NO LA CHIFLEN, QUE ES CANTADA.
Por: Roberto Montoya Martínez
La serie de Chespirito está sacando lo peor de Florinda Meza, que ya no soporta tanta funa y tanto odio. Bien es cierto, que refleja el sentir de la familia del cómico, que no vieron con buenos ojos a la predecesora de Karla Panini.
El odio, el rencor y el cruel desprecio hacia la actriz ha rallado en lo demencial, pues resulta que el pueblo donde nació decidió desconocerla, ya que está desprestigiando a los habitantes de esa región. Pongan ojo al parche.
Juchipila, Zacatecas tuvo que ser, con su lunita plateada, el lugar donde vio la luz primera la viuda del señor Gómez Bolaños. La población en su conjunto, que en otros tiempos rindió homenaje a la que fuera hija predilecta del lugar, ahora convocan a través de redes, quitar la estatua, ya que la actriz es baldón y oprobio para esa población.
El próximo 24 de julio, un grupo de gente indignada acudirá a donde la estatua para derrumbarla, pues una mujer inmoral y malvada no merece ser honrada.
Esto ya ralla en la exageración. No es que quiera hablar en descargo de doña Florinda, pero si ella puede tener errores no es para que quiten su estatua, que es un testimonio de su paso por el mundo del arte.
Que extraña manera la de estos fulanos de cancelar a la intérprete de LA CHIMOLTRUFIA. Y es como todo, porque hay cosas que ni qué. ¿Tengo o no tengo razón?
No la chiflen que es cantada. Esta campaña de odio y desprestigio está rozando en la locura. La señora la regó, es cierto. Se metió con un hombre casado, es cierto.
Le hizo grilla a ciertas personas que le caían gordas, es cierto. Pero de eso a tumbar su estatua, eso ya es el colmo. Para ese chiste, tumben el monumento de Cantinflas, el busto de Pedro Infante y la efigie de Lola Beltrán. Que, aunque fueron glorias nacionales, tampoco fueron unos santos.
Una cosa es vomitar el odio en redes sociales que ya se convirtió en deporte nacional, y otra atentar contra lo que forma parte del patrimonio histórico y cultural de un pueblo. Recapaciten y comprendan. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.





