Innovación para elevar el valor y la rentabilidad de la producción agrícola de Sinaloa.


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Previo a la sequía y a la fallida política hacia la agricultura intensiva en la entidad, la agricultura, generaba 70 mil millones de pesos anuales de PIB agrícola.

Dr. César Miguel Valenzuela Espinoza.

cesarmvalenzuelae@yahoo.es

 

Agosto 24 de 205.

Ante la descapitalización y baja en la rentabilidad de la agricultura en Sinaloa, resultado principalmente de la errática política gubernamental dirigida a cultivos estratégicos como los granos básicos, en especial el maíz.

Asimismo, los efectos nocivos de la política comercial de los Estados Unidos de Norteamérica (USA), hacia el tomate, hacen necesario replantear el escenario productivo para el futuro agrícola de la entidad.

Previo a la sequía y a la fallida política hacia la agricultura intensiva en la entidad, la agricultura, generaba 70 mil millones de pesos anuales de PIB agrícola, destacándose en la producción de maíz, tomate rojo y chile verde. Con 750 mil hectáreas de riego, líder nacional en hortalizas, además de ocupar el primer lugar en la exportación de productos como tomate y mango. A ´pesar de todo, en 2022, se produjeron 6 millones de toneladas de maíz y alrededor de 638 mil toneladas de tomate.

El sector primario en Sinaloa, que incluye la agricultura, representa el 10.6% del PIB estatal, lo que equivale a aproximadamente 54 mil 906 millones de pesos y contribuyo con el 6.5% al PIB primario del país, posicionándose en el tercer lugar a nivel nacional en esta rama de actividad.

Las políticas gubernamentales sobre el cultivo de granos en México han provocado una crisis en la producción. Factores como el cambio climático, el aumento en los costos de producción, la competencia con el maíz importado y la falta de apoyos gubernamentales, entre otros, han contribuido a esta situación.

Las consecuencias incluyen el aumento en el precio de la tortilla, menor rentabilidad para los productores y dependencia de importaciones. Para revertir la crisis, se requieren políticas de apoyo a pequeños productores, uso de semillas resistentes, modernización del riego y protección de variedades nativas.

Asimismo, Estados Unidos ha impuesto un arancel del 17.09% a los tomates frescos importados desde México a partir del 14 de julio de 2025, tras retirarse del Acuerdo de Suspensión de la Investigación Antidumping sobre Tomates Frescos de México de 2019. Esta medida busca proteger la producción nacional de tomate de USA, pero afectará a los agricultores mexicanos e incrementará los precios en Estados Unidos.

La producción, empaque, transportación y comercialización del tomate mexicano emplea a alrededor de 500,000 personas y genera exportaciones de casi 3,000 millones de dólares anuales.

La finalización del acuerdo perjudica gravemente a pequeños y medianos productores y participantes en la cadena productiva del tomate, que se estiman en más de un millón de personas.

Antecedentes de la agricultura en Sinaloa

Es pertinente señalar que aun cuando la agricultura empieza a manifestarse con intensidad a partir de 1925, en abril de 1967 se llevó a cabo un evento trascendental, el “Congreso Industrial de Sinaloa”, en Mazatlán, con la asistencia de 389 ponentes, promovido por el gobierno del estado de Sinaloa, organizado con apoyo de la FAO y con la presencia de gobernadores vecinos, organismos de agricultores y de las diversas actividades económicas en mención, así como maestros y estudiantes de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), para discutir políticas de desarrollo regional y abordar temas sobre agricultura, minería, pesca, energía y turismo.

Este Congreso, marcó un parteaguas en el impulso a la agroindustria de Sinaloa, ya que se formularon importantes proyectos de transformación de los productos primarios de la entidad, que posteriormente fueron desarrollados con programas de financiamiento gubernamental y privado, dando lugar a una importante etapa de esta rama de actividad en el estado.

