La lealtad a las convicciones y a la pertenencia a una organización política se defiende con pasión y con honor. Cuando se ingresa a un partido político por conveniencia las ambiciones desplazan todo valor ético y moral.
Martes 20 de junio de 2023.
Los que se fueron del PRI no tuvieron vergüenza ni coraje para defender los principios del partido que los cobijó y que los llevó a diversos puestos del poder político. Las posibilidades de seguir prendidos de la ubre gubernamental o seguir gozando de los beneficios partidistas se tornaron difíciles y optaron por lo más fácil. Renunciar y vociferando contra el partido que los apoyó.
La militancia que se fue, sin duda que golpearon fuertemente las debilitadas condiciones de priismo. Socialmente es un partido desacreditado por la corrupción que se anidó y de la que los que se fueron no son ajenos porque no hicieron nada por combatirla. Fueron parte de todo el fango que tiene en el ocaso al PRI que alguna vez brillara.
Los inconformes no se distinguieron por esforzarse en abanderar gestiones de beneficio popular. Sudaban escasamente cuando salían falsamente a buscar el voto ciudadano y prometer lo que sabían que no habrían de cumplir. Como consuelo, deben despreocuparse porque ese es un mal de todos los partidos.
Sin embargo, los que llegan al poder, con el voto y el engaño ciudadano, priorizan resolver sus necesidades económicas y construir un patrimonio que interesarse por buscar soluciones a las necesidades sociales para mejorar los servicios que les permita vivir con dignidad.
La corrupción es una mancha negra que corroe las entrañas de un gran número de políticos que lejos de demostrar fidelidad a sus principios, han registrado en el concepto ciudadano una línea de deshonestidad contribuyendo a la degradación y desconfianza de los partidos políticos, como del que ahora reniegan.
Las convicciones se arraigan y se defienden. No hubo unidad y tampoco se luchó para lograrlo. Los discursos exaltaban la unidad y el compromiso de la militancia con las causas sociales. Pero muchos de los renunciantes no llegaron a ensuciar sus zapatos con la tierra de colonias y comunidades y tampoco a mojar sus camisas con el sudor que corre y que con pasión se disfruta cuando hay amor social en la promesa de los políticos.
La historia se sigue repitiendo. Salen de un partido y se refugian en otro. Las conveniencias etiquetan al vividor de la política. La pluralidad en el gobierno es parte de las estrategias democráticas. Pero las convicciones no se desarraigan, por el contrario, dan fuerza y confianza en el gobierno.
Las corrientes políticas que se forman en una agrupación política son naturales y propias del hombre que quiere figurar y ser cabeza y guía. Los fines que se propusieron como agrupación no deben desplazarse por los intereses personales o del grupo dominante. Es la estabilidad y la fortaleza de un partido político. Crear confianza en la sociedad para que al ser gobierno haya esperanza y luz para armonizar la convivencia social.
Mucha razón se irriga del análisis político de los expertos, de sus opiniones destilan extrañamientos y reproches a los que renuncian y se van del PRI. En lugar de la retirada debieron alinear su eje de rotación para sacudir la maloliencia de la corrupción que identificaba al partido que dijeron que una vez amaron.
Se alejan del PRI y le coquetean a Morena. Bailan y sonríen para que volteen a verlos. Sus ambiciones de poder los llevan a pretender participar en el partido en el poder. Ser mercenario de la política no es una inspiración libre, es una convicción interesada. Las libertades ciudadanas son las que construyen democracias, pero las ambiciones personales degradan al individuo y corrompen a los partidos.
La UAS no se toca, la autonomía universitaria se respeta.
¿Usted qué opina?






