LAS DESPEDIDAS DUELEN
Noviembre 17 de 2024.
26 horas antes de morir le tomé su última fotografía. Llegué a visitarlo en domingo y ya tenía gente desayunando, porque le pidieron que los atendiera, le insistieron.
Él, con el espíritu de guerrero, de comerciante de los buenos, mandó traer a quien hiciera tortillas, a quien cocinara; “Con eso, dijo, aquí nosotros llevamos lo que haga falta” mencionó.
Después de varias diligencias dominicales, llegué a saludarlo, me dio mucho gusto verlo, saber que estaba trabajando, que a pesar de lo adverso de las circunstancias lo hacía: “Me voy a levantar, Profesor, como el Ave Fénix, me voy a levantar” me dijo. Casi una semana antes se había incendiado el lugar, en ese tiempo, el congreso del estado le había entregado un reconocimiento por su labor incansable como restaurantero y promotor cultural. Son muchas actividades las que se hacían desde ese lugar que él lideraba.
Somos muchos los que nos inquietamos esa tarde al finalizar el décimo mes del año. Y por ello, lo visitamos, pero algunos querían que todo se viera normal y querían desayunar ahí; pues se los concedió ese día, como mencioné al inicio.
Una maestra que tenía una amistad muy robusta con él, también, empezó a querer arreglar unas plantas que habían salido afectadas por el incendio.
También quiso poner un balde en la noria que está justo al lado del Huanacastle que, a pesar de la quema, no se raja y sigue dando sombra, (En algún momento se le colgó un letrero que a su letra decía: “El árbol no le niega su sombra, ni al leñador”). Le ayudé a poner la cuerda que sostendría al balde de la noria.
Cuando quiero dejar evidencia de ello, le saco una foto, pero aparece mi amigo, al extremo de la misma. Justo en ese momento, fue la penúltima fotografía que se le tomó a mi amigo, porque después de eso, hasta me posó para la última.
¡Ah, caray, apenas si salió en esta foto, pero puedo tomar otra, acaso posaría para ello: le dije! Sólo sonrió y se puso estático, como aprobando la toma, quizá la última foto de su vida.
Después de esto, platicamos un momento más, siempre en relación a su objetivo muy claro, de levantar el negocio, con un ánimo muy singular y mucha energía me habló de esa idea. Quería restablecer su negocio, que fue el proyecto más fuerte de su vida laboral. Pero habría que decirlo, fueron más de 3 lustros ininterrumpidos en los que fui su colaborador, muy entregado a las labores que se requerían en el negocio.
Ahí nos pusimos de acuerdo con unas tazas que ocupaba y le llevaría un par de días después, y nos despedimos con un abrazo muy solidario, de mi parte; y un abrazo de agradecimiento de su parte; porque al final le dije que dos amigos que tenemos en común, habíamos platicado de la idea de ayudarle; a ambos les mandó saludar conmigo.
Un domingo, normal, por la tarde. El lunes con mucho trabajo, toda la mañana, pero cuando voy a mi programa de radio, poco antes de las 4 de la tarde, me llega una llamada. Es para darme una muy mala noticia: “Acaba de morir y fue asesinado en su casa” me dijo una voz muy familiar para mis neuronas. Con toda la confianza en la fuente, pero, aun así, me fui a las redes sociales que, dan las malas noticias de manera rápida; encontré la nota y un “en vivo” desde el lugar donde respiró su último aliento, donde le hubiera gustado morir, pero no así. Todavía no.
Muchas llamadas, a partir de entonces, incluyendo en el programa de radio, estaba al aire y me llamaron varias personas, en particular, una prima que sabía la relación tan estrecha que mantenía con mi amigo.
Ya con el dolor encima, y con la responsabilidad encajada, no pude más, que hacer un programa de radio que, si cumplió, pero estaba muy inquieto por saber que un buen amigo ya no respiraba, recientemente. Terminamos con el programa y mi línea telefónica se ocupó permanentemente durante el resto de la tarde. Pero ya no se podía hacer algo para cambiar la realidad.
Para el día siguiente, al igual que el programa de radio, las clases fueron muy tenues, sin la energía que, comúnmente, se aplica. Y a la espera de noticias, que me llamaran para saber en dónde podría despedirme de mi amigo. Fue hasta la tarde que supiera que, hasta el día siguiente a las 9:00 en una funeraria local se podría verle.