A partir de las estadísticas de 1960 sobre la producción agrícola de Sinaloa, destaca el que la entidad se colocó como el principal productor de arroz en México.

Si bien este periodo fue marcado por el auge en la producción de arroz gracias a políticas de apoyo, a mediados de 1980 enfrentó retos como la apertura de importaciones y sequías, que cambiaron drásticamente el patrón de cultivos y la agroindustria del estado.

Como es sabido, Sinaloa ha sido clave en la producción agrícola de México, destacándose en el cultivo de granos basicos, tomate (rojo y verde), chile verde y frijol.

Es líder nacional en la producción de garbanzo y también cultiva hortalizas como pepino, berenjena y calabaza. En 2020, la superficie sembrada fue de 724,236 hectáreas de granos, 132,379 de leguminosas y 64,093 de hortalizas, lo cual refleja la diversidad agrícola.

En 1960, Sinaloa destacó por la producción agrícola de maíz, trigo y algodón. Así como del cultivo de frutas como mango, cítricos, guayaba y ciruela; En 1970, sobresalió la producción de trigo de manera significativa y el frijol en menor cantidad; En 1980, los principales cultivos fueron el maíz (a partir de las políticas públicas establecidas en 1985), trigo, frijol, algodón y hortalizas como tomate y chile.

Otros cultivos incluían frijol, caña de azúcar y sorgo; En 1990, el maíz, el trigo y el frijol siguieron liderando la producción. Además, de la producción de mango y oleaginosas reflejaron una mayor diversificación y rentabilidad de cultivos; Ya en el contexto del TLCAN en el 2000, la producción de maíz, trigo y frijol, así como de hortalizas (jitomate, chile, cebolla), de frutas (mango, cítricos), así como garbanzo y cacahuate, mantuvieron una amplia gama de oportunidades.

Para el 2010, al igual que en años anteriores, la producción de maíz, trigo, soya y tomate, así como cultivos como garbanzo, frijol y cacahuate fue relevante.

También se cultivaron cebada, sorgo forrajero, calabaza y cebolla; A pesar de los cambios en las políticas publicas originadas en 2019, en 2020, destacó en la producción de hortalizas, leguminosas y granos, además del indiscutible liderazgo en la superficie sembrada, del maíz, frijol, tomate rojo, garbanzo y trigo.

Culiacán, Elota y Navolato fueron los municipios más representativos en la producción de tomate y en el centro norte y norte de la entidad tuvo una producción significativa de frijol de grano amarillo.

Además de un importante papel como productor de frijol y garbanzo, así como de mango y cítricos; Actualmente en 2025, a pesar de las adversidades climatológicas, de las políticas equivocadas hacia el campo y de las limitaciones impuestas por el gobierno estadounidense a la exportación de tomate, sigue teniendo una importante aportación en la producción de maíz, frijol, trigo, tomate y diversos productos como la papa. En 2024, los tomates frescos fueron algunos de los productos con mayores exportaciones.

Agroindustria en Sinaloa

En 1960, Sinaloa resaltó por su agricultura de riego y la industria fabricante de alimentos e insumos industriales, además de ser un gran productor de tomate, trigo y algodón.

La construcción de presas permitió cultivar extensas tierras, y comenzaron a establecerse fábricas de conservas y molinos. Asimismo, el algodón fue crucial para la industria textil y el empleo en el estado, sentando las bases para su futuro agroindustrial; Para 1970, las agroindustrias en la entidad se enfocaban en la producción de trigo, cártamo, sorgo, frijol, caña de azúcar, arroz y soya, además de la pesca y la ganadería.

En el estado se producían 162,285 toneladas de trigo y 123,470 toneladas de cártamo según las estadísticas oficiales.

En la década de 1980, Sinaloa se consolidó como el principal exportador agrícola de México, destacándose en la producción de hortalizas como tomate, chile y pepino, así como en trigo panificable, maíz y caña de azúcar.

