¿Es justo que los gobernadores reciban dinero de programas sociales?


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En 2022, un millón 100 mil adultos mayores tenían ingresos por debajo de la línea de pobreza extrema, no ganaban 2 mil 086 pesos para ellos y por cada uno de sus dependientes económicos, de modo que no podían comprar la canasta alimentaria con que se mide la pobreza.

Agosto 19 de 2025.

Por Omar Garfias.

Son esos adultos mayores que no tienen pensión alguna y que tienen a su cargo nietos pequeños o hijos con discapacidad, que continúan trabajando en actividades informales y esporádicas y que se ven obligados a sustituir el consumo de alimentos de calidad, con calorías baratas.

Para 2023 y 2024 el presupuesto del programa Pensión Bienestar para Adultos Mayores (PBAM) fue de 804 mil 389 millones de pesos. Para dimensionar la cantidad, sirve saber que los recursos de la FGR en ese lapso fueron 39 mil millones.

Podría suponerse que con esa cantidad de dinero ejercido por un gobierno que se dice humanista, el INEGI nos informaría que en 2024 habría desaparecido la pobreza extrema por ingresos entre los que tienen 65 o más años.

Eso no sucedió. Luego de la aplicación del programa, 900 mil siguieron en la miseria extrema.

Seiscientos mil de ellos padecen tres o más carencias sociales por lo que son pobres extremos en todas sus dimensiones, no solo en ingresos.

Esta información es oficial, del Instituto Nacional de Estadística y Geográfica, INEGI.

Lo mismo sucedió con las personas de edad avanzada que tenían ingresos arriba de la línea de pobreza extrema pero debajo de la línea de pobreza en 2022. Quienes podían comprar la canasta alimentaria para ellos y sus dependientes económicos pero no les alcanzaba para el resto de bienes y servicios que integran la canasta no alimentaria. Sus ingresos familiares per cápita no llegaban a 4 mil 158 en el área urbana y 2 mil 970 en la rural.

Eran 4 millones 700 mil adultos mayores en 2022 pero, después del reparto de los 804 mil millones de pesos del programa Bienestar, en 2024, 3 millones 800 mil continuaron en la pobreza.

La causa de que los inmensos recursos del programa no redujeran la miseria de los ancianos en forma proporcional a su volumen de dinero es que no fueron primero los pobres.

Los beneficiarios de ese programa fueron 12 millones 200 mil personas, sin importar si eran pobres o no.

Por entregar dinero sin importar si lo necesitaban o no, los hogares de menores ingresos del país recibieron el 7.8 por ciento del presupuesto de la pensión Bienestar y los hogares de mayores ingresos recibieron el 8.3 por ciento, según informó la Secretaría de Hacienda federal en su estudio “Distribución del pago de impuestos y recepción del gasto público por deciles de hogares y personas. Resultados para el año 2022”. Ahí mismo señala que el 60 por ciento de los recursos del PBAM se destinan a las clases media y alta.

No son primero los pobres. Les dan a todos lo mismo. Tratan igual a los desiguales. Presumen la cantidad de dinero que entregan pero no dicen que la distribuyen mal.

Para 4 millones 700 mil adultos mayores, el apoyo recibido fue insuficiente para salir de la pobreza. Para 7 millones 200 mil beneficiarios, el apoyo recibido era innecesario, ellos no eran pobres, son clase medieros y ricos. Para unos no fue suficiente para comprar leche, para otros sirvió para comprar algún lujo.

El programa que tuvo el 70 por ciento del presupuesto de todos los programas sociales solo sacó de la pobreza al 10 por ciento de a quienes les entregó recursos entre 2022 y 2024.

En 2023 y 2024, los 480 mil millones de pesos que entregaron a los que no lo necesitaban fueron mucho más que los 45 mil millones que el gobierno federal dio al IMSS-Bienestar, los 163 mil millones para medicamentos gratuitos o los 12 mil millones para vivienda.

Si les hubieran entregado las cantidades que necesitaban los ancianos pobres y sus familias, se hubiera terminado la pobreza por ingresos de los adultos mayores del país, había dinero suficiente. Solo había que darle 4 mil pesos más a cada anciano pobre, 25 mil millones de pesos en total. Darle menos a los beneficiarios ricos. No lo hicieron.

INEGI nos informa que en 2022 el efecto de las transferencias en efectivo de los programas sociales tenía fuera de la pobreza a 3.5 millones de personas y que para 2024 esa cantidad subió a 4.2 millones, esto es, creció en 700 mil.

En un gran logro, en ese lapso salieron de la pobreza 8 millones 300 mil mexicanos. Reconocible sin cortapisas. 7 millones 600 mil de ellos superaron su situación gracias a la política de aumento de salario mínimo.

Superaron la falta de ingresos mayormente los que pueden trabajar y ahora reciben un pago más equitativo por su labor. Por eso salieron pocos adultos mayores, ellos están menos incorporados al mercado laboral.

La política salarial fue un acierto, no provocó inflación ni cierre de empresas. Perdió Agustín Carstens y los que le hicieron caso. Sin los incrementos salariales la pobreza estaría en 40 por ciento, no en 29.

Los programas Bienestar, en cambio, son un fracaso como programas para superar la pobreza.

Cuatro millones setecientos mil ancianos siguen sin ingresos suficientes para comprar las canastas alimentarias y de bienes y servicios. No han visto ninguna transformación humanista.

Un puñado de gobernadores y altos funcionarios reciben su gran sueldo, más su pensión del IMSS o del ISSSTE, más una pensión de alguna universidad pública y, todavía más, el depósito de los programas sociales. Se autodenominan “gobernantes humanistas”.

¿Es justo?

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