recortada. “The World is Yours”, en efecto.
2. John Coffey es enviado a la silla eléctrica en Milagros inesperados (The Green Mile)
En mi experiencia, incluso los hombres más emocionalmente reprimidos admiten haber llorado en ciertas escenas de películas; casi es más vergonzoso decir que no, porque nadie es tan frío y es obvio que solo estás fingiendo dureza. Caso ejemplar: Milagros Inesperados, la segunda adaptación exitosa de Stephen King dirigida por Frank Darabont después de The Shawshank Redemption (y, en mi opinión, la superior), otro drama carcelario de época que gira en torno a la relación entre un puñado de condenados a muerte y los guardias que los vigilan. Tom Hanks, el “papá de América”, humaniza a los oficiales; y Michael Clarke Duncan interpreta a John Coffey, un gigante bondadoso que podría ser Jesucristo, basándonos en los poderes mágicos —y la empatía radical— que muestra. Durante más de tres horas llegamos a conocerlos a todos, y se hace evidente que Coffey es lo mejor de la humanidad; un alma hermosa que podría hacer mucho bien en el mundo. Y sin embargo, cuando llega el momento de llevarlo a la silla eléctrica, él decide morir —tal es el dolor que siente de existir en un mundo plagado de sufrimiento—. La escena en sí es desgarradora, y no hay quien no haya quedado destruido al verla.
1. Hans Gruber cae repentinamente en Duro de Matar (Die Hard)
Siendo una de las mejores películas de acción jamás hechas, Duro de Matar está empapada de ese tipo de mitología trivial que se repite entre amigos borrachos en fiestas —o que tu hermano suelta cada año durante el rewatch navideño— prácticamente desde que se estrenó. La historia apócrifa más famosa de todas: la filmación de la muerte de Hans Gruber (Alan Rickman), en la que cae desde el último piso del Nakatomi Plaza tras su enfrentamiento final con John McClane (Bruce Willis) y se precipita hacia su muerte. La mirada de miedo capturada en sus ojos, en ese ya icónico close-up en cámara lenta, supuestamente fue real. El relato dice que Rickman, quien aceptó rodar la escena él mismo —lo que implicaba ser dejado caer unos ocho metros sobre una colchoneta gigante—, debía ser soltado tras la cuenta de tres, pero el travieso equipo de dobles lo dejó caer antes, de ahí la sorpresa genuina en su rostro. El momento se vuelve aún más glorioso gracias al remate cómico de Paul Gleason, quien, interpretando al incompetente jefe de la policía de Los Ángeles, lo observa desde abajo y suelta: “Oh, espero que ese no fuera un rehén”.
Artículo publicado originalmente en British GQ.





