Desde la segunda mitad del 2024 la economía mexicana se desaceleró mostrando signos de debilitamiento de sus sectores más dinámicos, entre ellos la industria y construcción.
Por: Cristina Ibarra
4 de noviembre de 2025
Este 2025, el resultado de los signos estructurales y el debilitamiento de las perspectivas de la renovación del TMEC en sus antiguos términos, dejando ya en claro que este año el crecimiento de la economía será cero, o negativo.


La falta de certidumbre en el TMEC y las amenazas de Trump para que la industria regrese a su territorio han llevado al sector industrial a caer en más de 100 mil empleos anuales en México, con afectaciones considerables en las entidades fronterizas, así como en otras del centro.
Esto nos dice que la recesión económica no solo está confirmada, sino que su duración es incierta, dado que las pérdidas de empleo en el sector reflejan enfriamiento de las inversiones, lo que no cambiaría en el corto plazo a menos que Trump dejara de anunciar sus políticas en un parpadeo con amenazas para todos, e incluso que ya se contentó con China.
Además, la industria manufacturera es por mucho un sector de gran impulso económico en las regiones, generando empleos bien pagados, con incorporación de tecnología y que nos pone en mejores condiciones frente a muchos socios comerciales.
Sin embargo, las pérdidas de empleo, pese al optimismo generalizado que hay por la posición ventajosa de nuestro país con el vecino norteño, son clara evidencia de un sector industrial en vilo.

También, es claro que según las encuestas del Banco de México en el sector empresarial en los últimos meses ha crecido la preocupación por el TMEC y las inversiones nacionales e internacionales están en freno.
Por otro lado, tanto la inseguridad, como los problemas en las cadenas de suministro derivado de conflictos internos, están también afectando de manera coyuntural (esperemos) a las expectativas empresariales.
A ello le añadimos el freno al gasto público, así como la posible reducción de la jornada laboral y el creciente salario mínimo. Todo ello, seguirá poniendo a pensar a los creadores del empleo formal, por eso crece el informal, pero los formales se enfrentan a una recesión y con obligaciones mayores que el año anterior, al tiempo que muchos pueden sufrir pérdidas locales, de carga o incluso extorsión.
En esta situación, merece la pena resaltar que la política industrial no se ve clara y al menos hasta ahora, no ha sido la brújula de las empresas, sino más bien, las relaciones comerciales de nuestro país.

Así que, si queremos conservar el gran motor del crecimiento económico, habrá que escuchar a Donald Trump, colaborar con él e impulsar la inversión nacional, no sólo con invitaciones y eventos, sino con grandes proyectos rentables y, sobre todo, que posibilite una reducción en los costos de producción.
Para muestra un botón, en el presupuesto de egresos se establecieron pocos proyectos significativos de inversión pública que puedan impactar positivamente las condiciones de la producción, y, además, con un mayor déficit fiscal y crecimiento cero, el 2027 se ve aún más complicado.
En suma, el sector industrial, que funge como catalizador de crecimiento en muchos estados, se encuentra en crisis, y su mejora no se ve cerca ni fácil.