Llego poco después de las 8 a la funeraria y pregunto donde se velarán los restos de mi amigo, muy extraño porque nunca había preguntado eso y menos dando el nombre de él; me era infamiliar.
De inmediato, una señorita me dijo que, “En la sala 3, allá arriba”, casi al mismo tiempo, el señor que estaba a su lado derecho, apunta con el dedo índice hacia donde debería caminar, y les pregunto: ¿Ya se puede entrar? Tomando en cuenta que la cita para despedir a mi amigo, era a las 9:00 a.m. Y faltaban 50 minutos. “Sí, ya se puede” casi al unísono me dicen ambos, y nunca supe cuál de las dos voces se escuchó más fuerte.
Allá voy, muy inquieto, porque ya habían pasado muchas horas después que lo asesinaran. Tuve que subir unas escaleras, con toda la calma del mundo, porque las rodillas iniciaron con una queja muy singular. El paso de los años se ve reflejado en estos momentos, son más de 50 años, es normal.
Una vez arriba, llegó a una puerta que sin que se lo pidiera, se abrió. En ese espacio se tienen 2 salas, la 3 y la 4, que tienen una cafetería en común.
Una vez dentro, miré que la sala 3, estaba con sus puertas abiertas, entré. En ese momento me di cuenta que era el primero en llegar, después de la familia que ya estaba dentro.
A distancia, escuché una voz conocida, era el hijo más chico de los 3 grandes, que se despedía de su viejo de manera muy especial. Cuando entré, fue el JR el que me pidió un momento para que ellos pudieran despedirse, en automático, me salí de la sala.
Pronto se cerró la puerta y en ese momento, me quedé para cuidar que nadie entrara, hasta que ellos se hayan despedido. Y sí, porque enseguida llegó una pareja queriendo entrar, y les dije que esperaran un poco, por favor, claro que les ofrecí argumentos válidos.
Quiere decir que le volví a cuidar la puerta a mi amigo, pero esta vez no en el negocio, en su funeral fue. Porque fueron muchos años de hacerlo en el negocio.
Media hora después de eso, era un mundo de gente la que llegó, pero ya la familia se había despedido de él, como Dios manda, si señor. Para este evento se tenía una afluencia amplia, pero se superó por mucho, aunque es mucha gente la que no va a los velorios de personas que mueren así. Sólo que mi amigo no debió morir así; simplemente no debió pasar. Aunque en este país, ocurre de todo, siempre ha sido así.
Toda la mañana, fue de saludar gente, la misma que saludaba en el restaurante, hasta parecía que estaba ahí, porque había café, pan, pinturitas que llevó un sobrino de mi amigo, hasta parecía que llegaba y me decía: “Ahí le encargo, profe, ahí le encargo el negocio”, pero no, ya no más.
Simplemente estamos desarmados en contra de todos los que quieren hacer daño, porque no nos defienden, aunque nos cobren impuestos, aunque paguemos por ello, y ahí va el pago por la seguridad y todo a lo que tenemos derechos, sólo las obligaciones son las que sí se aplican. Así es en México, la justicia es como un fantasma, simplemente no se ve.
Ahora más que nunca, debemos de luchar, debemos seguir educando a nuestros hijos, para que logren sus objetivos personales, habría que enseñarles a luchar por lo que buscan y que lo que busquen, sea agradable para ellos y los demás. Sería más fácil si los políticos hicieran lo que les corresponde y nosotros igual, pero ahí están en la lucha por el poder, y al pueblo que se lleve el diablo.
Las leyes ahí están, pero ni siquiera se cumplen, y las queremos cambiar, pero para qué.
De todo esto, platicamos mi amigo y yo muchas veces, muchas. De cómo se podría hacer para que mejoráramos, de que deberíamos de hacer propuestas, no sólo renegar de lo que se hace en el gobierno, de geopolítica nacional y mundial. Pero fue este día 3 del penúltimo mes la última vez que platicamos. Descanse en paz, mi amigo, ya no se preocupe más. Hasta que Dios quiera, nos vemos de nuevo. Sólo tal vez.




