REFORMA ELECTORAL 2025 ¡ Solo con Participación Ciudadana !
Por: Aarón Sánchez
sanaaron@gmail.com
Las elecciones son demasiado importante como para dejarlas en manos de los partidos políticos o del gobierno mismo. Ya es momento de que la ciudadanía asuma su responsabilidad de esta función. Desde la sociedad debe surgir una nueva reforma que regule el desempeño de los órganos electorales, así como la operación de los partidos políticos antes, durante y después de los comicios.
Es evidente que un planteamiento de esta naturaleza se contrapone al propósito político del propio gobierno y de los partidos. Ambas instancias actúan solo con base en intereses muy particulares. La experiencia histórica así lo indica.
Durante el período anterior a 1977, las elecciones fueron controladas completamente por instancias de gobierno. Su objetivo fue proteger y conservar el dominio político del partido oficial. Pero a partir de 1977 se inició una serie sucesiva de reformas electorales con un nuevo ingrediente: dejar todo el control a los propios partidos políticos. Así, se inició una etapa de multipartidismo, se crearon los cargos de representación proporcional para dar acceso legislativo a minorías partidistas, y creció significativamente el financiamiento público a los partidos políticos. Crear o tener un partido se convirtió en excelente negocio: había más dinero y múltiples cargos de elección para repartir.
Sin embargo, el pretendido desarrollo de la democracia mexicana no generó los cambios económicos, sociales y culturales que de ella se esperaban. Muy pronto quedó claro que las elecciones, por más democráticas que hayan sido, no generaban las soluciones necesarias para impulsar el desarrollo.
Decepción hacia la democracia
En los últimos años la ciudadanía ha observado cómo antes, durante y después de las elecciones, la inestabilidad y el conflicto político continúan incrementándose. Además, en la actualidad existe un sistema partidista bastante debilitado, sin credibilidad social, sin propuestas para impulsar el desarrollo nacional y regional, y con una influencia política cada vez menor. Grupos fácticos y de interés, de manera creciente, han tomado el control de la vida política a todo lo largo y ancho del país. Por eso, hoy existe un creciente déficit en materia democrática. Además, los partidos y sus candidatos solo tratan de manipular a los ciudadanos. El marketing electoral se utiliza para generar imágenes y precepciones políticas muy alejadas de la realidad.
El déficit democrático también trae como consecuencia la falta de legitimidad política de quienes son representantes sociales. De hecho, el sistema de representatividad está en duda por la gran divergencia entre el decir y el hacer por parte de los políticos. En cada campaña electoral se escuchan discursos, propuestas y compromisos que generalmente caen en el vacío.
Se falta a la democracia, cuando los políticos se asumen como voceros de la sociedad sin siquiera conocerla. El boom de los medios de comunicación y de las redes sociales han sido pretexto para que los políticos se alejen del contacto directo, del cara a cara, con la ciudadanía. Un mensaje en redes sociales adquiere carácter de declaración política. El resultado de una encuesta toma dimensiones de verdad y sustituye a la opinión pública. Un simple sondeo es suficiente para minimizar la opinión y el interés del elector.
Ello explica por qué es creciente la hostilidad ciudadana hacia partidos políticos e instituciones electorales. Los primeros carecen de prestigio y de aceptación social. Las segundas carecen de capacidad de respuesta ante el reclamo ciudadano. Entonces, ¿cómo creer en ellos?
La democracia no ha tenido los frutos esperados y ello debe preocupar a todos. Partidos, órganos electorales, poderes de gobierno y organizaciones sociales, deben hacer que, en política, la distancia más corta entre dos puntos sea la verdad y la congruencia.
Existe una democracia simulada que solo sirve para dar vida artificial a los partidos políticos. También se observa una enorme distancia entre la actividad política y la sociedad. El gobierno y los órganos legislativos carecen de una visión de Estado. Se ha vuelto imposible alcanzar acuerdos para transformar a la nación y llevarla a una nueva etapa en su desarrollo.
