DELINCUENCIA ORGANIZADA, AZOTE DE EL ROSARIO


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Es común escuchar y leer en notas periodísticas la información oficial de que la estadística delictiva disminuye y que la tranquilidad ciudadana es una realidad.

Lunes 5 de diciembre de 2022.

El discurso gubernamental está muy lejos todavía de la realidad a la que aspiramos los ciudadanos. La autoridad sigue tratando de engañar al pueblo que es el que sufre de manera directa la presión delincuencial ya sea con su presencia o con sus modos amenazantes para que guarden silencio y no les calienten los terrenos que controlan.

El Municipio de El Rosario, vive una realidad diferente a los alagüeños informes de las autoridades del Estado, porque no es cierto que la delincuencia se ha ido y el vivo ejemplo se vive cotidianamente a esa tierra sureña que también es Sinaloa.

Hay temor real, no es un comentario vacío. La delincuencia está aposentada en ese Real de Minas. Los caminos rurales están tomados por los subordinados del narco. Las autoridades y la sociedad misma no se atreven, unos. a intervenir y otros, por temor a ser dañados por las represalias que sufrirían por atreverse a denunciar.

¿La autoridad prefiere tener ciudadanos amordazados por la amenaza del narco que intervenir para erradicar esa amenaza y castigar esas expresiones del delito? En esta ocasión, no hablamos de delitos ni tampoco si la estadística crece o disminuye.

El delito atemoriza, porque nadie quiere verse envuelto en situaciones de terror. Pero también causa una enorme zozobra tener que compartir espacios con personas que se sabe son miembros de la delincuencia organizada y que la autoridad solapa su presencia.

Habría que preguntarse si esos hechos no son un tema de inseguridad. Que el trabajador o productor del campo no puedan trasladarse a sus parcelas porque los caminos de acceso a las mismas, han sido tomados como descargas de aguas pestilentes destruyendo esos caminos necesarios para ir y venir a sus parcelas o para movilizar el ganado que les permite honestamente ganarse la vida.

¿Esa es la seguridad que se pregona? Que el silencio de la gente calle la denunciar porque está presente la amenaza que representan esos grupos delictivos y que las autoridades los consientan?

Es tan simple señores del gobierno, llegar a esos puntos que causan malestar social, porque solo es cuestión de que los patrullajes de la policía estatal o de la Guardia Nacional lo hagan por esos caminos y se den cuenta de inmediato de la realidad que prevalece en esa inconformidad social.

Gente armada en vehículos que a todas luces se delatan, y que causan esos daños a los caminos mencionados, pasan por las narices de la Guardia Nacional por la carretera libre de ese sureño Municipio, disimulando que no los ven.

¿Habrá quien se atreva a poner en orden a las arbitrariedades que se cometen en perjuicio de los pobladores de dicho Municipio? Quizás las fuerzas estatales no sean suficientes para recorrer los caminos no solo de El Rosario sino de todo el Estado y demostrar que hay autoridad para poner orden y hacer que la legalidad prevalezca ante la arbitrariedad de unos cuantos.

No esperen la denuncia formal de los afectados porque prefieren seguir comiendo frijoles y queso fresco con tortillas de comal, que llevarlos a una fría tumba del panteón municipal. El productor del campo prefiere hacer rodeos demasiado largos por seguridad para poder llegar a sus parcelas.

¿Quién tendrá la razón de lo que ocurre en el Estado? La autoridad que se niega reconocer la inseguridad o la sociedad que padece la amenaza del arma homicida que le apunta?

¿Usted qué opina?

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