CRISIS DE INSEGURIDAD Y VIOLENCIA ¿EL RETORNO DE LA POLICÍA CIVIL?


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Un aviso cruel de que la policía es un elemento vital para el gobierno. Repeler toda manifestación de inseguridad no basta hacer uso de la fuerza militar. Es una falacia.

Febrero 25 de 2025.

Se ha expuesto el fracaso de la Universidad de la Policía para formar nuevos elementos de policía en sus diferentes perfiles profesionales. Se pierde convocando a posgrados pero se olvida de la misión de su creación. Si no hay nadie que la supervise seguirá hundiéndose en el fango de la decepción y con un alto costo al presupuesto estatal.

Ha sido también objeto de comentarios en este espacio de opinión, la posibilidad de que la policía pueda organizarse colectivamente en aras de ser una organización viva y que contribuya a incorporar nuevos sistemas para el ingreso, promoción y permanencia que den certeza a la función policial. Las evaluaciones de control y confianza tienen que rediseñarse y no simulen en su eficacia.

Apegarse al frio rigor de la ley no es la mejor opción para formar instituciones policiales profesionalizadas y confiables. El policía requiere desde su formación un adoctrinamiento especial que permita arraigarle un sentido de honradez y de pertenencia a la institución de la que forme parte y a la profesión que ha elegido.

La organización colectiva y los convenios que se celebren permitirán crear un nuevo paradigma en México de que en las instituciones policiales podrán coexistir voluntades afines que acuerden políticas y procedimientos para hacer efectiva la selección y formación policial, como meta para desterrar la corrupción desde la fase inicial del nuevo policía.

El gobierno cumpliría una aspiración social de muchos años. Tener policías que respondan a la confianza ciudadana y policías que no se detengan en atacar cualquier manifestación de conductas antisociales que pongan riesgo la paz social.

La violencia desatada ha hecho del gobierno un blanco de reclamos por grupos de la delincuencia organizada. Complicidades y corrupción ha puesto al descubierto lo que ya venía siendo un secreto a voces desde hace muchos años. Mandos policiales comprometidos con intereses distintos a los de la sociedad, pagando favores y arraigando complicidades.

¿Que las policías fueron infiltradas? es un hecho que no se puede ocultar, pero ese contaminante fue sembrado desde el gobierno y lo saben muy bien. Nombramientos de personas nada dignas para fungir como jefes de policía y procuradores de justicia. En las procuradurías permitieron el arribo de titulares y jefes de la policía investigadora nada probos y con nexos, según las voces ciudadanas, con miembros de la delincuencia organizada. Un hecho de sobra conocido.

El uso de la fuerza militar no es ni será la mejor opción. Es ridículo aceptar que por estar infiltradas las policías locales o municipales estas dejaron de ser confiables y que por ello fue necesario sacar de los cuarteles al soldado.

No se engañen, las razones políticas pesaron más que el interés de combatir la inseguridad. Abandonan las instituciones policiales civiles y privilegian a la casta militar. Permitan rediseñar la estructura policial y que se establezcan nuevos sistemas para el reclutamiento, selección y formación policial. Decídanse, sacúdanse ese compromiso que a nada bueno han conducido a las policías de Sinaloa y de México.

Bases normativas para cumplir con ese sueño de la población, hay de sobra, porque voluntad política, para mejorar y cambiar, solo se conoce en el discurso, porque compromisos para el cambio no se ven, porque todo queda en una burda simulación.

El uso de la milicia seguirá siendo la mejor opción no solo para utilizarla en la persecución de delincuentes sino para retrasar el regreso de las policías civiles. Pero ya llegarán esos tiempos en los que el policía patrulle por las calles del barrio, de la colonia, de las rancherías, de nuestra ciudad y del Estado, en los que la carrera policial sea una realidad y el reconocimiento ciudadano la mejor de las notas aprobatorias.
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