JORGE CONTRERAS: AYER Y HOY EN LA COMUNICACIÓN 1° PARTE
Por: Roberto Montoya Martínez
Pocos productores hay en la radio en Culiacán, pero como el protagonista de esta historia, ninguno. Es un hombre apasionado de la comunicación. Ha ido de acá para allá, fue de todo y sin medida. Su mejor blasón es la creatividad.

Y este 2023 celebrará 43 años de una impecable trayectoria. La radio y las plataformas digitales han sido su escenario. Es Jorge Contreras, que nos compartirá lo vivido en cuatro décadas de actividad ininterrumpida.
MI INFANCIA LA PASÉ EN LA RADIO
“Si hemos de hablar de radio, vamos a remontarnos hacia la niñez. Mi padre fue un locutor muy famoso en su momento y con 60 años de trayectoria ininterrumpida. Su nombre: Olegario Contreras Rubio. Era conocido como LA VOZ ELEGANTE DEL CUADRANTE.
Ese era su slogan, por el cual fue conocido tanto por sus amistades como por su público. Yo cursaba la primaria en el colegio Niños Héroes, el cual sigue ubicado en el centro de la ciudad. Al terminar mis clases a la 1 p.m. iba a visitar a mi padre a su centro de trabajo, que por entonces estaba en la esquina de Obregón y Escobedo, contra esquina del Palacio Municipal.
Justo ahí estaban los estudios de la XECQ, emisora donde trabajaba. ¿A qué iba yo ahí? Simplemente, a molestarlo.

Yo me gastaba lo del autobús en el recreo estando en el colegio, me comparaba mi refresco y mis golosinas, por ende no tenía dinero para volver a casa.
Esas visitas eran recurrentes. Mi padre molesto me preguntaba -¿Y lo que te dimos para el autobús?- yo le contestaba –Tuve que hacer algunos gastos en el colegio y me quedé sin centavos- Aunque renegando, siempre me socorría dándome para irme a casa en el colectivo, aunque a veces me la hacía de tos torturándome un ratito. Por la tarde regresaba al colegio a practicar algo de deportes, tú sabes, futbol, béisbol, en esa disciplina fui campeón en diversas categorías. Desde la infantil menor hasta la juvenil mayor fuimos tricampeones”.
ASÍ ERA UNA CABINA DE RADIO
“Volviendo al punto, recuerdo que cada vez que entraba a la cabina de transmisiones me encantaba, era fascinante para mí ingresar a ese sitio de donde se emitía la señal de la CQ, cuyo slogan era LA RANCHERA DE CULIACÁN.
Yo recuerdo que lo veía trabajar abriendo micrófono, daba la hora, saludando al público, leía comerciales carrier, lo que ahora se llaman menciones.
El recuerdo que tengo más perenne en mi memoria es un olor muy peculiar que tenía la cabina, ya que ahí estaban unos transmisores de bulbos, las tornamesas eran enormes, estaban frente al locutor, que en aquellos días se operaba a sí mismo.

Movía las perillas y las llaves de cada uno de los aparatos conectados a la consola, es decir los micrófonos, las tornamesas, la grabadora de carrete y las cartucheras. Ese era el equipo básico que se contaba en una cabina para trabajar”.
LO CORRECTO ES CERTIFICADO DE LOCUTOR, NO LICENCIA
“También recuerdo que en la parte de la cabina, que estaba tapizada por una alfombra para la cuestión de la acústica, estaban colgados unos cuadros, los cuales eran los certificados de aptitud de cada uno de los locutores que laboraba en la emisora.
Recuerdo bien que en aquellos días había inspecciones por parte de la SEP, para comprobar que quien hacía uso del micrófono contaba con dicha autorización. Eso fue lo que me contaron y me compré esa idea, que en la práctica real es muy diferente.
De entre los certificados de locutor que vi en esa pared estaba el de Juan S. Millán, quien hacía la primera guardia en la radio, entraba a las 6 a.m. sin duda, el mejor gobernador que tuvo Sinaloa, por cierto, le envío un cordial saludo.

