La noche del domingo 23 de enero próximo pasado falleció Fortunato Alvarez Castro, quien fuera Gobernador interino del Estado de Sinaloa, y Ex-Presidente Municipal de Culiacán, uno de los políticos mas completos que ha dado Sinaloa, figura emblemática del Partido Revolucionario Institucional.
Lunes 24 de enero de 2022.
A la edad de 87 años padecía Alzheimer en estado avanzado, Fortunato alvarez castro nacio en el municipio de Guasave y formado en escuelas del Estado de Sonora, Sinaloa y Ciudad de México, su muerte fue confirmada por el Gobernador de Sinaloa Ruben Rocha Moya-
Aun no tenemos información donde será la velación y sepelio seguiremos en espera de la información para darla a conocer.
texto escrito por Jorge Luis Telles en su columna Agenda Política. (oct-2020)
Fortunato Alvarez Castro brincó de la presidencia del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia municipal de Culiacán, cargo que ejerció entre el primero de enero de 1975 y el 31 de diciembre de 1977, justo durante el primer trienio de gobierno de Alfonso G. Calderón. Ya era poseedor, para entonces, de una amplia hoja curricular, en la que destacaba, incluso, la posición de gobernador interino Sinaloa, al suplir, por enfermedad, a Leopoldo Sánchez Celis, allá por la emblemática década de los sesentas.

Por aquel tiempo, el columnista se desempeñaba en la sección deportiva de El Sol de Sinaloa, así que las anécdotas a relatar están encuadradas, en su mayoría, en el terreno deportivo, en el que el licenciado Alvarez Castro se desenvolvía como pez en el agua. De hecho, durante su gestión impulsó decididamente la práctica del deporte, esferas en las que se le conocía simplemente como “Fortunato”, sin agregados de ninguna naturaleza.
Recuerdo a Fortunato, por ejemplo, de pie, en la primera fila de ring side, al frente de un coro gigantesco – “Chino”…”Chino” – que empujaba al boxeador local, Leonardo Bermudez, en la búsqueda de un campeonato nacional. También como invitado especial a la única pelea por un título mundial que se ha realizado en nuestra ciudad (entre Carlos Zárate y Waringe Nakayama) y sentado en su palco en el estadio “Angel Flores”, noche a noche, invariablemente, en todos y cada uno de los juegos de los Tomateros de Culiacán, desde el cual Fortunato departía directamente con todos los aficionados, sea cual fuere su investidura. Le acompañaban los hermanos Tamayo y a veces era blanco de bromas; pero él también sabía dar y responder en forma directa y concisa.
Precisamente en una serie final de beisbol, Fortunato ya no era presidente municipal de Culiacán; pero si asesor de Juan Manuel Ley López en la presidencia del club Tomateros de Culiacán. Era una noche de aquellas en las que, como se acostumbraba, el público se había volcado al terreno de juego, ante el reducido aforo del “Angel Flores”. La fanaticada se resistía a colocarse detrás de las bardas y ante esto el cuerpo de ampáyeres ya había amenazado con cantar un “forfeit” en contra del equipo guinda, frente a la imposibilidad de reanudar el partido.

Fue entonces, cuando la directiva de Tomateros solicitó la ayuda del licenciado Alvarez Castro, para controlar a situación. Y Fortunato lo hizo: bajó al terreno de juego y lo recorrió por completo, para enfrentarse a la fanaticada, a la que se dirigió con voz firme y autoritaria para convencerla de un cambio de comportamiento. La gente se desperdigó tras la barda chica y el encuentro pudo seguir su marcha, sin mayores contratiempos. Cuando regresó a su palco, el público lo recibió con gritos y aplausos.
En otro apartado, en cierta ocasión me tocó verlo, al volante de una patrulla, serpenteando entre el tráfico de un domingo por la tarde por la avenida Alvaro Obregón – cuando “el obregonazo” era una práctica de moda entre nuestra juventud – en persecución de un grupo de delincuentes que momentos antes (en las inmediaciones del parque “Revolución”) habían baleado a dos de sus cadetes, una corporación de jóvenes de policía y tránsito, creada en la administración de Fortunato. No recuerdo si los atraparon o no; pero la participación del alcalde, personal y decidida, elevó su popularidad hasta la estratósfera.
Y así.
Como decíamos antes – en el calor de aquellas viejas redacciones siempre llenas de humo, que olían a tabaco, a café y a tacos de la esquina – podíamos llenar cuartillas y más cuartillas de anécdotas de Fortunato; pero de estas hemos seleccionado solo tres, que lo pintan de cuerpo entero. Las tres, estrechamente ligadas al beisbol, deporte que siempre ha sido su pasión.