Por todo ello, con justa razón, se percibe una enorme decepción hacia la democracia. Resulta impresionante observar cómo, en el supuesto objetivo de avanzar en la democracia, cada vez predominan los comportamientos menos democráticos. Además, la vida política hoy está llena de incapaces.
Otra reforma electoral desde el Gobierno
Dando la impresión de que México regresa a los años anteriores a 1977, en la actualidad desde el gobierno federal se promueve una nueva reforma electoral, incluso al margen de los partidos políticos, pero también, de nueva cuenta, sin atender la opinión de la ciudadanía.
En este contexto de creciente hartazgo ciudadano hacia los partidos, hacia la vida política nacional y hacia la democracia misma, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, recientemente creó la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, integrada exclusivamente por funcionarios de su gobierno. Al frente de ella puso a Pablo Gómez, un político de izquierda y con larga trayectoria de lucha política.
Sin duda,el simple hecho de mostrar la intención de promover una nueva reforma electoral es algo positivo. La sociedad mexicana quiere un cambio de fondo en la forma de actuar por parte de las instituciones electorales y de los partidos políticos. Pero es evidente que algunos puntos de la intención gubernamental constituyen un verdadero retroceso. Aunque también es importante mencionar que, en otro sentido, algunas propuestas recogen fielmente el sentir ciudadano respecto al tema.
A pesar de que es una iniciativa del gobierno, la propuesta de hacer una reforma electoral implícitamente reconoce que este es un asunto que requiere atenderse con urgencia. La sociedad así lo exige, ante la falta de funcionalidad de nuestro sistema político-electoral. Hasta ahora ha trascendido que el gobierno tiene interés en sacar adelante las siguientes propuestas:
– Desaparecer el Instituto Nacional Electoral y crear el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas.
– Que los consejeros y los magistrados electorales sean electos por voto universal.
– Reducir el número de diputados y de senadores, eliminando las plurinominales.
– Eliminar el financiamiento público a partidos políticos para actividades ordinarias.
– Reducir los tiempos de campaña electoral, el número de diputados locales y el número de regidores.
– Crear una legislación nacional única en materia electoral, y disolver los órganos electorales locales y los tribunales electorales.
¿Cuál es la Reforma Electoral que necesitamos?
Es necesario aprovechar la circunstancia de que la propia presidenta de la república ya puso en la mesa de la opinión nacional, la idea de realizar una nueva reforma electoral. Ésta es muy necesaria para dar un sentido diferente a la lamentable situación política y económica que hoy prevalece en el país. Pero a diferencia de lo que ocurrió en años anteriores, hoy la reforma electoral tiene que ser producto de una amplia participación ciudadana, ya no desde el gobierno ni de los partidos políticos.
Desde la sociedad hay que insistir en una reforma electoral, verdadera, de fondo y que sea realmente útil para el desarrollo nacional. En su célebre libro “Por qué fracasan las naciones”, los economistas Daron Acemoglu y James Robinson afirman que la calidad de la política es lo que determina la fortaleza y la calidad de las instituciones, y esto a su vez determina el éxito o el fracaso en el desarrollo.
El progreso, sostienen estos autores, no está determinado por factores geográficos, culturales o de ignorancia.
El progreso tiene que ver más con la forma en que se organiza políticamente la sociedad para manejar su economía, y garantizar derechos plenos para sus habitantes.
Queda claro entonces, la importancia que reviste una reforma electoral en el objetivo de crear un mejor futuro para el país. Por eso, hoy debemos preguntarnos: desde el punto de vista ciudadano ¿cuál es la reforma electoral que necesitamos? Es aquella que realmente promueva el progresosocial y productivo,y debe contener almenos los siguientes elementos:
1. Fortalecer al Instituto Nacional Electoral. Su desaparición sería dar muchos pasos hacia atrás. Por eso, hay que promover su transformación para que logremos avanzar en nuestra democracia.
