Una batalla tras otra. Una farsa, resistencia y herencia militante en el cine contemporáneo.

Por Marco Ramírez.
7 de enero de 2026.
Recién galardonada como Mejor Película en los Choice Critics Awards y ya disponible en HBO, Una batalla tras otra se instala como una obra ambiciosa que dialoga con el presente desde la sátira, la memoria política y un cine en perpetuo movimiento.

Inspirada en la novela Vineland de Thomas Pynchon, y dirigida y adaptada por Paul Thomas Anderson, la película propone un recorrido tan lúdico como incómodo por las herencias de la militancia, la desilusión y la resistencia contemporánea.
La trama sigue a Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), quien en sus años de gloria formó parte del grupo militante French 75, dedicado a liberar inmigrantes y desafiar al poder establecido. Su romance con la líder del movimiento, Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), lo llevó a la paternidad, pero también a un abandono por parte de su pareja que lo obliga a retirarse y criar solo a su hija, Willa (Chase Infiniti). Dieciséis años después, Bob ya no es un revolucionario; es un hombre desgastado, marcado por la adicción y la paranoia, que intenta proteger a su hija cuando el Coronel Lockjaw (Sean Penn) regresa para saldar cuentas.
Anderson vuelve a demostrar que la movilidad de la cámara no es mero virtuosismo, es una ética de puesta en escena. El movimiento imprime ligereza a un metraje cercano a las tres horas y construye un ritmo por momentos frenético que nos invita a acompañar las peripecias de los protagonistas. Anderson se inscribe en la tradición de quienes entienden que, al mover la cámara, se mueve al espectador.

El filme ofrece además un compendio de asuntos que remiten a la corrección política de otros tiempos, aquella que el gobierno norteamericano decía defender; sin caer en la consigna. Del apoyo a la comunidad afroamericana al espacio para las personas no binarias; de la ruptura con la maternidad al elogio de la migración de origen latino; Anderson aborda estos temas sin propaganda. Hace de la farsa una estrategia dramática que habilita el distanciamiento y la profundidad.
El humor aparece incluso en los pasajes más serios y, por momentos, la cinta roza la comedia. De ese registro emerge una escena memorable para el público mexicano; donde Bob Ferguson agradece a dos jornaleros, mediante unos chiflidos “muy a la mexicana”, la información sobre el trayecto de un vehículo. Un guiño preciso que activa complicidades culturales de dos fronteras que llevan siglos de conocerse.
El elenco es otro de los grandes aciertos. DiCaprio entrega una interpretación afilada de un neurótico que, por momentos, recuerda al personaje de El Dude del filme The Big Lebowski. Sean Penn aparece en una mezcla de amenaza y grotesco; Benicio del Toro aporta carisma y un humor de secundario que funciona como freno rítmico en escenas clave.

También Teyana Taylor resulta excelente como Perfidia, imagen de un poder subversivo que conjuga ferocidad y sensualidad. Y Chase Infiniti, en su debut cinematográfico, sostiene el arco dramático de Willa con matices precisos, de la fragilidad inicial a la determinación final.
En suma, Una batalla tras otra tiende un puente de continuidad entre los movimientos rebeldes de la negritud y la resistencia de los migrantes latinos. Presenta una red sólida de solidaridad, una comunidad organizada y preparada para sobrevivir frente a cuerpos policiales violentos y represivos; en especial los vinculados a la migración y frente a la parafernalia militar.
Una batalla tras otra ya disponible en HBO. Agréguela a la lista.








