LOS MUSEOS DEL “CHINO” BILLETERO
Especiales de Antonio Velázquez Zárate.
Estimados lectores, a través de mi carrera periodística, iniciada allá por el año de 1969 en El Sol del Pacífico, he tenido la fortuna de abordar diversas responsabilidades, inicié en el cuerpo de reporteros de primera plana, en Mazatlán, después como no había más, acepté ser cronista deportivo en El Sol de Sinaloa, donde con el paso del tiempo, llegué incluso a estar al frente de la página de sociales y antes de que se iniciara este siglo, el entonces director, Jorge Luis Telles, me dio la responsabilidad de trabajar reportajes especiales, género, que como el deportivo, me han dejado enormes satisfacciones.
Platicando con Jorge Luis, así como con los responsables de las diversas plataformas a las que llegan mis colaboraciones, aceptaron mi propuesta de darle nueva vida a antiguos pero valiosos temas de todo tipo.
Lo elegiremos escrupulosamente, algunos para actualizarlos y otros simplemente para corregir errores. Algunos serán cortos, otros extensos, pero todos, de interés general. En todos escribiré una introducción con la finalidad de ofrecerles de entrada un panorama general sobre cada tema.
La investigación se volvió una nueva droga en mi trabajo periodístico, de tal manera que, entre otras cosas, le di vida al libro Un Siglo de Fútbol en Sinaloa, cuyo trabajo me llevó poco más de dos años.
Como se dice en el toreo “para calmar mis ansias de novillero”, aunque de primerizo no tengo nada. Sirva esto pues, como presentación para un nuevo espacio en estos portales. Cada fin de mes tendrá usted algo interesante que leer solo teclee jorgeluistelles.com
Iniciaremos con un reportaje en memoria del ya fallecido el “chino” Billetero, en una serie de tres partes. Este trabajo fue realizado a principio de la década del presente siglo.
El arqueológico y el de la naturaleza
LOS MUSEOS DEL “CHINO” BILLETERO
* Más de seis décadas de una tarea incomprendida
Primera de tres partes
Personaje sin duda popular, pero además singular, sobre todo por su actividad de recolectar todo tipo de piezas o reliquias dejadas por nuestros antepasados, para él es algo más que un “hoby” o pasatiempo que se le metió en la sangre hace más de 60 años, es una obligación moral de ser salvaguarda de testimonios dejados por ancestrales habitantes de la geografía sinaloense y quien actualmente amenazado por la guillotina del gobierno federal, clama apoyo para continuar lo que para él es parte de su vida.
Así lo dice en propio Manuel Delgado Salas, popularmente conocido como “chino” Billetero: “Crecí con esto, jamás me casé porque esta actividad absorbió mi vida y ahora de pronto me ordenan parar porque según el gobierno está prohibido recolectar piezas arqueológicas, es algo que me pone triste, porque entonces no entienden la importancia de lo que hago”.
“Jamás he caído en la deshonra de vender una sola pieza. Ni una”, exclamó el “chino” Billetero, quien, en su trabajo oficial, la venta de billetes de lotería ha hecho felices a muchas personas y a él mismo porque gracias a eso ha logrado sostener tan caro pasatiempo.
Sus clientes, a los que ha hecho ganar millones le han dado muy buenas propinas, pero también ganado varios premios gracias a billetes que se quedan sin vender y sin regresar.
Esto le ha dado la posibilidad de adquirir varias fincas que, habilitadas como museos, están abiertas al público de manera gratuita. Uno de ellos, el principal, es producto de 61 años de ir de pizca a las márgenes de los ríos, cerros y todo lo que huela a donde hay vestigios de viejas culturas que a su paso dejaron testimonio de haber habitado el lugar.
Cuidadosamente acomodadas en estantes y aparadores de piso y de pared, miles de piezas separadas o clasificadas, levantan la admiración de la gente que visita el museo y desde luego, la envidia de otros, (de la buena Y de la mala) quienes aprecian el valor cultural de su amplio repertorio de piezas que van desde cuentas muy pequeñas de collar, hasta enormes vasijas donde nuestros antepasados enterraban a sus muertos.
No faltan los metates, puntas de flecha, hachas, pipas, piezas para los hilados, ollas de barro de todo tipo, figuras hechas en piedra o barro de cientos de formas; es más, aparece una de una pareja en plena acción sexual, lo que nos da una idea de lo que para esa gente fue esta parte de la vida humana. Son siete espacios habilitados como salas de exhibición, en donde ya no cabe nada más, prácticamente ni un alfiler.
Déjenos decirle que, aun cuando el tema principal de este reportaje no es el museo, sino una expedición a su lado para conocer su trabajo no está por demás aprovechar la ocasión para detallar lo que en ellos se observa, simple y sencillamente porque se trata de la justificación de este trabajo. Y es que no sólo se trata del museo arqueológico, por la misma calle Juárez, tiene otra casa adaptada para un museo de la naturaleza.
