Gobernar es la aspiración natural del político, arribar al poder requiere de liderazgos que convenzan y animen a la gente a votar por sus proyectos.
Viernes 4 de noviembre de 2022.
Esa sería la interpretación lógica. Pero la espiral en la política ha sido la ambición del poder por el poder y no para gobernar. Muchas veces surgen preguntas de cómo es posible que el elector, sabiendo que un aspirante al gobierno cualquiera que sea la posición a la que arribe, tenga antecedentes de cuestionada honestidad y aun así, se lanza a las urnas a entregarle su voto.
Voces ciudadanas han hecho eco en cualquier lugar de la ciudad o del Estado cuestionando de que un candidato a puesto de elección popular está relacionado con personajes de la delincuencia organizada y las áreas de inteligencia del gobierno se callan y los dejan participar y gobernar.
Nuestro sistema político, ha sido rehén por muchos años por actores políticos que han dominado las estructuras del poder comprometidos con cabezas de organizaciones dedicadas a la comisión de delitos a gran escala.
Política y corrupción han sido compañeros muy unidos. El político se ha corrompido por su misma ambición. El Estado ha sido cómplice porque lo ha solapado. Las complicidades han sido tan burdas que al dejar el gobierno algunos exgobernadores, los han hecho embajadores.
La revisión de las cuentas del presupuesto que manejaron registra desvíos o gastos excesivos sin comprobarse. Las auditorías dejan de ser el medio para sancionar la corrupción, convirtiéndose en cómplices del poder político que gobierna.
Aun con todas esas fallas, el elector va a las urnas y vota por el menos deseable, el triunfo se obtiene dejando un sabor amargo en las gargantas de muchos. El gobierno sigue registrando fallas y la población sufriendo de pésimos servicios públicos.
Los gobiernos se eligen y designan a sus acompañantes en la administración. Algunos podrán ser buenos otros no tanto, pero permanecen haciendo daño. Carreteras en pésimo estado, no solo las federales sino también las estatales, inseguridad campeante y permanecen los mismos dirigentes policiales, la impunidad tampoco se erradica, no interesa mejorar las estrategias para castigar al delincuente, hasta se han lanzado algunos gobernantes con el anuncio de crear museos para exaltar el narcotráfico, se ha desnaturalizado la función de la CNDH utilizándola como golpeadora de organismos que le estorban al gobierno, y los peor es que se pretende obtener el control electoral para perpetuar su poder en las instituciones que son del pueblo ¿intereses políticos o el bien común?
Sinaloa, tiene todas las condiciones para liderear en el gobierno. Hay Gobernador que cree en su proyecto político, pero necesita deslindarse de su Presidente que no lo deja desarrollar ese proyecto que le dio a conocer y lo comprometió con los sinaloenses.
Le hacen daño las recomendaciones que recibe, designa en turismo a un personaje que ensucia la imagen de su gobierno, aun cuando por tecnicismos no se le pueda calificar como delincuente, pero no deja de ser un sujeto que está siendo investigado por probables delitos cometidos.
Un gobierno de convicciones sin importar su ideología debe actuar con fidelidad a la protección de los que menos tienen pero también promover la inversión privada es un imperativo para activar la planta productiva y catapultar las fuentes de trabajo que den sustento a las familias mexicanas y del estado.
Lo cierto es que la inseguridad y la impunidad todavía no se sueltan de la mano, siguen siendo el talón de Aquiles sinaloense, porque ha faltado determinación para desterrar la corrupción y la ineptitud ¿voló la imaginación para recordar esas pláticas de café?
¿Usted qué opina?