Este periodo está vinculado a la Revolución Verde en el país, que modernizó la agricultura y promovió la producción a gran escala, no obstante, la agroindustria ligada al algodón desapareció debido al surgimiento de prendas sintéticas que absorbieron la industria textil.

Ya en 1990, Sinaloa destacaba por su agroindustria, centrada en la producción y procesamiento de granos como maíz y trigo, así como de hortalizas como tomate y chile.

Asimismo, de una notable actividad pesquera y ganadera. No obstante, en el curso de esa década, empezó a reflejarse una marcada disminucion de las principales agroindustrias, a consecuencia de las dificultades para subsistir, debido a la baja en los precios de productos similares que empezaron a importarse, derivado de la apertura comercial de México al mundo, primero con el GATT (1984) y posteriormente con el TLCAN (1994), el grueso de la agroindustria sinaloense se vio superada en productividad y precios, tal fue el caso de las fábricas de implementos agrícolas, los molinos de trigo, las arroceras, procesadoras de cártamo y sorgo, entre otras. A partir de esa década, se fortaleció la fabricación local de agroquímicos, semillas mejoradas y fertilizantes.

Durante la difícil etapa en esta rama de actividad, la agroindustria de alimentos balanceados para el consumo de la actividad pecuaria de la entidad y de la región, fue una excepción, pues contribuyo a la economía local mediante la generación de empleos. La información sobre esta industria puede variar, pero su importancia es indiscutible para el desarrollo del estado.

Alternativas para el futuro agrícola de Sinaloa

Desde el boom registrado en la agricultura en la entidad, se ha planteado la posibilidad de crear un segundo piso para el campo sinaloense, partiendo de la exitosa agroindustria que se orientó a la “integración vertical hacia atrás”, produciendo en el estado los insumos industriales (agroquímicos, implementos y equipo agrícola), que lamentablemente el GATT y el TLCAN echaron abajo por la ausencia de una política industrial en la entidad.

Bajo una óptica inversa, se ha considerado incrementar el valor agregado de la agricultura en Sinaloa, “integrando verticalmente la producción hacia adelante”, para obtener productos procesados o semiprocesados, de consumo final e intermedio en la industria, o de consumo directo en la población.

Una de las limitantes adicionales al financiamiento, organización, “know how”, entre otros, ha sido el costo de transporte de los productos procesados que se pretenden obtener, debido a que la ubicación geográfica de Sinaloa en el noroeste del país, hace que la relación costo beneficio deje de ser atractiva para los interesados en invertir en proyectos de esta naturaleza, ya que suponiendo que se produjera harina de maíz en Sinaloa, el traslado de 40 toneladas hacia los centros de consumo, estimando entre $700 y $800 pesos por tonelada, el flete ascendería aproximadamente a $30,000 pesos, lo cual representa un costo considerable que dejaría en desventaja la fábrica de harina local, frente a las plantas industriales establecidas cerca de los grandes centros de consumo del país.

A partir del supuesto anterior, se hace necesario explorar alternativas para la transformación de los productos sinaloenses que representan una mayor proporción de volumen y valor de la producción agrícola, a fin de encontrar opciones que agreguen valor y eleven la rentabilidad de dichos productos.

Innovación para producir derivados con alta demanda en el mercado

La innovación en la agricultura de Sinaloa es algo común entre los productores, ya que ha sido esencial para mejorar la productividad y sostenibilidad de esta actividad, como lo reflejan las tecnologías aplicadas a través del tiempo: la tecnificación del riego, y prácticas de agricultura sustentable, el manejo adecuado de residuos, la rotación de cultivos, el uso eficiente del agua y la utilización de drones para monitoreo, aplicación de insumos y agricultura de precisión, así como la inteligencia artificial para analizar tendencias de mercado.

De lo anterior se desprende la imperiosa necesidad de innovar orientados a la posproducción, entendiendo esta como: introducir nuevos productos, servicios, procesos o ideas en un mercado.

