TELEVISIÓN 3.0 | Autos, Mota y rock’n’ roll. Un título ramplón pero que expone el oscurantismo cultural mexicano.


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Autos, Mota y rock’n’ roll. Un título ramplón pero que expone el oscurantismo cultural mexicano.

Por Marco Ramírez.

23 de enero de 2026.

Autos, Mota y rocanrol, dirigida por José Manuel Craviotto, es una película que se planta con descaro frente a uno de los episodios más incómodos y fascinantes de la cultura popular mexicana; el Festival de Avándaro.

Disponible en Prime Video, el filme no busca dictar cátedra ni reconstruir con solemnidad histórica aquel suceso, sino reírse de él, desarmarlo y de paso, recordarnos por qué sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva.

La historia parte de aquel mítico evento realizado en 1971 que prometía ser una jornada de carreras de autos acompañadas por presentaciones de bandas de rock. Originalmente llamado Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, terminó convirtiéndose en una especie de “Woodstock mexicano”, con una asistencia estimada de más de 200 mil jóvenes.

Lo que debía ser un espectáculo controlado derivó en un estallido contracultural que encendió las alarmas del gobierno y detonó una censura feroz contra el rock, además de una persecución simbólica y real hacia los jóvenes que adoptaban el “look” roquero que era traer el pelo largo, usar ropa informal y hacer la señal de amor y paz.

Craviotto toma este contexto y lo convierte en una farsa agradablemente irreverente, disfrazada de documental. El centro del relato son dos organizadores que no tienen idea de la magnitud de lo que están provocando y que se ven rápidamente rebasados por la realidad. Alejandro Speitzer y Emiliano Zurita interpretan a Justino y el Negro, dos jóvenes empresarios con más entusiasmo que plan, cuya improvisación constante se vuelve accidentada y profundamente cómica durante la realización del evento.

El director se apoya en el formato de falso documental con absoluta libertad; mezcla testimonios inventados, imágenes de archivo reales y recreaciones absurdas que transitan entre la risa y el asombro. En ese sentido, la película dialoga con referentes claros del género.

Por un lado, recuerda a Taking Woodstock, aunque aquí el tono es nostálgico y no burlón y caótico. Por otro, remite directamente al espíritu del mockumentary clásico conocido como  This Is Spinal Tap, en su crítica al ego de las bandas, a los empresarios voraces y al sensacionalismo de los medios que veían al rocanrol como el gran corruptor de la juventud.

En lo visual y sonoro, Autos, Mota y rocanrol resulta particularmente atinada. La ambientación del México setentero está cuidada hasta el detalle: vestuario, lenguaje generacional y, por supuesto, la música.

Desfilan bandas míticas que participaron en Avándaro; algunas son mencionadas y otras aparecen apenas sugeridas, con encuadres que evitan el rostro y privilegian voces, posturas y actitudes, como si el rock fuera más una energía colectiva que una suma de figuras individuales.

Lo más valioso del filme es que no pretende ser una lección histórica sobre Avándaro. Más bien, intenta devolvernos la experiencia tal como la vivieron miles de jóvenes: un evento sin estructura, sin orden y sin garantías.

Y, paradójicamente, es desde la comedia donde la película logra abrir una conversación más profunda sobre el oscurantismo que marcó a toda una generación, castigada por escuchar rock, usar el pelo largo o levantar los dedos en señal de amor y paz.

Autos, Mota y rocanrol recuerda que la risa también puede ser una forma de memoria y resistencia. Ya disponible en Prime Video. Agréguela a la lista.

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