= EN EL “ANGEL FLORES”, MIDIO SU POPULARIDAD =
Arrancamos:
En su primer año de gobierno municipal (1975), Fortunato se quiso probar a si mismo y le pidió la bola a Juan Manuel Ley, para lanzar el primer “strike” en el acto inaugural de la temporada 75-76 de la Liga Mexicana del Pacifico. Como buen político, Alvarez Castro tenía aspiraciones a la candidatura gubernamental y pretendía medir su popularidad en el termómetro más estricto que se conoce: un estadio de beisbol, donde basta un solo silbido, desvalado, para que aquello desencadene en una rechifla sin control.
Evidentemente, Fortunato conocía ese riesgo. Por eso le pidió a su jefe de prensa, el conocido locutor Eduardo Ramos Pérez, que le organizara una pequeña campaña previa a la ceremonia de apertura, para sensibilizar a la fanaticada. Esa campaña incluyó su presencia en algunos de los entrenamientos del equipo; notas en prensa escrita y entrevistas en la radio y la televisión, donde eran suficientes los dedos de una mano, para contar las emisiones diarias en sus noticieros.

Aún así, el licenciado Alvarez Castro estaba visiblemente nervioso aquella noche de octubre de 1975, mientras esperaba su turno para ingresar al campo de juego, a la señal del maestro de ceremonias de toda la vida, Agustín D. Valdez. El estadio, a su máxima capacidad, por supuesto.
Llegado el momento, Fortunato tomó un guante y una pelota y caminó con decisión hacia la lomita de pitcheo, cobijado por la creciente ovación del público, que veía como uno de los suyos al presidente municipal. Entusiasmado por la respuesta de los aficionados, el alcalde de la ciudad lanzó un perfecto strike a la mascota del receptor y también decenas de pelotas hacia las atestadas tribunas, ante el delirio de la fanaticada.
Era la primera ocasión en que se daba una reacción de esta naturaleza, la que se convirtió en costumbre con el paso del tiempo. Fortunato fue su creador.
El licenciado quedó convencido de que tenía pueblo para hacer realidad sus aspiraciones; pero también sabía que el pueblo poco podía hacer para influir en las decisiones de tipo político. Así, cauto y prudente, Alvarez Castro se replegó ante la inminente postulación de Antonio Toledo Corro como candidato a la gubernatura de Sinaloa y de hecho solo logró, en su carrera, una postulación más; pero la perdió. Ocurrió en 1988, cuando fue candidato a diputado federal por el tercer distrito electoral y sucumbió ante Acción Nacional, representado por Jorge del Rincón Bernal.

= “EL ESTADIO ES DEL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO” =
Otra.
También dentro de su primer año de gobierno, Fortunato entró en conflicto con la directiva del club Tomateros de Culiacán, por el manejo, la administración y operación del legendario estadio “Angel Flores”, siempre bajo el control del club de beisbol profesional. Parecía algo impensable, por su relación con la familia Ley; pero fue así.
Y las diferencias deben haber sido grandes, porque en una de esas el presidente municipal tomó la decisión de abrir al pueblo el icónico parque, para que ahí se practicara el beisbol en todas sus expresiones, entre una y otra temporada de la Liga Mexicana del Pacífico, bajo el argumento de que ese estadio era del pueblo y para el pueblo. Ni más ni menos.
Así, una tarde de aquellas, acompañado de todos sus funcionarios y rodeado por los representantes de los medios de comunicación, se presentó en el parque, cincel, martillo y pinzas en manos, para romper los candados del parque y ponerlo en manos de la sociedad.

Ahí mismo, con los aficionados presentes formó un Patronato para la administración del estadio y dio luz verde para el ingreso de todas las ligas amateurs que se jugaban en la ciudad.
Lamentablemente, el proyecto de Fortunato fue un fracaso.
Sin control, sin medidas de orden, ni nada, las ligas tomaron el parque por asalto para celebrar ahí sus temporadas veraniegas y aquello se convirtió en un desastre total.
En efecto, sin cuidado, sin mantenimiento, sin protección alguna, en solo unas cuantas semanas el verde césped del “Angel Flores” se transformó en un muladar; las instalaciones de deterioraron sensiblemente y los sanitarios pasaron a ser un asqueroso foco de infección.
Todo un caos.
Suficiente como para que el presidente municipal recapacitara; llegara a acuerdos con la directiva del club Tomateros de Culiacán y diera marcha atrás en su polémica decisión.