Puede ser incremental o disruptiva; de diferentes tipos de innovación: de producto, de servicio, de proceso y de modelo de negocio. Los beneficios de la innovación incluyen competitividad, crecimiento, mejora de la eficiencia y satisfacción del cliente.

Sin embargo, también presenta desafíos como el riesgo, la inversión y el cambio cultural. Para fomentar la innovación es indispensable promover una cultura en ese mismo sentido, invertir en Investigación y Desarrollo (I+D), además de colaborar con otros agentes económicos y fomentar el aprendizaje continuo.

Ante las circunstancias ya descritas que han prevalecido en la actividad agrícola de Sinaloa, se hace imprescindible investigar sobre derivados de los productos en los que se genera mayor volumen de producción, a fin de contar con analisis costo beneficio para su elaboración local, ya sea por empresas locales o en colaboración con capitales nacionales o extranjeros.

El maíz ofrece una amplia gama de productos procesados con alto valor agregado, tales como alimentos: aceite, harina y cereales, así como productos no comestibles como biocombustibles y plásticos biodegradables.

No obstante, por las condiciones de productividad, volumen de producción y costos de transporte, entre otros, se requiere analizar opciones de productos con alto valor y menor volumen, para superar el problema de transportación, en la medida que aun cuando puedan requerirse grandes cantidades de maíz para su elaboración, el producto final tenga un alto valor en el mercado, además de ser no perecedero y bajo costo de transporte en relación a su precio.

Almidones y nutraceúticos

Así pues, la innovación en la agricultura orientada a diversos productos derivados del maíz o el tomate, como ejemplo, centrándose en desarrollar cultivos con propiedades funcionales mejoradas mediante biotecnología, agricultura de precisión y prácticas sostenibles, probablemente también incluirá la modificación genética para aumentar compuestos bioactivos, optimizar recursos y promover la biodiversidad.

Ejemplos de productos innovadores pueden ser cultivos enriquecidos con antioxidantes, alimentos funcionales como cereales con fibra, así como la extracción de compuestos del maíz, del tomate o de otros productos endémicos.

Para lograr esos beneficios se requiere una mayor diversificación de cultivos o variedades, prácticas agrícolas sostenibles y nuevas oportunidades de mercado debido a la creciente demanda de derivados de productos con alto valor nutricional, alimentos funcionales, productos nutracéuticos y hasta productos especializados como almidones, jarabes y componentes para diversas industrias.

El maíz es una fuente importante de almidones, que se pueden extraer y utilizar en diversas aplicaciones industriales y alimentarias, algunas de estas aplicaciones se hacen en la industria alimentaria, como espesantes, estabilizantes y texturizantes en productos alimenticios, como salsas, sopas y productos de panadería; En la industria papelera, como adhesivos y agentes de resistencia en la producción de papel; En la industria textil, como aprestos y agentes de acabado en la producción de textiles; Asimismo, en la industria farmacéutica, como excipientes en la producción de medicamentos.

Algunos beneficios comerciales de los almidones, es su versatilidad, porque se pueden utilizar en una variedad de aplicaciones industriales y alimentarias; su sostenibilidad, debido a que la producción de almidones de maíz puede ser una opción sostenible en comparación con almidones derivados de otros productos; las oportunidades económicas que genera, tanto para los agricultores productores de maíz, como para la industria.

Además de la producción de almidones a partir del maíz, está la producción de nutracéuticos, la cual se enfoca en el desarrollo de cultivos con propiedades funcionales mejoradas, que pueden ser utilizados en la elaboración de productos con beneficios para la salud.

Esta área combina la biotecnología, la agricultura de precisión y la agricultura sostenible para crear alimentos con mayor valor nutricional y productos con mayor eficacia alimenticia.

En sí, los nutracéuticos combinan nutrición y farmacéutica, refiriéndose a alimentos que ofrecen beneficios médicos y ayudan en la prevención y tratamiento de enfermedades. Este enfoque ha permitido a la industria alimentaria desarrollar productos que no solo cubren necesidades básicas, sino que también mejoran la salud y el bienestar.

