La informalidad laboral en México: un desafío estructural en momentos de desaceleración económica
Por Misael Rubio Ojeda.
Agosto 29 de 2025.
El mercado laboral mexicano ha experimentado un resurgimiento notable de la informalidad, consolidándose como un fenómeno persistente y estructural.

En el segundo trimestre de este año, se registró un incremento de 549,364 personas en la informalidad, la cifra más alta desde el mismo periodo de 2022, revirtiendo descensos previos.
Actualmente, la informalidad abarca a 32.6 millones de mexicanos, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Esta tendencia se acentúa en un contexto donde la economía muestra signos de desaceleración y el empleo formal no logra dinamizarse lo suficiente para absorber a toda la fuerza laboral.
Históricamente, el mercado laboral mexicano ha dependido en gran medida de la informalidad, manteniendo tasas superiores al 50% desde el inicio de los registros de la ENOE en 2005.

Al cierre del segundo trimestre de este año, la tasa de informalidad alcanzó el 54.8%, su nivel más alto desde el cuarto trimestre de 2023. Este es un problema de naturaleza estructural, con una disparidad de género notable: la tasa es del 55.3% para las mujeres y del 54.5% para los hombres. Lo anterior pone de manifiesto que si está en incremento la informalidad es debido a que funciona como amortiguador en periodos de desaceleración económica.
El crecimiento de la informalidad evidencia que el mercado laboral formal no está generando suficientes oportunidades, para todos. Este ha sido un año de debilidad para el empleo formal, marcando la primera vez desde la crisis financiera de 2008-2009 que se observan dos trimestres consecutivos con caídas en la generación de empleo.
La escasez de empleo formal es particularmente evidente en la industria de la transformación y manufactura, un sector crucial que aporta el 20% del PIB. Este panorama se combina con el incremento de personas sin servicios de salud, lo que refuerza la precarización del empleo.

La informalidad tiene dos caras de la una misma moneda: por una están 17.2 millones de mexicanos que trabajan en unidades económicas plenamente informales, como puestos en la calle, que operan sin registros contables y se financian con recursos del hogar o de la persona a cargo, sin constituirse como empresa. Por otra cara, empleados informales en empresas formales, donde no gozan de todas las prestaciones de ley.
El problema radica en la falta de una política pública integral que promueva la formalización como incentivos fiscales, acceso al financiamiento y educación financiera, que inhiban la informalidad.
La consecuencia es la constante expansión del fenómeno que indica un síntoma de la debilidad profunda del mercado laboral mexicano y un desafío socioeconómico de mayor envergadura.

Pareciera que estamos en una encrucijada, donde la informalidad actúa como una válvula de escape en momentos de incertidumbre, pero también conlleva la precarización de las condiciones laborales para millones de personas.
La magnitud del problema, con más de 32 millones de trabajadores en la informalidad y tasas que superan el 50%, subraya la urgencia de intervenciones políticas bien diseñadas que no solo aborden los síntomas, sino que también ataquen las causas profundas de esta problemática estructural, buscando una mayor formalización y bienestar para la fuerza laboral mexicana.






