Hay que reconocer la responsabilidad con la que se condujo el Gobernador Rocha Moya al suspender los festejos preparados para este quince de septiembre.
15 de septiembre de 2025.
Seguro que no debió ser fácil tomar una decisión de esa dimensión cuando las notas oficiales afirmaban que sí tendría lugar el festejo patrio y el grito vitoreando a nuestros próceres patrios por la noche como ha sido la tradición hacerlo desde el balcón de Palacio de Gobierno.

Un año más en que los sinaloenses seguiremos esperando que las amenazas delincuenciales dejen de seguir imponiendo sus condiciones obligando a que la población siga recluida en sus casas o al menos realizando algunas de las actividades aun a costa de sufrir afectaciones por esa ola criminal que no ha podido ser abatida.
La fuerza militar destinada desde bastante tiempo a Sinaloa, ha sido fallida por lo que se ve. El Gobernador, como autoridad política mayor debe sentir que la reacción policial ya debió rendir frutos y con creces porque es demasiado el número de elementos que patrullan a todas horas y diariamente por las calles, colonias y caminos sin que hayan podido mermar la capacidad de daño de una delincuencia inhumana y feroz que no le importa causar víctimas inocentes como la ocurrida en la sindicatura de Altata en Navolato, y muchas otras en Sinaloa.
El Gobernador, tiene toda la autoridad para golpear la mesa de la Zona Militar en donde se reúnen todas las mañanas a dialogar, revisar lo ocurrido en las horas previas y redefinir las acciones que deben ser implementadas, aunque las adoptadas hasta hoy, hayan sido totalmente decepcionantes.

Los hechos violentos se han intensificado en estos días, lo que significa que la estrategia de ataque a la inseguridad no ha respondido, lo cierto es que este señalamiento ha sido reiteradamente señalado, incluso desde el gobierno, pero quien tiene a su cargo la dirección estratégica o no quiere escuchar que está mal o neciamente quiere seguir fastidiando al ciudadano con esos filtros que se instalan en lugares y horas que más irritan a la población.
Quienes los ordenan, saben perfectamente que son totalmente inofensivos para una delincuencia que utiliza mejores sistemas de información que las propias autoridades. Naturalmente que los civiles armados y generadores de la violencia que se vive, no pasarán por esos lugares.
Bien saben que cuando pierden penosamente el tiempo con esas patrañas operativas, cerca de esos lugares a manera de provocación son levantadas personas, asesinadas otras, tiroteados algunas viviendas o negocios y despojando vehículos a placer.

Podría pensarse que esos filtros los instalan para darles un poco de descanso a los soldados porque en redes sociales se difunden continuamente imágenes del excesivo agotamiento de los soldados a quienes de seguro los obligan a trabajar más del tiempo que se requiere para mantener viva la atención y debidamente descansados.
Las jornadas laborales también son muy conocidas por lo extenuantes y excesivas a que son sometidos los soldados. La disciplina castrense no debe confundirse con la irracionalidad de exponer al soldado a sufrir las consecuencias de su lealtad a la función, pagándolo con su propia vida.
El cansancio agotador distrae y disminuye su capacidad de maniobra y hace que la reacción para repeler un ataque sea torpe y letal. Eso no importa a los mandos superiores del ejército que giran sus órdenes desde sus cómodas oficinas y la tasa de café en la mano.
Resultados obligados los que deben darse ya. Señor Gobernador, usted tiene el poder y la autoridad para exigir que ya basta. La paz que se demanda debe ser atendida a la brevedad. No más suspensiones patrias por culpa de una delincuencia que debe ser desterrada.
¿Usted qué opina?