Los maíces nutracéuticos, como los que contienen antocianinas y carotenoides, tienen un gran potencial en la prevención de enfermedades crónicas como diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares.

Estos compuestos tienen propiedades antioxidantes y pueden ayudar a reducir el riesgo de estrés oxidativo y enfermedades relacionadas. Además, los maíces nativos contienen compuestos fenólicos con valor nutricional y propiedades antioxidantes.

El mercado global de nutracéuticos está en expansión y se espera que alcance un valor de $775 mil millones para 2025, impulsado por el envejecimiento de la población, la mayor conciencia sobre la salud y los avances científicos.

La industria alimentaria tiene oportunidades en el desarrollo de nuevos productos funcionales, innovación en formulaciones, estrategias de etiquetado y marketing que resalten los beneficios de los nutracéuticos, lo que podría transformar la industria hacia opciones más saludables y sostenibles. En México este mercado es rentable y muestra un crecimiento constante, en 2023, el segmento de suplementos alimenticios creció un 7.3%.}

La producción de nutracéuticos hace necesaria la biotecnología agrícola, a fin de modificar genéticamente cultivos y aumentar la concentración de compuestos bioactivos con propiedades beneficiosas para la salud, como antioxidantes, vitaminas y fibra; la agricultura de precisión, para optimizar el uso de recursos como agua y fertilizantes, así como el manejo de plagas y enfermedades; y los sistemas agrícolas sostenibles, los cuales buscan integrar prácticas agrícolas que reduzcan el impacto ambiental y promuevan la biodiversidad, lo que puede contribuir a la producción de alimentos con mayor calidad nutricional y menor huella ecológica.

En cuanto a las hortalizas, se hace necesario el desarrollo de cultivos con mayor contenido de antioxidantes, mediante la ingeniería genética, modificando cultivos como tomates o pimientos para aumentar su contenido de antioxidantes, como licopeno o antocianinas, que tienen considerables propiedades protectoras para la salud.

Existen productos comerciales que incorporan tomate en su fórmula, como bálsamos labiales teñidos o labiales que prometen hidratación y un color natural inspirado en el tomate.

Elaborar un labial utilizando tomate, aprovechando sus propiedades colorantes naturales y beneficios para la piel. El tomate contiene licopeno, un antioxidante que le da su color rojo característico y puede ayudar a proteger los labios. Además, el tomate es hidratante y puede ayudar a mantener los labios suaves y saludables.

Epilogo

El futuro está en la producción de alimentos funcionales, para desarrollar alimentos como cereales enriquecidos con fibra soluble o productos con probióticos, que ofrecen beneficios adicionales para la salud digestiva o cardiovascular; La investigación en fitoterapia y extracción de compuestos bioactivos para generar productos nutracéuticos con propiedades antiinflamatorias, antioxidantes o inmunoestimulantes; Además de que los consumidores puedan acceder a alimentos con mayor contenido de nutrientes y compuestos bioactivos beneficiosos para la salud, es todo una oportunidad que explorar.

El agro sinaloense tiene un panorama de crecimiento y desafíos, por un lado, mantiene el liderazgo en diferentes productos agrícolas, gracias a su infraestructura hidráulica y la capacidad para producir una gran variedad de cultivos.

Sin embargo, también enfrenta desafíos como la vulnerabilidad a las variaciones climáticas, la volatilidad en los precios de los insumos y cosechas, así como las limitaciones comerciales de parte del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

A pesar de estos desafíos, sigue siendo una rama de actividad clave para la economía del estado, generando empleos y oportunidades de negocio. La innovación y la adopción de tecnologías avanzadas serán fundamentales para mejorar su productividad y sostenibilidad.

En suma, este es un llamado a la innovación y la adaptación, para agregar valor y rentabilidad a la producción agrícola.

 

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