2. Que los consejeros y magistrados electorales sean designados por concurso de oposición. En ello se incluyen los estudios realizados, experiencia profesional, publicaciones científicas sobre el tema, entre otros.
3. Convocar a la participación social para crear una nueva propuesta de reforma electoral. Sindicatos, asociaciones sociales, gremiales y profesionales, organizaciones empresariales, culturales, universidades, centros de investigación, consultas, grupos de enfoque, encuestas.
4. Incorporar el uso de la tecnología en los procesos electorales. Urna electrónica, voto a través de medios electrónicos y redes sociales.
5. Si a la revocación de mandato y mantener el 40% de participación para que sus resultados sean vinculantes.
6. Reducir sustancialmente el financiamiento a partidos políticos.
7. Elección de legisladores mediante el sistema de listas, y asignación pura según el porcentaje de votos recibidos por partido.
8. No al sistema de cuotas a grupos minoritarios. Promover la agrupación de minorías para que logren representación.
9. Registro a partidos políticos con un mínimo de 5% del total de votos emitidos.
10. Disminuir de 500 a 300 el número de diputados federales.
11. Reducir de 128 a 64 el número de senadores de la república. Una representación de dos por entidad federativa.
12. Reducir tiempos de campaña a solo 30 días naturales.
13. Partidos y candidatos con obligación de presentar propuestas específicas en su campaña electoral.
14. Regidurías honoríficas en los ayuntamientos.
15. Reducción de diputados locales.
16. Legislación única nacional en materia electoral.
17. Segunda vuelta electoral para garantizar mayorías.
18. Participación y supervisión ciudadana honorífica en todo el proceso.
19. Alianzas entre partidos solo en la segunda vuelta electoral.
20. Evitar la injerencia, directa o indirecta, de grupos delictivos en los procesos electores.
La ciudadanía debe exigir que en los procesos electorales y enpartidos políticos realmente se generen espacios para un verdadero diálogo entre electores y candidatos. Los ciudadanos deben convencerse de que, a través de sus legisladores y gobernantes, pueden ejercer la función de gobernar. Por eso necesitan identificarse plenamente con las acciones legislativas y de gobierno, y compartir plenamente sus proyectos.

La participación ciudadana es necesaria, útil, imprescindible y urgente, porque es lo que realmente garantiza gobernabilidad y legitimidad política. El propósito es que la población se involucre en el diseño del quehacer público. Esta es la manera de procurar acuerdos, facilitar soluciones concertadas, impulsar la vía democrática y, sobre todo, lograr la necesaria legitimidad política que requierenautoridades y representantes legislativos para ejercer plena y productivamente sus funciones.
La participación ciudadana tiene que ser amplia e incluyente. Es un mecanismo que permite armonizar posicionamientos divergentes, de tal manera que se pueden resolver problemas o lograr beneficios económicos, sociales o políticos para todos. En este sentido, soluciona conflictos, fomenta la democracia, promueve la economía y garantiza la legitimidad política en las acciones públicas.
Pero quizá lo más importante es que se necesita institucionalizar la participación ciudadana mediante la creación de espacios o estructuras que la promuevan y le proporcionen un marco jurídico, técnico y político para que pueda llevarse a cabo. Esto es particularmente necesario en un contexto donde las elecciones ya no son capaces de generar la legitimidad social que requieren los gobiernos locales y las instancias legislativas para cumplir con sus funciones.
Una sociedad se paraliza cuando el ciudadano no tiene voz, cuando la sociedad carece de mecanismos de control sobre lo público y cuando el gobierno toma decisiones al margen de la democracia. Cuando ésto ocurre, el cambio se torna imposible. La no participación social, el debilitamiento de las instituciones y la escasa operatividad parlamentaria no conducen al cambio, sino al comienzo de algo pernicioso y desagradable.
Por eso, una reforma electoral surgida desde la ciudadanía sería una ocasión extraordinaria para consolidar nuestra vía democrática. No dejemos pasar esta nueva oportunidad.
Agosto 2025





