PERCEPCIÓN DE INSEGURIDAD Y ESTADISTICA DELICTIVA A LA ALZA


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El temor ciudadano por la inseguridad sigue siendo muy alto. Los delitos se siguen cometiendo, pero la gran mayoría siguen sin resolverse. La sociedad quiere resultados.

8 de mayo de 2026.

Sinaloa desde hace casi dos años se encuentra sitiada por policías y militares, enarbolando la bandera de que se trabaja para combatir la delincuencia y la inseguridad. El inconveniente de ese trabajo es que no produce los resultados que la sociedad espera, por el contrario, sigue atemorizada porque los maleantes siguen en las calles haciendo demasiados desmanes.

La percepción de riesgo que puede ocasionar la delincuencia es real, no es una fantasía. La estadística crece no solo porque los delitos disminuyen, sino que la tasa de impunidad es la que crece porque no hay investigación efectiva.

Por ello, no hay que engañarnos de que la tranquilidad ciudadana regresa porque los delitos están decreciendo, sino que esa alza en los delitos es porque los nuevos que se cometen, aunque sean menos, no se resuelven, y la tasa de impunidad por ese motivo, crece de manera desmedida.

La sociedad ya siente que la estrategia implementada en contra de la inseguridad, se aplica en contra de los ciudadanos de bien, porque los delincuentes continúan delinquiendo y causando temor social.

Revisen los numerosos reproches ciudadanos en contra de esos filtros militares que se instalan en las principales arterias viales de la ciudad en horas en que la gente se traslada al trabajo, a dejar o a recoger hijos a las escuelas, a cumplir con citas médicas, y muchas otras necesidades que a los soldados les importa un soberano cacahuate. Solo reciben órdenes y que, por esa razón, la sociedad tendrá que aguantarse.

En recorrido que día a día se tiene que recorrer, no hay muchas vías alternas en la ciudad para poder elegir y evitar esos filtros que lejos de ser un beneficio ciudadano es el hazmerreír de la delincuencia, por lo que las personas forzosamente tendrán que soportar hasta siete filtros en un solo recorrido.

Parece que la inteligencia se perdió. Prefieren utilizar la presencia de fuerza quizá para disuadir al delincuente que se ponga en paz. El inconveniente es el repudio en contra de la milicia por los continuos retrasos a las personas que tienen que cumplir con bastantes obligaciones como las ya mencionadas.

Los trastornos en la inseguridad se ocasionan porque no hay una estrategia adecuada y bien planeada. Los mandos militares y un civil en las instituciones federales, son los que fijan las reglas de actuación. Las autoridades civiles son de presencia con voz, pero sin voto, quizá por mera cortesía se les escucha.

La Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública, sigue durmiendo el sueño de los justos. Ve, escucha, pero seguramente tienen temor de opinar, mientras tanto que la sociedad se las siga arreglando confrontándose, en muchos casos, con el personal militar que violenta con sus actuaciones la paz y la armonía social.

La delincuencia gozando de que no sea en contra de ellos la aplicación de esas medidas de represión social. Sería conveniente que los señores de la coordinación general difundieran la estadística de impunidad y los motivos de la ineficiencia en la investigación criminal, porque las voces de reclamo popular son las más numerosas que esa minoría que dicen que sigan esos “retenes”

La fuerza policial puede disuadir, pero ya no espanta al delincuente. La inteligencia policial puede ser más letal en contra de esos personajes del mal, si se desarrollan las técnicas que se recomiendan en la doctrina policial. No se aferren a un diseño policial que no da resultados.

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