HOY PERDIÓ EL FÚTBOL

Por: Roberto Montoya Martínez
1 de mayo de 2026.
El fútbol no es solo un deporte; también es espectáculo, emoción y comunidad. Mientras muchos se distraen con chismes de artistas y titulares sensacionalistas, el terreno de juego sigue siendo un escenario donde se construyen historias que importan. Y hoy, tristemente, la historia de Mazatlán Fútbol Club llegó a su fin.

Tras varios años de intentos fallidos en la Liga MX, el equipo finalmente se despide, dejando detrás más decepciones que alegrías. A pesar del respaldo financiero de Grupo Salinas, reconocido por su poderío en los negocios y los medios, el club nunca logró consolidarse. Las promesas de victorias y grandes temporadas se desvanecieron en derrotas y cambios constantes de estrategia.
La historia de Mazatlán se repite con un amargo precedente: no olvidemos el caso de Dorados de Sinaloa, equipo que tuvo que abandonar la plaza debido a la persistente situación de violencia que todavía afecta a Culiacán. Los problemas de seguridad y la falta de estabilidad social son un recordatorio de que el fútbol no se desarrolla en un vacío; está entrelazado con la realidad de quienes lo disfrutan y lo sostienen.
Pero más allá de los resultados deportivos, la verdadera pérdida es humana y tangible: las familias que dependían directamente del club. Jugadores, entrenadores, personal administrativo, proveedores locales y comerciantes cercanos a la cancha sienten hoy el peso de la incertidumbre. La caída de un equipo no es solo un marcador en la tabla; es un golpe directo a quienes veían en el fútbol una fuente de sustento y orgullo.
Hoy el fútbol perdió un capítulo importante en Mazatlán. No hubo espectáculo que salvara la temporada, ni inversión que garantizara la permanencia. Queda, sin embargo, la reflexión: el deporte va más allá de patrocinios y cifras. Es una red de vidas, de emociones compartidas y de comunidades que se construyen alrededor de un balón. Y cuando se pierde, la pérdida se siente más allá del estadio.






