Sinaloa sigue en llamas.


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Si usted quiere darse cuenta de que la oposición no tiene ni capacidad ni programa para reemplazar a Morena en las próximas décadas, échele un ojo a Sinaloa.

Por: Raudel Ávila.

Mayo 18 de 2025.

Esta semana se cumplieron 250 días de violencia imparable en el estado norteño. Al principio hubo un clamor extendido exigiendo la renuncia del gobernador Rocha Moya. Muy bueno, pero ¿qué más? Jurídicamente no es lo procedente, pero si se depusiera al gobernador y se convocara a elecciones libres, ¿quién sería la figura de oposición capaz de plantarle cara a los electores sinaloenses y enfrentar exitosamente los grupos de narcotraficantes en pugna?

¿Hay siquiera una figura, un solo personaje en los partidos políticos o círculos empresariales del estado con el liderazgo y el prestigio suficiente para decir “quiten a Rocha, yo sí puedo poner orden y devolver la paz a las familias sinaloenses? Desafortunadamente no, ni en ése ni en otros estados.

No obstante, Sinaloa es muy ilustrativa porque aún y a pesar de la anarquía y la violencia galopante en el estado, la autodenominada oposición no tiene capacidad de aglutinar el dolor y la indignación para capitalizarlos electoralmente.

Habrá quien lo atribuya a falta de dinero, otros a falta de liderazgo, pero en mi modesta opinión es un problema de simple credibilidad.

La oposición panista, priista, emecista o de los nuevos grupos que aspiran a constituirse como partido político, no tiene la credibilidad suficiente en temas de seguridad para restaurar el monopolio legítimo de la fuerza al estado.

No la tiene porque también ellos han fracasado en ofrecer seguridad a la población en donde han gobernado. Además, técnicamente no saben qué hacer ni disponen de un plan para restaurar la gobernabilidad, pero tampoco hay una sola figura que pudiera enarbolar de manera creíble ese programa en caso de existir. En otras palabras, al candidato que postulasen y dijera “yo sí puedo restaurar el orden”, nadie le creería.

Sinaloa es quizá el ejemplo más descarnado de la incompetencia trágica de los gobiernos morenistas. Y aún así, la oposición no tiene nada qué decir al respecto salvo criticar al gobernador.

No sólo eso, si bien al principio protestaba y exigía la remoción de Rocha, hoy la oposición simplemente se desentendió de Sinaloa. No le importa el inmenso sufrimiento humano ocasionado por una guerra de la delincuencia organizada.

Le resultan indiferentes los números crecientes de asesinados, desaparecidos, secuestrados, etcétera en medio de este conflicto.

Más aún, no faltan los opositores que afirman con soberbia y estupidez alucinante “que disfruten lo votado.” Es en esas actitudes en las que se nota que a la oposición no le importa el bienestar de la población, sino simplemente recuperar el poder y el presupuesto público para seguir usufructuando sus beneficios.

No hay una genuina preocupación o interés por cómo viven los electores, e incluso se disfruta su agonía, como diciendo “se lo merecen, por no votar por nosotros.” Magnífico y brillantísimo entendimiento de la política electoral.

Sinaloa vive desde hace 250 días el estado de naturaleza, la guerra de todos contra todos, la anarquía, un modelo político pre-estatal, o si se quiere un término más periodístico, “el estado fallido.” Requiere un programa no únicamente para que cese la violencia entre las bandas criminales, sino una estrategia de rediseño integral de la gobernabilidad.

Incluso, un plan especial de reconstrucción económica con la finalidad de recuperar la confianza de los inversionistas en ese territorio. Nada de eso aparecerá de la mano del gobierno debido a su complicidad con los grupos delictivos, pero la tragedia consiste en que a la oposición ni siquiera le importa. Los opositores no quieren ganar y gobernar, sino presumir que tuvieron razón.

Raudel Ávila es licenciado en Relaciones Internacionales por el Colegio de México y maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Escribe en Letras Libres y El Universal.

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