NO LE LLEGARON AL PRECIO.

Por: Roberto Montoya Martínez
Julio 29 de 2025.
Televisa sintió que le pisaron los talones, pues MASTER CHEF CELEBRITY fue el ganador de la temporada veraniega de los reality shows. Para garantizar el rating y avasallar a los del Ajusco, la televisora de Azcárraga pretendió inútilmente llevarse a un talento de la empresa de los Salinas, púes la chava tuvo que aprender de su amarga experiencia en Telemundo, que no hay mejor lugar como el hogar. Así que les dijo: Señores, no hay de piña. Pongan ojo al parche.
Vanessa Claudio estaba en el radar de LA CASA DE LOS TIÑOSOS, Perdón, FAMOSOS, partiendo de que la boricua tiene estilo, personalidad y carisma.
La conductora de 42 años aprendió una lección que nunca en la vida podrá olvidar. Durante su breve estancia en Telemundo la hicieron sentir como basura, la ningunearon, la bocabajearon y la humillaron. Jamás la hicieron sentir parte del equipo de SUELTA LA SOPA, programa de mitotes que afortunadamente está fuera del aire.
Pensando eso prefirió ser leal a la empresa que le dio la primera oportunidad, y donde cimentó toda su trayectoria en medios. Dado que entró chavita, va para 24 años en este jaleo, de los cuales, 17 ha trabajado en Azteca, aun con algunas pausas.
Por una cuestión de lealtad y congruencia, le dijo a la señora Noguerón: gracias por la oferta, pero no cuenten conmigo. Y esto va más allá del dinero, es cuestión de principios. Vanessa cambió el camino real por las veredas, y le costó muy caro.
A Vanessa Claudio no le llegaron al precio. LA CASA DE LOS MUGROSOS, digo, FAMOSOS se quedó con las ganas de tener entre sus huéspedes, a un figurón de talla internacional. Para llenar ese vacío, llamaron al influencer Aarón Mercury, que algún mérito debe tener; no en balde lo llamaron.
Bravo por esta conductora puertorriqueña, que prefirió estar en puerto seguro que lanzarse a la aventura sin expectativas de nada. No fuera que se quedara sin la miel y sin la jícara al terminar el show.
De algo le sirvió el ser desdeñada por Telemundo donde aprendió a no fiarse de nadie que le hable bonito. Ni que fuera tan maje para matar a la gallina de los huevos de oro.






