Sinners. Un filme de vampiros, polémica y un récord histórico de nominaciones en los Oscares.

Por Marco Ramírez.
28 de enero de 2026.
Sinners se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos más comentados de la temporada tras lograr una nominación histórica en 16 ternas para la 98ª edición de los Premios Oscar, destacando en categorías clave como Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actor y Mejor Guion. Un reconocimiento que, lejos de generar consenso absoluto, ha abierto un intenso debate entre críticos y audiencia sobre el verdadero alcance artístico de la cinta.

Dirigida por Ryan Coogler, cineasta afrodescendiente responsable de éxitos taquilleros como Creed y Black Panther, el filme Sinners reafirma su interés por explorar la identidad, la herencia y la experiencia afroamericana dentro de los códigos del cine de género.
La película nos presenta a Michael B. Jordan en un destacado doble papel, interpretando a Smoke y Stack; hermanos contrabandistas y exsoldados que abandonaron su hogar para combatir en la Primera Guerra Mundial y posteriormente establecerse en Chicago, donde trabajaron para la organización criminal de Al Capone.
Años después regresan al delta del Misisipi con la intención de abrir una cantina en un aserradero abandonado, adquirido a un hombre blanco abiertamente racista, y cuentan con la ayuda de su primo menor, Sammie; quien amenizara tocando blues en el lugar.
Sin embargo, sus planes chocan con una realidad hostil; que en un Estados Unidos de 1932 resulta imposible crear un espacio verdaderamente seguro para una comunidad negra marcada por el racismo imperante.

La lectura de Sinners es múltiple y profundamente ligada a la mirada autoral de Coogler. La película dialoga con el folclore africano, la historia racial estadounidense, las familias negras sobajadas, la búsqueda de la libertad, la importancia de los antepasados y el poder vinculante de la música.
Este último elemento alcanza su punto más alto en una brillante secuencia dentro de la cantina, donde se mezclan de manera anacrónica pero simbólica géneros como el rock, el hip hop, el jazz y el naciente soul, todos coexistiendo en una comunión musical que trasciende el tiempo y convierte el baile en un acto de resistencia colectiva.
El giro narrativo (nunca oculto antes del estreno del largometraje) transforma esta denuncia histórica en una película de vampiros, llevando la historia al terreno de las fórmulas y mitologías clásicas del subgénero donde aparecen elementos como el agua bendita, estacas, ajo y el amanecer como sentencia mortal.

Este cambio en su historia provocó críticas que señalan una fuerte similitud con el clásico de culto “Del crepúsculo al amanecer” (Robert Rodriguez 1996), así como ciertos coqueteos con “La reina de los condenados” (Michael Rymer 2002).
Precisamente esta decisión estilística es la que ha polarizado opiniones. Para algunos, la ambición temática y formal justifica plenamente sus numerosas nominaciones; para otros, Sinners no deja de ser “una película más de vampiros” con envoltura prestigiosa.
Más allá de estos encuentros y desencuentros, Sinners vale la pena ser vista. No solo por el simbolismo de sus criaturas fantásticas, sino porque también presenta el mal en su forma más terrenal que recae en los personajes vinculados al Ku Klux Klan o el propio padre de Sammie, quien lo acosa con culpa y miedo para que abandone la guitarra, convencido de que esa música lo llevará al diablo y condenará a su iglesia.
Un claro y sentido homenaje al legendario guitarrista de blues Robert Johnson, que refuerza la idea central del filme; el verdadero horror no siempre habita en la noche, sino en las estructuras, creencias y odios que se niegan a desaparecer.
Sinners ya disponible en HBO. Agréguela a la lista.







