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Las personas desaparecidas es un delito que ensombrece los escenarios sociales por el número de víctimas y por el silencio de las autoridades que hace temblar a cualquiera.

Marzo 13 de 2025.

Demasiadas noticias en tan poco tiempo. Traiciones y deslealtades políticas en el primer círculo presidencial, crisis políticas con el gobierno norteamericano y políticos que se mencionan continuamente en las redes sociales de vínculos con la delincuencia organizada.

Ahora con esa escalofriante noticia que escandaliza el escenario nacional, con el terrible hallazgo de cuerpos de personas torturadas, mutiladas y sepultadas clandestinamente en una zona prácticamente de exterminio. Un espectáculo infame como odioso.

Lo peor, es que no ha sido el único, en muchos otros lugares se ha teñido de sangre con esos hechos a los que las autoridades no han podido evitar y menos castigar a los culpables. Auténticos campos de exterminio o cementerios del crimen. Un golpe brutal para los grupos de buscadoras organizadas que investigan el paradero de sus familiares desaparecidos.

Las autoridades han sido incapaces de detener ese flagelo. Los delincuentes no respetan domicilios para sacar por la fuerza a sus víctimas o en cualquier otro lugar como en las calles, campos de juego o cualquier otro.

Sinaloa no es la excepción. Hasta un cementerio forense se ha construido precisamente para llevar a ese lugar los restos de personas asesinadas levantadas o sacadas por la fuerza de sus casas. La delincuencia organizada actúa y las autoridades sin reaccionar.

Los familiares de esas personas decidieron desde hace tiempo formar sus propios grupos de investigación para localizar el lugar donde presumiblemente puedan encontrar a sus víctimas. Las fiscalías se han echado la cola al hombro porque ni apoyos o cuando menos simulan que los dan, a esas familias agraviadas por la delincuencia.

Amenazas y asesinatos han sufrido esos grupos de valientes rastreadoras. Reconocimientos no se les conceden porque eso no es lo que buscan, lo que quieren es encontrar a sus familiares que les fueron arrebatados.

Culiacán y Sinaloa, es un lugar en el que la seguridad personal todos los días está en juego. Los quehaceres cotidianos tienen que realizarse. La gente tiene que trabajar, ir a la escuela y a realizar sus compras, las autoridades no tienen la capacidad para darle seguridad a todos aquellos que la necesitan. Los policías se han escaseado y que al parecer son productos en extinción.

Las noticias que llegan a los oídos de todos registran levantones y homicidios, pero las detenciones de presuntos responsables no aparecen en las notas gubernamentales. La desaparición forzada de personas es un agravante demasiado serio, al grado de crearse fiscalías especializadas, pero de nada han servido porque ni evitan los levantones y tampoco detienen a los culpables.

La Comisión Estatal de los Derechos Humanos, debería preocuparse en aplicar medidas que obliguen a las autoridades a instrumentar mejores estrategias para evitar ese crimen. Sería recomendable que la Comisión, realizara todo un diagnóstico de la situación que guardan las policías en Sinaloa y que de oficio se giraran las correspondientes recomendaciones para restituir los estados de fuerza policiales en aras de abatir la inseguridad y la impunidad.

Gire además las recomendaciones pertinentes para que la autoridad investigadora de los delitos cumpla con su función, porque el rezago es terrible, son demasiados delitos sin resolver. La impunidad es un mal que nos afecta a todos. El reto no es fácil pero obligadamente necesario.
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