En él, para empezar, sus paredes con pinturas de paisajes sinaloenses hacen resaltar lo que en sus espacios hay. El puente Hidalgo, con una vieja araña (carretas de transporte público); el Puente Negro, un paisaje de Copala, municipio de Concordia y otro más de Las Labradas, municipio de San Ignacio, donde están famosos petroglifos, fueron los elegidos por el “chino” Billetero para adornar las paredes del museo de la naturaleza.
Aquí no hay nada absolutamente de piezas arqueológicas, sino obras de la propia naturaleza, a las que el bueno ojo de nuestro personaje no pasó inadvertido, por sus formas y colores caprichosos, que son, efectivamente, una recreación para la vista.
Cuidadosamente lavadas, tanto piedras, como troncos, tienen una mano de barniz transparente para mejorar su aspecto, han sido recolectadas durante muchos años. También adornar ambos museos aves disecadas y viejas armas como espadas y fusiles antigüos.
El ingenio y la creatividad del “chino” Billetero, no para ahí.
Al fondo en el patio, nos sorprendió al mostrarnos viejos muebles de puro fierro donde se montaban las máquinas de coser, pintadas de verde, habilitadas como mesas y a su alrededor, un buen número de sillas echas con troncos de corazón de mora.
“Levante uno”, nos dijo con una maliciosa sonrisa. Y sí, lo intentamos, pero tras un esfuerzo, casi hasta el límite de nuestras fuerzas, apenas logramos levantarlo unos centímetros del piso.
“Todo esto está especial para las fiestas”, dijo y lo puso a nuestras ordenes, tal vez más por cortesía que otra cosa, porque ya nos viéramos ahí en una fiesta, ocupados en que nadie cause algún acto de rapiña en el museo o de vandalismo en sus improvisados muebles.
“Estos museos y mis animales son mis hijos, son mi vida”, dijo orgulloso el “chino” Billetero, quien para nada voltea cuando escucha su verdadero nombre José Manuel……. Él es el “chino” Billetero y así lo pregona para todo y en todo. Así lo demuestra en sus tarjetas de presentación y en sus propiedades, entre ellos los varios viejos vehículos, de los cuales le hablaremos en el segundo artículo.
Nacido hace 69 años en un poblado llamado La Puerta de la Canoa, municipio de Mazatlán, desde muy pequeña edad, se vino a Culiacán, de tal manera que es culiacanense por adopción, pero por su trajinar por buena parte de la entidad, considera que es de todas partes, aunque con especial cariño por la capital del estado.
Ha invitado a muchos presidentes municipales y gobernadores a conocer los museos, pero hasta ahora nadie se ha parado por ahí.
Bueno, Antonio Toledo Corro, sí, pero cuando ya no era el primer mandatario del estado. Otro gobernador con el que tuvo oportunidad de platicar fue con Alfonso G. Calderón, quien, en respuesta, a una petición del “chino”, le ofreció un safari para sus aventuras, a lo que este le respondió que no servía para cruzar arroyos y subir cerros, por lo que le solicitó una de las hoy llamadas Broncos o Cherokes. Por respuesta obtuvo de Calderón un: “te fuiste muy arriba”, quedando finalmente en nada el apoyo.
Otra anécdota del “chino” Billetero, fue su encuentro con José López Portillo, que consta en una fotografía aparecida en el periódico Excelsior de 1969, en la cual se aprecia cuando le entrega una colección de mariposas disecadas. Fue un acto por los del “Día del Billetero”, que, por cierto, ya quedó en el olvido.
A su edad, por sus actividades y por el contacto con todo tipo de personas, nuestro personaje tiene mil y una anécdotas que contar, por lo que se requeriría de un capítulo especial, narrar por lo menos las más sobresalientes y, además, como lo apuntamos al principio, el motivo de este reportaje, el más importante, es el trabajo de campo que realiza para su tarea de recolección de piedras, troncos y piezas arqueológicas.
Todo esto, ante la amenaza de las autoridades federales de hasta enviarlo a prisión, de continuar con la recolección de piezas arqueológicas.
Nuestra propuesta fue ir con el y su equipo de excursión para dar testimonio de su “grave pecado”, de cual o cuales son sus técnicas para recolectar y en general para vivir la experiencia que, durante más de seis décadas, han llevado al “chino” Billetero a poseer una maravillosa colección sin caer en la tentación de vender furtivamente pieza alguna.
La cita quedó debidamente pactada. Saldríamos de excursión un domingo a las 8 de la mañana a uno de los muchos sitios conocido por él y su fiel equipo. Pero que cree usted: una noche antes, en plena tarea de preparar nuestro “equipo”, recibimos una llamada desalentadora: el “chino” Billetero, por conducto de otra persona, nos estaba cancelando la excursión.
¿La causa o causas? Bueno, lo mejor será que no pierda esta sintonía, porque mañana le platicaremos sobre esto, la nueva contraorden y finalmente la narración de esta aventura, que resultó para nosotros enriquecedora y de la cual lo más que podemos hacer es esto: transmitirla a nuestros lectores. ¡Ah! Va en especial también para el chat de los futbolistas




