A 24 AÑOS DE DISTANCIA

Por: Roberto Montoya Martínez
17 de abril de 2026.
A 24 años de su partida, la figura de María Félix sigue erguida, imponente, como uno de los símbolos más sólidos de la Época de Oro del cine mexicano. Su nombre continúa evocando carácter, belleza indomable y una personalidad que trascendió la pantalla para convertirse en leyenda.

María de los Ángeles Félix Güereña, conocida simplemente como “La Doña”, falleció el 8 de abril de 2002, dejando tras de sí una estela de admiración que no se ha desvanecido con el paso del tiempo. Su presencia no solo marcó a generaciones de espectadores, sino que redefinió el papel de la mujer en el cine latinoamericano: fuerte, independiente, desafiante y dueña de su destino.
Nacida en Álamos, Sonora, en 1914, María Félix llegó al cine casi por casualidad, pero su impacto fue inmediato. Películas como Doña Bárbara, Enamorada y La diosa arrodillada no solo consolidaron su carrera, sino que también la colocaron como una figura central en la construcción del imaginario cinematográfico mexicano. En cada interpretación, su mirada penetrante y su voz firme transmitían una autoridad pocas veces vista en la pantalla.
Más allá de su talento actoral, María Félix cultivó una imagen pública cuidadosamente construida. Su estilo elegante, su gusto por la alta costura y sus relaciones personales —muchas de ellas rodeadas de polémica— alimentaron el mito. Fue admirada por artistas, intelectuales y diseñadores internacionales, y se convirtió en un referente de sofisticación y carácter.

Sin embargo, su legado va más allá de la estética o la fama. María Félix rompió moldes en una época donde los roles femeninos eran limitados. Se negó a ser encasillada, rechazó papeles que consideraba indignos y defendió siempre su independencia, tanto en su vida profesional como personal. En sus propias palabras: “A un hombre hay que llorarle tres días… y al cuarto, te pones tacones y ropa nueva”.
Hoy, a más de dos décadas de su muerte, su influencia sigue presente. Nuevas generaciones descubren su filmografía y se sorprenden ante la vigencia de su discurso y su presencia escénica. En tiempos donde la discusión sobre el papel de la mujer en la sociedad continúa evolucionando, la figura de María Félix se mantiene como un antecedente poderoso de autonomía y empoderamiento.
Recordarla no es solo evocar a una estrella del cine, sino reconocer a una mujer que desafió su tiempo y lo transformó. A 24 años de su partida, María Félix no es solo historia: es una presencia viva en la cultura mexicana, una voz que aún resuena con fuerza y una imagen que permanece, inalterable, en la memoria colectiva.