Otro certificado que vi en se muro era el del locutor más dicharachero que tuvo la radio, Ramón robledo López, que a la postre e fue a hacer la primera guardia, Baldomero Galindo, Rodolfo Guerrero y Salvador Rivera, quien hacía los descansos”.
OLOR A BULBO
“Entonces, el olor a bulbo que había en la cabina, nunca se me va a olvidar. El calor que había en la cabina contrastaba con el clima del aire acondicionado. El bulbo se calentaba, se ponía al rojo vivo.
Ese olor se podía palpar y aún lo traemos como un recuerdo de lo que fue la vieja radio, asimismo las consolas, las tornamesas, las cabinas de grabación, las oficinas gerenciales, discotecarias y continuistas.
Mis visitas ahí eran frecuentes y ponía atención a lo que hacía mi padre, que entablaba comunicación con el público y recibía retroalimentación a través del teléfono, cuya línea era 2 02 09. Todavía me acuerdo del viejo teléfono de cabina. Así fue como despertó en mi la inquietud de hacer radio”.

RADIO TACUARÍN
“Al entrar a la adolescencia, recuerdo estudiaba la secundaria, ahí conocí a mi compadre Alberto Morones, periodista del periódico NOROESTE, éramos vecinos, vivíamos muy cerca.
En ese inter tuve la idea de hacer un noticiero ficticio, pero con una sensibilidad muy real. Pusimos doctrinalmente escuchar a las 12 p.m. a la plazuela que está cerca de la casa familiar. Ahí también vivía otro personaje que marcaría mi vida en el campo de la comunicación. Me refiero a don Amado Zazueta Villa.
Tenía a la sazón 80 años de edad, y fue junto con su padre fundador del extinto periódico LA OPINIÓN. Una publicación contestataria de la época revolucionaria aquí en Culiacán. Era padre de María Teresa Zazueta, la famosa “Techa”, con quien también tengo mi historia y que les platicaré más adelante.
Teníamos una grabadora que mi hermano Carlos trajo de Los Ángeles, California, y teníamos un stock de cassettes vírgenes. Nos gustaba grabar música.

En nuestras juventudes nos gustaba mucho el Classic Rock. De repente tuve la idea de hacer un noticiero. Lo hice junto con mi vecino Marcos, por cierto muy creativo, y en la etapa final integramos a Beto Morones.
El programa en si tenía el aristocrático nombre de RADIO TACUARÍN, a honras del Tacuarinero, que es una máquina que se exhibe todavía en la vieja estación de trenes y que dejó de funcionar hace muchos años.
El programa que hacíamos era de tribuna abierta. En nuestra imaginación aspirábamos a ser libres pensadores, y dimos voz, aunque de manera dramatizada a la gente de la colonia. Nosotros documentábamos lo que ocurría en nuestra cuadra, en las calles colindantes, en los condominios frente a la casa, del contexto de la vecindad, en cuanto a problemas con los servicios, dígase pavimentación, escases de agua, calles sucias, lámparas fundidas, etc.
En suma, problemas cotidianos del último tercio de los 70’s. Nosotros simulábamos el timbre telefónico con un despertador con campana, el clásico. Transmitíamos como un programa de radio normal, saludando al público y toda esa fanfarria.

Yo conducía el programa, pero te quiero decir una cosa, nunca me ostenté como locutor, puesto que no lo era, pero eso merece otro apartado. Marco se me acerca como parte de la dinámica del programa para comentarme sobre las últimas del barrio, saludábamos a los vecinos, comentábamos las problemáticas que acaecían en la cuadra, después se unía Morones como uno de tantos radio escuchas denunciando alguna irregularidad. Ya habiendo grabado el programa, a las 12 p.m. y los vecinos se congregaban en la plazuela. Se dejaban oír las carcajadas pese a que los casos eran reales. Ahí inventé la frase NO TE RÍAS QUE ES EN SERIO.
Y nuestro principal radio escucha era don Amado Zazueta, quien no dejaba de echarnos porras y motivarnos a salir adelante. Así estuvimos muchos meses todos los días de la semana transmitiendo RADIO TACUARÍN, pero como todo en la vida tiene principio, también tiene su final. Y producto de una oferta laboral que acepté, RADIO TACUARÍN, mi radio experimental, salió del aire.
Al mismo tiempo dejaba la secundaria. Esos fueron mis primeros pasos en la radio, en calidad de amateur”.
Jorge se torna emocionado al platicar de aquel ayer. Donde esas cabinas tenían bolos a viejo. Este comunicador tiene mucho que contar, pero eso será en nuestra próxima entrega. Donde nos compartirá lo que hizo con un grupo líder nacional en radio, que está comunicando a millones.





