MÁS VIOLENCIA
Por Javier Salazar Rodriguez.
Diciembre 1 de 2024.
Un día como tantos, a temprana hora suena el despertador. Arriba es hora de levantarse, me dice, ese al que en la noche anterior le dijimos que, le encargábamos que nos despertara. Después de todas las actividades como ir al baño, desayunar, vestirse, afeitarse y demás, salgo de casa poco después de las 6 a.m.
Llego a la gasolinera, no a la más cercana, pero sí a la más amplia en espacio; llego, apago el motor y llega el despachador a atenderme, le pido que llene el tanque, ya que tenía dos semanas que no le ponía combustible al mismo; poco después, llega una compañera del joven señor de la bomba y se ponen a platicar, ¿de qué? No sé, pero bien emocionados estaban desarrollando un tema que ambos dominaban a la perfección, porque estaban muy contentos, se notaba en el rostro de la joven señora. Pero de repente se cambió por lo opuesto, se le desencajó el rostro de manera abrupta.
La pobre mujer, después de cambiar por completo su emoción por susto, que también es emotivo, se aparte y un poco se resguarda con el frente de mi camioneta. Claro, yo también cambié mi situación, estaba leyendo y dejé lo que revisaba por voltear a ver qué ocurría detrás de mí.
Alrededor de 8 a 10 metros, estaban unos tipos bien armados, eran 4 y estaban bajando a un conductor de su vehículo, a la fuerza, claro.
Éste no pudo hacer algo para evitar que lograran su objetivo estos 4 que estaban bien armados, repito. Lo bajaron del auto, mientras todos, le apuntaban con sus fusiles de asalto, se notaba a distancia que estaban decididos a llevárselo.
Cuando de repente, uno de ellos, quizá el capitán, les dice: “No es, no es el compa” y lo sueltan de inmediato. Y fue muy notable que no era, porque le dijeron como más de 10 veces: “No pasa nada” X 10 veces más o menos.
“Qué bueno que no traían la orden de asesinarlo, sino de llevárselo, porque de haber sido así, ya estuviéramos contando otra historia”, menciona el joven que me despachó la gasolina; un poco más tranquilos todos, porque los tipos se dieron la vuelta ahí mismo. Aunque no se debe, está prohibido que den vuelta en “U”; ellos lo hicieron y los que venían de frente, y notaron el evento completo, pues se pararon para que pasaran sin alguna dificultad los pillos.
Somos afortunados de estar aquí. Desde el 9 de septiembre, del presente año, se ha desatado la violencia en Culiacán, se han visto muchas desgracias. Hay quienes dicen que es entre ellos, los que se disputan el espacio de trabajo ilícito en esta zona del país, pero no, por desgracia han sido muchas vidas inocentes las que se han quitado después de ese día. Tal vez la mayoría sí sean de esos, pero, ¿qué decir de los negocios que han tenido que cerrar sus puertas porque no los dejan trabajar?
Así como este ejemplo hay muchos que hacen que las personas emigren a otros estados de la república, pero les tengo una mala noticia, a donde vayan está feo, a donde vayan se van a encontrar con que la delincuencia está bien organizada y el gobierno que debe cuidarnos, no.
Y nos mandan más elementos de la Guardia Nacional, más soldaditos de plomo, y no disminuye, antes se incrementa el número de eventos que traen desgracias, de todo tipo. Y ya nos estamos acostumbrando a vivir así, aunque no nos guste, aunque no queramos.
Y de repente surgen declaraciones muy desafortunadas del ejecutivo estatal e inquietan mucho. Son muchos, quienes descalifican sus declaraciones, pero él está en su papel, él cuida sus intereses, él va por lo que considera que es suyo, su derecho a gobernar 6 años.
Lo que sí podemos hacer, y es muy necesario, es cuidarnos y cuidar a los nuestros. Total, si no debemos salir porque hay fuertes problemas cerca de nuestras casas, es normal; podemos sacrificar, hasta que nos descuenten el día de trabajo, que tal vez no ocurra. Y si nos toca la de malas (como dicen en el rancho), pues ni hablar. Ojalá no ocurra esto.
Dr. Javier Salazar Rodríguez, miembro activo de la Asociación de Periodistas de Los Mochis (APELMO), direct general de la revista REDes de APELMO.




