La odisea del trabajo en América Latina: más empleos, menos bienestar
Por: Misael Rubio Ojeda.
Julio 14 de 2025.
En América Latina, el trabajo ha sido históricamente una herramienta poderosa para combatir la pobreza. Durante el periodo 2009-2014, la región vivió una de sus etapas más esperanzadoras: el empleo formal y los salarios crecieron con fuerza, impulsando la reducción de la pobreza en casi dos tercios.
Sin embargo, esta tendencia se ha detenido. A pesar de una generación sostenida de puestos de trabajo, los nuevos empleos no han traído consigo ni mayor productividad ni mejores condiciones laborales.
El reciente informe del Banco Mundial sobre el Panorama Laboral Regional, publicado en mayo de 2025, ofrece una radiografía inquietante sobre los desafíos estructurales que enfrentan los mercados laborales en América Latina y el Caribe.
El informe revela una desconexión crítica: América Latina ha logrado crear millones de empleos en la última década, pese a un débil crecimiento económico.
Pero esta expansión laboral ha estado marcada por una baja productividad y por la persistencia del empleo precario. Entre 2016 y 2024, se generaron 27 millones de nuevos empleos netos, concentrados principalmente en sectores de servicios como el comercio minorista, la hostelería, la educación y la salud.
Si bien se redujo el trabajo no remunerado y creció el empleo asalariado, muchas de estas plazas carecen de beneficios sociales básicos, como pensión o seguro médico.
El desempleo juvenil, otro de los indicadores más preocupantes, ha bajado en términos relativos, pero sigue siendo alarmantemente alto: 14 % en 2024, más del doble del promedio general. Además, aunque la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan (los llamados “ninis”) se redujo, aún supera el promedio de los países de ingreso medio alto.
La transformación educativa de la región es otro dato clave. En la última década, millones de latinoamericanos han alcanzado niveles educativos más altos. Sin embargo, este avance no se ha traducido en mejores ingresos.
La “prima salarial” por mayor educación ha disminuido, lo que evidencia que la oferta de trabajadores calificados ha superado la demanda. Es decir, más personas están preparadas, pero los mercados laborales no generan suficientes empleos de calidad que se correspondan con ese nivel educativo.
Un elemento adicional que refuerza la lectura crítica del informe es la persistente debilidad en la contratación de trabajadores altamente calificados, especialmente en sectores tecnológicos.
Incluso en 2025, los niveles de contratación siguen por debajo de los que se tenían en 2017, según datos de LinkedIn. Esta situación retrata una recuperación laboral incompleta y una economía aún rezagada en términos de innovación y sofisticación productiva.
Finalmente, aunque los salarios crecieron modestamente durante la década, lo hicieron sin respaldo en aumentos de productividad. Esto indica que una economía con baja demanda estructural de trabajo calificado y una mejora salarial que, en parte, se explica por aumentos del salario mínimo más que por dinámicas económicas sólidas.
El informe del Banco Mundial es claro: América Latina no solo necesita crear más empleos, sino crear mejores empleos. El continente ha avanzado en cobertura, pero no en calidad de los empleos.
La informalidad disfrazada de empleo asalariado sin beneficios, la sobreeducación sin recompensa salarial y la escasa inclusión juvenil son señales de alarma para los gobiernos de la región.
Urge una estrategia que combine crecimiento económico, modernización productiva e inclusión laboral efectiva. Si el empleo fue clave para reducir la pobreza en el pasado, hoy debe ser el camino para construir sociedades más justas, resilientes y sostenibles.





