Las campanas navideñas ya se dejan escuchar. Las familias se preparan para compartir esos momentos de felicidad cristiana.
22 de diciembre de 2025.
Los enemigos de la paz siguen menospreciando la tranquilidad de los demás. Siguen circulando por la geografía estatal las caravanas de empistolados que se resisten a abandonar esa guerra que en nada abona a la seguridad ciudadana. Le siguen apostando al terror para demostrar ese odio del que solo sus mentes enfermas son capaces de abrigar.

La venganza sigue anidada en sus corazones. No hay forma para hacer que depongan esa actitud belicosa. Hacer el mal es la consigna fantasmagórica que se ha aferrado en esa torva mentalidad de la que han sido presa en esa lucha cruel como inhumana.
Las fuerzas de seguridad del gobierno, han desplegado toda una estrategia para abatir esas manifestaciones demoniacas. La tarea no ha sido ni será nada fácil. Los ejércitos del bien se sacrifican porque en cada momento están expuestos a las celadas de los que no dan la cara para atacar.
Para esos gavilleros, no hay música celestial de esa que invade nuestro entorno y que les llega no solo a los niños sino también a los adultos para recordar que, a solo unas horas, tendrá lugar la celebración de un acontecimiento tradicional de cada año. El 24 de diciembre, día de la navidad.
¿Esos agentes de violencia, también son personas, algunos, de seguro, serán padres de familia, pero sus mentes criminales les permitirá pensar deponer la violencia para compartir esos momentos de solidaridad cristiana?

La naturaleza de las mentes criminales parece que no dan para pensar así, el odio es lo que los identifica en esta lucha que difícilmente ganarán. Los intereses que dicen proteger son más fuertes que las ganas de vivir. El uso de las armas parece que son su única protección.
Muchas vidas se siguen sacrificando diariamente. Luto y lágrimas identifican hogares con familias violentadas. Jóvenes siguen siendo objeto de desapariciones. Sus padres incapaces para evitar esos males.
Que la música de los ángeles llegue a esas mentes enfermas y los haga reaccionar en bien de los demás. La navidad es el momento para llamar a la reflexión y sanar esos males que mucho daño le hacen al corazón.

Que esas notas infernales que se escuchan por doquier, callen en esta navidad y se escuchen los himnos del Señor. Que las diferencias se concilien y que la paz sea con todos nosotros.
Sigamos orando para que las familias sinaloenses disfruten de esos momentos gratos que nos trae la navidad. Fortaleza para todos y que el dolor de la violencia se aleje o cuando menos se aminore en estas fechas.
Que la paz ilumine a todos los hogares sinaloenses. Aunque parezca contradictorio, la navidad que sea un escape a la realidad.
¿Usted qué opina?






