Siguen las condiciones muy precarias para que la sociedad se sienta segura. Por lo que se ve, las autoridades han fallado en la estrategia de seguridad.
Enero 6 de 2025.
ha sido suficiente el alto número de militare enviados a Sinaloa para enfrentar la inseguridad que ha despojado a los habitantes para que realicen con normalidad sus actividades cotidianas. Los nulos resultados están a la vista.
Cerró el 2024 con una cifra exorbitante de delitos en los que prevalecieron homicidios, desaparición forzada de personas y robo de vehículos. Citar números es provocar el morbo, malestar y el temor ciudadano.
¿Cuánto tiempo más se habrá de esperar el pueblo para retomar sus actividades cotidianas? La paciencia se acaba, los establecimientos comerciales siguen cerrando, se vuelven incosteables y los consumidores temerosos prefieren no exponerse. Las calles de la ciudad se han vuelto peligrosas a cualquier hora del día o de la noche. Los enfrentamientos armados no respetan lugares ni escuelas.
La crisis del desempleo afecta seriamente las economías familiares, que podrían hacer más difíciles sus formas de subsistir. Los subsidios gubernamentales se vuelven insuficientes para detener esa necesidades comerciales y sociales. Un componente criminógeno que puede convertirse en otro detonante de inseguridad.
Los delitos se suman y no se esclarecen. La impunidad sigue reinando en el escenario estatal. Las autoridades deben de sincerarse con la población y decirle si podrán con el paquete de responsabilidades que se les ha encomendado o seguirán diciendo que están trabajando y que los delitos están disminuyendo.
Basta de conducirse con falsedades ante una sociedad que se agota por la inseguridad que padece desde hace varios meses. Los crespones luctuosos afectados por los hechos violentos que vive la entidad hacen que se enchine el cuero ante la impotencia ciudadana de no poder resolver esa amenaza delincuencial.
Transitar por la calle es enfrentar con valor la posibilidad de toparse con una escaramuza de grupos civiles armados que pelean a campo abierto por la conquista de su organización sin importar si se afecta la seguridad de víctimas inocentes.
El ciudadano vive en un constante desafío por los distintos frentes de tensión y de amenaza que le acechan. Los filtros militares lejos de generar confianza a la población provocan coraje, temor y desconfianza por la actitud ruda y hostil con que se trata al ciudadano, provocando que se diga si en realidad se combate al delincuente o se reprime al ciudadano que quiere vivir en paz.
Se dijo con toda oportunidad lo que podía traer la presencia militar en las calles. Los derechos ciudadanos les importa un soberano cacahuate. Combatir la inseguridad en la opinión del soldado no del policía civil, es agarrar parejo sea o no delincuente el que tenga que pasar por esos filtros militares.
Los ciudadanos de bien, defendamos con firmeza nuestros derechos, ninguna autoridad militar o del orden que sea, debe poner en duda la decencia que como personas tenemos, el clima de inseguridad no es motivo para permitir que se atropellen la dignidad y nuestro estado de derecho.
¿Habrá hilos comunicantes entre los bandos en combate que tengan conexión en el gobierno? ¿ante la falla de estrategias en el combate a la inseguridad habría acercamientos que permitan visualizar solución a corto plazo entre esas facciones guerreras? Son algunas interrogantes que surgen al calor de la tensión y de la incertidumbre ciudadana ¿El gobierno demostrará que es mucho más que un puñado de terroristas o la sociedad seguirá indefensa ante ese vacío de autoridad que se percibe?
¿Usted qué opina?




