QUIEN QUIERE Y NO PUEDE, GRAN MAL TIENE

Por: Roberto Montoya Martínez
A petición popular, y porque la gente lo quiso así salió de LA CASA DE LOS PANDROSOS, perdón, FAMOSOS, una persona hasta cierto punto despreciable, que de la nada se volvió enemigo de la sociedad.
El público y el internet tienen memoria a largo plazo, razón por la cual no le perdonaron nunca el ser una persona violenta con su primera esposa, que en el fondo está contenta con la expulsión de este personaje de la residencia.
No es que se pretenda que el casting esté conformado con puro dechado de virtudes, pero tampoco hay que admitir a gente lacra y cul… pa suya es la de este chavo por mal portado. Échense este trompo al’ uña.
Adrián Di Monte por fin salió de la casa gracias a los buenos deseos de un público que no quería verlo ni en apariciones. El histrión cubano no recibió los votos suficientes para quedarse una semana más, de cualquier modo, ya se las olía de que iba a salir por su impecable trayectoria… como generador de violencia.
Aunque Sandra Itzel no tuvo nada que ver con su expulsión del chante, su fandom le hizo campaña negra, que al final de cuentas logró su objetivo final: Conseguir que echaran a ese macho alfa de chisguete, que vanamente pretendió ganarse el favor de un público que censura y reprueba la violencia contra las mujeres. Como quien dice, la raza adora los finales felices.
Quien quiere y no puede, gran mal tiene. Adrián Di Monte ya estaba sufriendo la funa de la raza desde antes de entrar a LA CASA DE LOS CASTROSOS, digo, FAMOSOS. Y aún así se quería quedar un rato más.
Se nota que es un hijo de la…. Mala vida. Por más que trató no logró ganarse a la gente, que literalmente eran Team Sandra. Lo primero que tiene que haces este vale ahora que regresó al mundo exterior, es tomar un curso de sensibilización, a fin de que a su actual esposa no pase por lo mismo que la ex vocalista de la Sonora dinamita. Se veía venir la salida de este amigo que cosechó lo que ha sembrado. De mejores realitys lo han corrido, y de peores modos.





